Suicidio en Yucatán: Del ‘rumor’ al dato duro

La Secretaría de Salud estatal considera infundado el supuesto aumento de personas que se quitan la vida, pues en 15 años la media se mantuvo estable.
Algunas de las sobrevivientes contaron su experiencia.
Algunas de las sobrevivientes contaron su experiencia. (Ariana Pérez)

Yucatán

La tranquilidad con que se vive en Yucatán se ha visto opacada con un tema que para muchos es tabú, genera estigma y no es fácil de tratar, mientras que para otros representa un problema de salud pública: el suicidio.

Esta situación ha propiciado que la sociedad civil y el Hospital Psiquiátrico del estado pusieran en marcha programas para prevenir y atender este fenómeno, como Salvemos una Vida y el Programa de Investigación y Atención al Suicidio (PIAS), respectivamente. La Secretaría de Salud también tiene en función un Programa de Salud Mental Comunitaria.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de 2000 a 2014, la tasa de suicidios en México se elevó de 3.5 a 5.2 por cada 100 mil habitantes.

Yucatán forma parte del área maya donde el número de suicidios es mayor que la media nacional, pues en 2015 su tasa era de nueve.

En 2014, la tasa en territorio yucateco era de 8.4, año en que el problema se concentró más en Campeche (10.2), lo mismo que en Quintana Roo (7.5), Tabasco (6.9) y Chiapas (6.3).

Hasta la primera quincena de octubre del presente año, en Yucatán 188 personas se quitaron la vida, en tanto que el año pasado lo hicieron 190. La mayor parte de las víctimas tenía entre 18 y 38 años. Los municipios con mayor incidencia son Mérida, Kanasín, Progreso, Valladolid y Tizimín.

Cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que, en 2012, 804 mil personas se suicidaron, colocándose como la décimo quinta causa de muerte en el mundo; la cifra representó una pequeña reducción respecto a 2000, cuando se documentaron 883 mil suicidios.

RUMOR URBANO

El psiquiatra Manuel José Ruiz Mendoza, subdirector de Salud Mental de Yucatán, rechazó que el tema del suicidio en la entidad sea cada vez más grave, versión que calificó de “rumor urbano”.

“Las cifras de suicidio en Yucatán, en los últimos 15 años, han sido similares, no es que haya habido un empeoramiento, inclusive podemos decir, por ejemplo, en 2013 la tasa era de ocho y casi es lo mismo en esta época… las cifras continúan en el mismo rango, estamos viendo que a pesar del aumento de la población (que huye de otras entidades hacia esta zona) las cifras siguen iguales”, dijo en entrevista con MILENIO.

Ruiz Mendoza comentó que la tasa anual de suicidios en el estado, por cada 100 mil habitantes es la siguiente: 2003 (8.9), 2004 (7.8), 2005 (7.3), 2006 (8), 2007 (6.9), 2008 (7.5), 2009 (11.1), 2010 (9.2), 2011 (8.2), 2012 (7.1), 2013 (7.4), 2014 (8.2) y en 2015 (9).

“No es que haya habido ese empeoramiento dramático que a veces se comenta, sino que ha estado dentro de la franja de la cual hablábamos, a pesar de que en el estado estamos teniendo mucha afluencia de gente del país y del exterior que viene a vivir”.

En Yucatán se ha puesto en marcha el Programa de Salud Mental Comunitaria para identificar cuando una persona presenta una sintomatología y reciba atención especializada de psicólogos de manera inmediata.

Asimismo, las escuelas se encargan de alertar a las autoridades cuando detectan un problema entre sus alumnos; también se da apoyo a las familias, cuyos parientes se quitan  la vida.

El principal factor que detona el suicidio —según expedientes clínicos de la entidad— son la depresión, trastornos de angustia, problemas de pánico, trastornos con síntomas esquizofreniformes y trastorno bipolar, entre otros, aunque también puede tener su origen en adicciones.

Al respecto, la psicóloga Mayra Gisela Gutiérrez Romo, responsable del Centro de Atención Primaria en Adicciones (Capa), reconoció que aún falta mucha promoción para dar a conocer que Yucatán cuenta con centros especializados para atender cualquier tipo de padecimientos enfocados a salud mental y adicciones.

“Las posibilidades (para atender a la población) existen, hace falta esta parte de difundir que se cuenta con las instalaciones para atender problemas de ansiedad, de conflictos familiares, que los pueden llevar a conductas suicidas”, señaló.

PROGRAMA LOCAL

El doctor Gaspar Baquedano López, coordinador de PIAS del Hospital Psiquiátrico de Yucatán, comentó que el problema del suicidio en la entidad es delicado porque está por encima de la media nacional.

Indicó que las personas que hablan de suicidio son canalizadas al protocolo de PIAS; este programa consta de tres ejes: atención y servicio de psicoterapia y farmacoterapia; capacitación en clubes de servicio, escuelas y preparatorias; e investigación antropológica de cuál es la situación del suicidio en el área maya.

“La parte no tan afortunada (es que el programa) está en un hospital psiquiátrico; culturalmente hay un estigma, una barrera, de lo que sucede en los hospitales”. Declaró que todos los seres humanos tenemos dos angustias fundamentales: el miedo a morir y el miedo a enloquecer. Puntualizó que no todas las personas que tienen un problema psiquiátrico tienen que ver con suicidio necesariamente.

Para Baquedano, el suicidio no es un tema de salud pública, aunque la OMS considera lo contrario.

—¿Por qué las personas en Yucatán se quitan la vida?

