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Viernes , 19.10.2018 / 22:00 Hoy

Sierra de Manantlán, pobreza que no se va

Si bien, las cifras de la exclusión se han reducido sustancialmente, la pobreza, el caos de la organización social y el crimen expulsan a cientos y someten a más.

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En Julio de 2002, hace poco más de quince años, el clamor por el desarrollo era muy similar al de ahora. Jesús Barreto Anguiano, presidente del ejido El Rodeo, de Tolimán, dijo, tras el informe público de los primeros tres lustros de la reserva de la biosfera Sierra de Manantlán, en Autlán: "queremos que en los ejidos se mantenga una buena educación, que los niños tengan primaria y secundaria, que estudien para no ser personas inalfabetas (sic) [...] que haya buen servicio en caminos, que haya comunicación, que se logre más de lo mucho que ya logramos con esta reserva, para salir todos adelante [...]".

Rogelia Justo Elías, una de las líderes indígenas del proceso de constitución de la reserva, tras la lucha contra los madereros, desde finales de los años sesenta, le hacía eco: "Hay muchos cambios; tenemos electrificación, hay mejores caminos que antes, hay muchas escuelas, y en salud, cuando menos tenemos los centros de salud muy bien hechos aunque no hay medicinas; el agua potable ya está entubada en muchas comunidades [...] esto lo vemos también como consecuencia de nuestra mejor organización para exigir derechos".

La evolución de las estadísticas sociales refleja esa percepción. En el conteo de población de 1995, cuando la reserva apenas cumplía ocho años de su decreto, se señalaba un analfabetismo general de 18.4 por ciento, pero ya a nivel micro, los porcentajes se iban a 41 por ciento en Ayotitlán, 46 por ciento en El Rodeo, 31 por ciento en Zenzontla y 29 por ciento en El Parotal. En 2010, por citar el caso de la mayor comunidad indígena, Ayotitlán, el analfabetismo desciende a 13.5 por ciento.


A nivel municipal, el municipio con mayor rezago histórico, Cuautitlán de García Barragán, ocupaba el lugar 547 del país y segundo en Jalisco como más marginado en el año 2000: 22.49 por ciento de analfabetismo; 54.24 por ciento de sus viviendas sin drenaje, 59.37 por ciento con piso de tierra y una pobreza de ingreso que se reflejaba en que 71.27 por ciento de sus pobladores ganaban cuando mucho, dos salarios mínimos.

En 2010, mejoró sensiblemente: 628 del país en marginación, 17.09 por ciento de analfabetas, 24.83 viviendas sin drenaje y solo 17.25 por ciento con piso de tierra. El techo de dos salarios era "solo" para 56.18 por ciento de sus moradores. No obstante, el incremento de la población, la inseguridad y la economía deprimida en la región y todo el país, demuestran que esas cifras mejores no representan sino victorias parciales, y en el mejor de los casos, una evolución positiva pero más modesta que las grandes cifras nacionales.

¿Es un fracaso para la reserva de la biosfera? En la publicación El capital natural de México, capítulo 9, se habla del tema del desarrollo social: "Las prácticas para lograr la conservación efectiva de la excepcional biodiversidad presente en los territorios terrestre y marino del país, se deben plantear mediante un modelo basado en la necesidad de proveer bienes y servicios a su creciente población. En este sentido, aquellas estrategias de conservación de la biodiversidad mexicana que no contemplen un uso sustentable de los recursos naturales por las poblaciones humanas que han habitado su territorio por décadas, siglos o milenios serán, salvo contadas excepciones, estrategias condenadas al fracaso".


Ese desafío está claramente establecido desde la formación de Manantlán, en 1987. "En el asunto del desarrollo de las comunidades hay dos situaciones a considerar: uno, es que el que tiene que ver con el contexto a nivel nacional en el campo; una reserva no funciona como una isla y ahí la dinámica social tiene que ver con lo que pasa en el país; lo otro tiene que ver con las políticas y acciones que se siguen en el área protegida; en la reserva la situación es similar a otras áreas montañosas del país, es la misma historia: un estancamiento de las actividades productivas, ni en la parte forestal ni en la agrícola hay una dinámica de crecimiento, porque la mayor parte de los apoyos de gobierno son destinados a las áreas con mayor potencial; entonces tenemos que mucha gente complementa su economía migrando a Estados Unidos u otras áreas del país, haciendo trabajo temporal, en la agricultura o en la construcción, una parte del año", advierte el investigador del Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad (Imecbio-UdeG), Enrique Jardel Peláez.

Es decir, la economía neoliberal imperante respalda a la agricultura comercial y deja a las áreas forestales en la marginación. Esto también detona un viejo problema: el auge de actividades ilegales "alternativas", que van desde la extracción ilegal de plantas y animales hasta la siembra y trasiego de estupefacientes. Y en el caso de Manantlán, con importantes recursos minerales y madereros, eso eleva el poder de los mineros tradicionales, sobre todo la gran empresa extractora de hierro de Peña Colorada, además de otras empresas menores, cuyos recursos económicos de "compensación" a las comunidades indígenas generan fuertes divisiones internas y hacen perder de vista el largo plazo.

