Empleados del IEEPO protegían sus computadoras con cadenas

Un chofer recogía todos los días de sus escuelas a los hijos de los miembros del sindicato.
Usaban candados, lazos y hasta cinta canela.
Usaban candados, lazos y hasta cinta canela. (Especial)

Oaxaca

Los excesos y privilegios que gozaban los trabajadores del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (Ieepo) y que pertenecen a la sección 22 de la CNTE también fueron determinantes en la transformación de este organismo.

Los abusos de los sindicalizados en el edificio central llegaron a tal punto que el inmobiliario de las oficinas, como computadoras, ventiladores, sillas y mesas era robado, por lo que sus propios compañeros de trabajo y que no formaban parte del movimiento magisterial tomaron la decisión de usar cadenas, lazos y hasta cinta canela para evitar que continuaran estas prácticas.

Sin embargo, de acuerdo con autoridades, trabajadores y ex empleados del órgano educativo estatal, esta situación era el menor de los males, pues los integrantes del movimiento magisterial poseían tal poder que un grupo reducido podía suspender las actividades de todas las áreas.

"Ya no era válido que tres, cinco, 10 personas, de pronto, hasta hace un mes, tomasen el edificio principal encerrando a más de mil 400 personas; se suspendían los servicios y se generaban una serie de consecuencias", explicó Moisés Robles, director general del Ieepo.

Pero el alcance de los aproximadamente mil 200 empleados del sindicato disidente en Oaxaca que trabajan en el edificio principal del órgano educativo era mayor, al grado de que podían remover a personal del que no estuviera de acuerdo con su nombramiento.

"Si nos les parecía su jefe inmediato —que se trataba de personal de confianza—, porque quería poner orden, pedían su salida: cerraban su oficina, cubrían su turno, pero bloqueando.

"Si no tenían respuesta pedían el apoyo a las áreas vecinas haciendo más grande la toma y así lograban la salidas del trabajador. Un departamento estuvo tomado nueve meses", relató Jesús Venegas, ex trabajador del Ieepo.

En todas las áreas había personal de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), y en cada una se encontraba un representante sindical; no obstante, existían áreas clave como Atención al Público, donde ejercían presión directa a la dirección general, por lo que la respuesta era inmediata.

Venegas recordó que al ingresar al instituto, los trabajadores sindicales le explicaron que para poder tener todos sus beneficios, como vacaciones o vales de despensa, se tenía que incorporar a la sección 22.

"Pero para hacerlo teníamos que inscribirnos en una lista de espera, en la que éramos la punta de lanza, es decir, teníamos que participar todo un año en todas las actividades sindicales, además teníamos que cubrir los horarios y actividades más difíciles y que ellos no querían: en la noche, los bloqueos y, principalmente, secuestrar los camiones y los camiones repartidores.

"Era la labor más pesada que se tenía que hacer dentro de las actividades y se tenía que cumplir con el ciento por ciento y todavía te sometían en la asamblea, tu nombre lo votaban para ver si te recibían o no", relató.

Otro beneficio sindical que gozaban trabajadores de la CNTE en el órgano educativo era la transportación, la cual contaba con cuatro rutas de las principales zonas de la capital y que a las 8 horas arribaban en siete autobuses al instituto y salían de regreso a la hora de salida, a las 15 horas.

De igual forma, los empleados sindicalizados contaban con una atención especial a mediodía para que un chofer recogiera a los hijos de éstos de sus respectivos planteles escolares y traerlos al edificio central del Ieepo.

De acuerdo con autoridades del órgano educativo en la entidad, estos "vicios" eran consecuencia de la sobrepoblación de trabajadores que laboraban en las instalaciones centrales.

"Prácticas como encadenar los muebles, cuidarlos de manera extrema, y otros vicios que se generaron, se derivaron de tanta gente dentro del edificio central.