—Las cosas más frecuentes que escuchamos de las personas que han intentado quitarse la vida son: quiero descansar, quiero dejar de sufrir, quiero sentirme libre; son una serie de cuestiones que son características de una persona viva.

Destacó que a diferencia de lo que ocurre en otras regiones del país, donde las personas manifiestan su enojo en la calle y termina en agresiones u homicidios, con los yucatecos mayas es lo contrario, pues manifiestan la agresión hacia sí mismos.

“Somos un estado muy tranquilo por fuera, pero somos una entidad muy violenta por dentro, comenzando con el suicidio, abuso sexual, maltrato a mujeres, maltrato a niños, es muy alto (el índice)”.

La presencia del suicidio en la cultura maya es histórica, ya que era visto como una cuestión necesaria y honorable en algunos casos, y tenían una deidad llamada Ixtab, una mujer que se representaba colgada con una cuerda en un travesaño; sin embargo, no se puede atribuir a eso el fenómeno que actualmente se presenta.

FALTA PRESUPUESTO

El médico psiquiatra Arsenio Rosado Franco, quien fue director del Consejo Mexicano de Psiquiatría a escala nacional y ex director del Hospital Psiquiátrico de Yucatán, dijo que desafortunadamente no existe un presupuesto estatal y federal para atender el tema del suicidio.

“Se requiere un presupuesto predeterminado para trabajar en prevención del suicidio; lo que se puede prevenir es el intento y todo lo que conllevan los trastornos mentales y de comportamiento que son los disparadores o la base con la que una persona llega a tener esa idea de desesperanza y ese intento suicida”.

Insistió que no hay campañas serias en Yucatán, como ocurre para prevenir el tema del dengue, zika o chikungunya, la diabetes o embarazo de adolescentes.

“Nunca nadie habla de prevención de la depresión o trastornos de ansiedad; la prevalencia de enfermedades mentales en México es muy alta: una de cada tres personas va a tener un trastorno mental a lo largo de su vida; la depresión tiene una prevalencia mayor de 9 por ciento, es mayor que la diabetes mellitus, que es de 8 por ciento; los trastornos de ansiedad a nivel nacional rondan 14 por ciento”, enfatizó.

Rosado aseguró que tampoco existe un seguimiento a las personas que han intentado dejar de vivir; las organizaciones civiles, como Salvemos una Vida, apuntó, son altruistas y no cuentan con un presupuesto y hacen lo que pueden, son personas que están capacitados para atender el tema.

REGALOS DE VIDA

Raquel Morales, es una voluntaria de PIAS que se dedica a motivar otras personas; es una instructora de fitness que logró quitarse de la mente la idea de dejar de vivir; en 2008, entró en una depresión aguda tras el rompimiento con su pareja y las deudas que ésta le dejó, situación que la motivó a arrojarse a un vehículo; como no logró su cometido, pensó en ahorcarse. “Fueron dos años completitos que estuve lidiando con eso”, recordó.

Hoy está orgullosa de haber superado su problema y no le apena contar su historia, porque afirmó que es necesario que todas las personas aprendan a quererse y que cuenten con un nuevo “regalo de vida”.

“Siento que esto es un problema muy grave que se está dando en niños, en adolescentes y yo siento que si pongo un granito de arena puede salvarse mucha gente; la depresión existe y cada vez es más común”, manifestó Raquel.

Por su parte, Ana González, es usuaria de PIAS; a finales de 2013, murió su pareja y sus tres negocios de constructoras comenzaron a venirse abajo; también se sintió frustrada cuando se “estancó” en su maestría de administración.

Su situación la llevó a trabajar como empleada de mostrador en una tienda de materiales de tubería; ahí conoció a su última pareja, con la que se casó a los cuatro meses de haberlo conocido; con el paso del tiempo fue víctima de maltrato físico y psicológico. Su marido era alcohólico y trató de suicidarse. Al final, él superó su problema.

Con el paso del tiempo y con una hija de él, Ana se quedó sola; un día atentó contra su vida y la de su bebé “para que (la recién nacida) no viviera lo que ella estaba viviendo con su papá”; lo intentó dos veces.  Ahora en PIAS se siente que forma parte de una familia y ha logrado recuperar la confianza.

Miriam Belén C. también es usuaria de PIAS; sufre depresión desde los 17 años y padece de falta de serotonina (sustancia que está presente en las neuronas y realiza funciones de neurotransmisor). Ella quiso ahorcarse, pero el cinturón que usó se rompió en el último momento; tuvo otros intentos de suicidio, particularmente cuando entró en una nueva depresión, momento en que tenía problemas en su matrimonio.

Comenzó a ir a terapias particulares, pero el alto precio de éstas la llevó a buscar ayuda en el Hospital Psiquiátrico de Yucatán, donde fue canalizada a PIAS hace cuatro años.

“Como dicen mis compañeras (Raquel y Ana), los regalos de vida que te dan los compañeros (en PIAS) es pensar en mí; que no está bien el suicidio y tratar de cambiar mi vida; a mí lo que me preocupaba mucho es estar en depresión”, expresó.

Señaló que quedarse callado en el tema de suicidio no ayuda en nada, pese a que la sociedad a veces los “señala y juzga”, porque los tachan de locos. “Sí se debe hablar (del tema), porque hay mucha gente (con problemas) en el estado, junto con Campeche”, lo que los ha colocado en primer lugar de suicidios; “(hay que) hablar de esto, que no se haga un tabú, que se sepa dónde hay que acudir”.



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