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Lunes , 23.07.2018 / 11:15 Hoy

Solidaridad es la palabra entre jóvenes

Los chavos del Cobao gritan y botean para convocar a la gente de Ixtepec a solidarizarse con sus paisanos de comunidades vecinas, como Ixtaltepec.

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Milenio Digital

Sería un gran chiste si no hubiera de por medio una tragedia. En el parque “Lic. José Murat”, inaugurado en 2001 por… el lic José Murat, la solidaridad se desborda: es juvenil, es ciudadana, es espontánea. Rebosa entusiasmo.

Pero los chavos del Colegio de Bachilleres del Estado de Oaxaca (Cobao) prefieren llamarle parque Garibaldi al lugar bautizado con el nombre del Murat mayor. Y ahí montaron un par de mesas donde, a ritmo de reguetón —pero de reguetón lento, ese que no se baila hace tiempo— gritan, botean y echan relajo para convocar a la gente de Ixtepec a solidarizarse con sus paisanos de comunidades vecinas, aún más golpeados por el sismo de magnitud 8.2 del jueves pasado.

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Obtienen unas monedas, alimentos, medicinas, agua. Esmeralda, Jorge, Reyna, Isabel, Erick, Prusia y Samantha se arrebatan la palabra para explicar que son alumnos de la materia Higiene y Salud comunitaria, y que desde antes se reunían para recoger botellas de plástico para llevarlas a reciclar. Nada más aprovecharon su amistad y cercanía para reorientar su vocación de ayuda.


Pero exactamente enfrente de ellos otra joven se desgañita pidiendo a través de un micrófono que la gente lleve bolillos y jamón para preparar tortas, porque “hay muchos niños que no han comido”. Son amigos y vecinos que se organizaron originalmente para recolectar medicinas para el siempre carente Hospital General de Ciudad Ixtepec (mejor conocido como El 30 Camas). El temblor los agarró de sorpresa y reorientaron su misión: llevar alimentos preparados a los damnificados de Ixtaltepec “que se quedaron casi sin nada”. Una señora elegante baja de un automóvil y les entrega un paquete de agua embotellada. Les ha ido muy bien, presumen, y calculan llevar en un par de horas comida y bebida a sus vecinos de Ixtaltepec, “allá donde los medios no se han parado y está más fregado que Juchitán”.

Tanto insisten en quejarse de lo mismo, que cronista y camarógrafo agarran camino hacia Ixtaltepec, a unos 30 minutos de Juchitán. Y efectivamente, la visión es desgarradora: prácticamente no queda casa cuarteada o derrumbada en las secciones dos, tres y cuatro del municipio. Se ve que eran casas recientes, amplias, de una sola planta muy típica de la región istmeña. Aun así, se vinieron abajo.

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Pero ahí, incluso, brota la generosidad. Una cuadrilla de jóvenes, amigos “del barrio o de la escuela” pasa preguntando qué se necesita y enseguida empiezan a levantar escombros o a sacar muebles de las casas derruidas.

Otra estampa solidaria: las camionetas que llevan agua y comida recién preparada a la gente que espera afuera de sus viviendas que algo ocurra, que todo sea un mal sueño. Las penas con pan son buenas, pero con un taco quién sabe si mejoren... aunque momentáneamente alivien la desazón.

Solidaridad también fluye en el Instituto Tecnológico del Itsmo, cuartel improvisado de las fuerzas armadas y policiacas federales. La gente llega intermitente y sale con una colchoneta, un lunch o un rollo de papel de baño. Así están las necesidades.

Las réplicas del temblor mayor continúan. Y hay microsismos independientes. Pero esta vez hay una población que tiende su mano al de al lado. Solidaridad es la palabra.

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