"Esto contribuye también a la descomposición de la organización social, y a la incapacidad para desarrollar proyectos comunitarios; con un contexto así de desfavorable uno se pregunta cuál es la política que se sigue en las áreas protegidas, en particular las reservas de la biosfera; yo esperaría que en lo que ha sido el enfoque conceptual de la reservas se buscaran modelos alternativos de desarrollo, soportados con una serie de políticas, acciones, de parte del gobierno, promover el desarrollo de iniciativas locales, para el buen uso de los recursos naturales, pero esto ha sido presupuestalmente marginal, los proyectos que se han trabajado y han tenido logros son proyectos pequeños; hablamos de cooperativas de mujeres que hacen artesanías, del manejo de cafetales y miel, y en cuanto a empujar proyectos de aprovechamiento forestal, basados en la comunidad, el único que está operando es el del ejido Ahuacapán; el ejido El Terrero nunca despejó el proceso", añade el investigador.


Y si los recursos que aporta la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas son cada vez más raquíticos, los que ofrecen otras instancias de gobiernos, en especial la Secretaría de Agricultura y Ganadería (Sagarpa) son contradictorios con los fines de un proyecto de conservación.

"Apoyan proyectos de ganandería, de floricultura, pero que entran en conflicto con la conservación [...] creo que la Conanp ha ido abandonado paulatinamente la idea de que el éxito de las reservas depende de que en sus zonas de amortiguamiento se desarrollen actividades productivas, sustentables no sólo en términos ecológicos sino económicos y sociales, y ha pensado más en pequeños proyectos para paliar la situación de algunos grupos y comunidades, pero la mayor parte de la atención está concentrada en el enfoque convencional de protección de espacios silvestres, entonces, el tema de desarrollo social no ha tenido el peso que debiera, y en ese contexto las condiciones nacionales no se ven muy favorables, no podemos decir que la gente esté peor que antes, pero tampoco está mejor. Sí ha habido recursos que han entrado para temas importantes como el pago por servicios ambientales, pero no se han logrado consolidar proyectos productivos, que se puedan sostener por sí mismos...".

Rogelia Justo Elías sostenía cosas similares quince años atrás, en entrevista con MILENIO JALISCO: "Para muchos de nosotros fue un éxito ver una reserva decretada por el gobierno federal, porque a partir de eso toda la explotación maderera se acabó, y bueno, ya se habían formado cacicazgos fuertes; muchos tenían más dinero porque les daban los madereros, y otros no les dieron nada. Esto ocasionó muchos años división y aceleró la pobreza [...] hoy hace falta más decisión de los propios pobladores en el sentido que no esperemos que nos den, sino que nos pongamos a crear juntos fuentes de trabajo, porque hasta ahora son pocas [...] la gente que sale al campo vive algo muy difícil porque no les pagan lo que les deben pagar y es difícil que con eso puedan sustentar su familia.

- ¿Pero los bosques tendrán que aprovecharse algún día?
- Algún día sí, pero ya que esté la gente organizada y decida: sí queremos aprovechar nuestros bosques pero nosotros, no alguien que venga de fuera ni una empresa; si llegamos a las condiciones de unidad en el sentido de que todos queramos hacer una cosa sin que haya pleitos internos, que eso en vez de acomodar, descontrola la gente y se radicaliza cualquier asunto. Creo que todavía no son las condiciones.

Claves

Pobreza, organización y participación social

Creada en 1987, la reserva de la biosfera Sierra de Manantlán es desde su origen parte del programa El hombre y la biosfera de la Unesco. La pretensión de este proyecto mundial es generar modelos de desarrollo sostenible, es decir, que las comunidades humanas se integren de forma armoniosa con los ecosistemas de manera que se construya una economía con base de justicia que no altere las bases naturales

El experimento social comenzó desde antes de la creación de la dirección de la reserva. La UdeG sostuvo buena parte del esfuerzo inicial, posteriormente, en 1993 se creó la dirección, una de cuyas directrices fue ampliar la participación social. Los consejos asesores de Jalisco y Colima eran a finales de los años 90, los más amplios en todo el país

La Conanp entró como actor a partir del año 2000, ha tenido fuertes tensiones con la UdeG por el manejo del área, y su gestión de 17 años ha reducido la participación social y ha tendido a despreocuparse de lo que ocurre al otro lado del polígono protegido. De forma paralela, las comunidades se han sumergido en procesos de deterioro que obedecen factores como la creciente criminalidad y la baja viabilidad de los negocios agrícolas, ganaderos y forestales

A partir de 2007, el tema de la ingobernabilidad por el fortalecimiento de los grupos criminales colapsó muchos procesos: la minería se dividió entre la legal, pero impuesta sobre territorio indígena y una justicia agraria lenta y deficiente, y la ilegalidad: decenas de minas de corto plazo, sobre todo de hierro, afloraron y generaron más fragmentación interna en las comunidades, además de crímenes no aclarados a la fecha

Otros recursos naturales valiosos, como las maderas semipreciosas de las selvas subperenifolias, fueron saqueados por las bandas criminales y entregados para su embarque ilegal en Manzanillo, un proceso que se ha vivido en toda la costa de Jalisco y buena parte del subtrópico mexicano.

SRN

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