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Sábado , 22.09.2018 / 09:02 Hoy

Ser mujer (en la cultura) y no morir en el intento

“Me defino como una mujer sensual, femenina, empoderada...", Espín Iturbide.

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Siempre se puede salir adelante: el enemigo sólo es el miedo, pero tenemos capacidad como el hombre, pero no tiene que haber punto de comparación, ya que somos iguales, pero con diferente esencia. Cada cual tiene su fortaleza y su debilidad, afirma en entrevista la poeta, tanatóloga, terapeuta y orientadora humanista Mónica Espín Iturbe, madre de dos hijos adolescentes.

Hay una desproporcionado entre el trabajo del hombre y el de la mujer. La demanda es mucho mayor para la mujer. La lucha es para lograr esa igualdad y equidad, asegura, por su parte Magdalena “Mayo” Moreno, actriz, directora de teatro, docente y madre de dos hijas, una de 17 años y una de dos.

Por supuesto que no fue fácil ganarse el respeto de los hombres. Desde que salí de la universidad empecé a trabajar en el campo cultural, donde me he mantenido (no conozco otro) y nunca fue fácil estar en un mundo de hombres, donde nunca faltaba aquel que se quería pasar de chistoso, pero el respeto se gana día a día y con el trabajo. Y es un respeto que me he ganado, afirma Evelin Flores, directora del Museo Upaep, madre también de dos hijos.

Espín Iturbe, autora del libro “Morir para vivir” y de uno más que presentará en junio, revela: “Me defino como una mujer sensual, femenina, empoderada, sensible, creativa, determinante y amorosa. Mis hijos comprenden mi profesión, y son respetuosos de mis tiempos, y de mis espacios. Trabajo mucho en casa, además”.

Flores, por su parte asegura: “Ser mujer y trabajar es un reto permanente. Sin embargo es una fortuna ser mujer más. El hecho de poder traer familia, tener hijos, poder desenvolverse una como persona en lo que le gusta… A mí me fascina lo que hago, y lo hago con mucho amor día a día. Tengo la fortuna de tener gente hermosa a mi lado, a la cual le gusta lo que hace. Me siento una mujer afortunada en todos los campos: desde lo personal, lo familiar hasta lo laboral; soy feliz”.

“Mayo” Moreno explica: “Hemos tenido que cargar con el lastre, durante mucho tiempo de que los artistas somos parásitos (hombres y mujeres), que no somos necesarios y debemos ser expulsados de la Civitas. Yo lo he vivido. Yo misma he tenido que abnegar la actividad artística por la docencia, pero, si uno se focaliza lo suficiente, puede lograr seguir el sueño y viví de manera digna en la Civitas”.

Morir para vivir

Mónica Espín Iturbe, mujer soltera, afirma: “Creo que en esta vida nada es fácil; debemos organizarnos mis hijos y yo en familia, donde cada quien se responsabiliza entregando lo mejor de sí, y apoyando al otro”.


—¿Encuentras equidad en tu profesión respecto a hombres en materia de salario, disposición de tiempo, tiempo para dedicarle a tu profesión?

—se le pregunta y replica: “Es difícil responder esta pregunta, porque nunca he medido en tabla de valoración ese aspecto; yo, simplemente, hago mi trabajo con alma y corazón y solito rinde frutos; no pienso si es remunerado justamente, porque hay cosas a las que es imposible poner precio, sobre todo cuando trabajo desde la raíz de la emoción, ya sea como escritora, poeta o tanatóloga. Creo que en el momento que busque comparación, mi trabajo se vería devaluado: simplemente soy quien soy y no me comparo en tabulador”.

Autora de “Morir para vivir”, libro donde relata su experiencia de haber tenido cáncer de mama, explica: “Me es más fácil expresar, sensibilizar, dar terapia de acompañamiento a pacientes con cáncer de mama, en primera por ser mujer y en segunda por haberlo tenido. Creo que mi feminidad me permite tener un acercamiento más cálido en mi poesía. Ser mujer me permite sensibilizar más en las terapias”.

