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Jueves , 21.06.2018 / 00:22 Hoy

"Somos pobres pero no tenemos hambre"

En el ejido La Colonia, al extremo poniente de Torreón, ocho familias sobreviven de la producción de ixtle proveniente de la Lechuguilla, la cual recolectan de los áridos montes.

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Christian Sánchez

Ocho familias al extremo poniente de Torreón, encontraron una forma de vivir de las riquezas que les da el desierto, producen ixtle de las plantas denominadas Lechuguillas.

Julio y Abel Martínez, padre e hijo, son habitantes del ejido La Colonia, una de las comunidades con alta marginación en Coahuila que están bajo la lupa del Plan 59.

En este lugar habitan sólo 8 familias, quienes tienen ganados pequeños de vacas, cerdos y cabras. Habitan casas de adobe pero que por fuera han sido poco a poco remodeladas.[OBJECT]

Estas familias por más de ocho décadas han sido ejemplo de cómo sobrevivir sin quedarse con los brazos cruzados. "De pequeños, mis padres salían, pero regresaban con aguamiel, ixtle, conejos, somos pobres, pero sin hambre", señaló Julio.

Con el uso de una daga, una cuchilla incrustada en un palo, un motor conectado con cables pelones, estos hombres obtienen de las riquezas del desierto un modo de vivir.

La lechuguilla es una planta con forma caprichosa y afiladas puntas, de la que estas familias se sostienen, de ella sale el Ixtle, una materia prima que es utilizada para hacer estropajos, adornar prendas de ropa y resistentes cuerdas.

"Se paga en 15 pesos el kilo, tenemos que iniciar la jornada desde temprano", señaló Abel, quien es la tercera generación de una familia que realiza este producto.

La planta es buscada en el monte, entre cerros, cuestas y bajo los agobiantes rayos del sol, el peligro es constante, la víbora "chirrionera", mejor conocida como de cascabel, además de las tarántulas están por todos lados, pero además de esto, los instrumentos rudimentarios representan otro peligro, como las lesiones que causan heridas hasta los huesos.[OBJECT]

15 pesos por kilo, equivalen a más de 12 plantas que deben ser cortadas y procesadas a mano, esa cantidad para Abel y su familia es más que suficiente para comer.

La comunidad ha cambiado en 12 meses, según sus habitantes. Para lograr un mejor desarrollo hace falta un buen camino, ya que para llegar a este sitio es necesario atravesar 15 minutos de terracería.

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