Egresada de la Universidad de las Américas Puebla, agrega: “Me encanta ser mujer, creo que las cosas que se dificultan tiene que ver con prejuicios e idiosincrasia que hemos permitido en conjunto: no se puede cambiar el mundo pero puedo ir cambiando yo. Creo que no necesitamos el reconocimiento de un día (el 8 de marzo de cada año); creo que necesitamos nosotras mismas reconocernos diariamente, como mujeres competitivas, valiosas y hermosas que tienen toda la capacidad para salir adelante, de expresarnos, de ser independientes, de movernos en la vida con la frente en alto”.

Plena en extensión

Tengo dos hijos y fue complicado combinar la maternidad con el trabajo fuera de casa, pero fue muy satisfactorio día a día. Era un reto. Hoy el mayor tiene 22 años y el chico 18, revela Evelin Flores, quien lleva casi un cuarto de siglo trabajando en museos en Puebla: en el Regional “Casa de Alfeñique”, en el San Pedro Museo, en el Universitario “Casa de los Muñecos” de la UAP y actualmente en el de la Upaep.


“El apoyo de mi pareja fue fundamental para ser mamá y trabajar también fuera de casa. Había días en que él los tenía que llevar a la escuela, darles de comer, porque yo tenía ocupaciones, las cuales debía cumplir. Su apoyo fue fundamental para el éxito en mi vida”.

Reflexiona: “En poco más de 20 años de trabajo en el área cultural, han cambiado muchas cosas: era difícil, como mujer estar, llegar porque, además, había gente con mucha tradición, con años en estos puestos, pero las cosas van cambiando, para fortuna nuestra y con más de 23 años trabajando en museos, me siento una profesional de ellos, una mujer plena en toda la extensión de la palabra”.

Directora, docente, madre

Magdalena “Mayo” Moreno, profesora en el Colegio de Arte Dramático en la Facultad de Artes de la UAP, afirma:
“Es muy difícil ser mamá, actriz, directora, docente; muy, muy difícil. Tengo dos hijas, una de 17 años y otra de dos, por lo cual es una locura, pero también soy una feminista aguerrida y creo que es posible; sólo hay que buscar los aliados, los procedimientos adecuados para que todo fluya. Pero yo sí pago un precio: el tiempo, a veces las ausencias, pero el medirlo con que ellas vayan, avancen” es su “recompensa”.


La obra que dirigió recientemente fue “Los hijos desamparados de Bukowski”, del portorriqueño Carlos Canales: dos artistas que, después de haber sido docentes durante muchos años deciden apostar por su labor artística y se encuentran con el conflicto entre su ideal y la realidad, cuando han pasado de los 30 años, se encuentran ante un dilema: se “regresan” o siguen intentando conseguir su ideal.

Un éxito, “con casi lleno un teatro de más de 620 asientos, en martes”, la historia también relata la existencia de una pareja adicta al alcohol. O viven en la ilusión o en la realidad: “Y eso tenemos que decidirlo constantemente no sólo las mujeres, sino también y los hombres y, en especial, los artistas”.

Agrega: Siempre los artistas tenemos que estar generando consciencia, despertar la necesidad de acercarse a la cultura y el arte. Y, en mi caso, el teatro nos muestra el mundo no como es sino como debería ser”.

Las mujeres suelen pasar mayores apuros económicos que los hombres. “Mayo” Moreno revela: “En la UAP, estamos empezando a cobrar los espectáculos, porque es necesario que el espectador se acostumbre a pagar por ellos, porque no estamos haciendo algo que sea ‘malo’, y ejercemos una profesión como todas. Es lo más digno y justo. Así dignificamos el trabajo artístico y nos dignificamos a nosotros mismos, hombres y mujeres”.


ARP

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