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Lunes , 22.10.2018 / 09:59 Hoy

Reina de la tercera edad disfruta a su primera chozna

Esperanza Gutiérrez Aguilera es la cabeza de cinco generaciones y más de un centenar de descendientes directos que ven a una ejemplar adulta mayor.

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Fue la primera reina de la tercera edad que se coronó en Jalisco. De eso hace ya dos décadas y para entonces su trabajo, su actitud, pero sobre todo su testimonio de vida, eran ejemplo para muchos adultos mayores. Y lo sigue siendo. Esperanza Gutiérrez Aguilera cumplió 94 años de edad en diciembre pasado, festejo que culminó con la llegada de su primera chozna: Renata, quinta generación en descendencia directa.

Esperanzita –le llaman- se dice feliz de ver a la hija de su tataranieta, y estar completamente lúcida para dar fe de que es la descendiente número 126 de su matrimonio con Alfonso González: La pareja (casada en 1937 en una apurada ceremonia que narra tuvo lugar a las 7 de la mañana), procreó 14 hijos. Y a la fecha se suman 38 nietos, 62 bisnietos, 11 tataranietos... Y una chozna, quien luce coqueta un vestido blanco tejido a gancho por la misma Esperanza.

"Cuando supe que ella iba a tener bebé me dio gusto. Lo primero que hice fue darle gracias a Dios, pedirle que naciera bien y poder conocerla... todavía no sabía si era niña o niño", dice en entrevista con MILENIO Jalisco.

Cuando quedó viuda, Esperanza se dedicó varios años a cuidar a sus nietos hasta que "en el DIF descubrí todo lo que podía hacer, que nunca había hecho en mi vida, porque a los catorce años me casé, tuvimos hijos cada año y a trabajar junto con mi esposo para que tuvieran estudios, una preparación", dice.

A la par que sus coronas como Reina del Adulto Mayor en Zapopan y en Jalisco (1997), la señora Esperanza participa activamente en los talleres que el DIF municipal ofrece a la tercera edad. Lo hizo en atletismo, baile folclórico y canto coral, hasta que perdió fuerza en sus rodillas y en su voz; pero luego siguió con otros talleres, de manualidades a computación, que le sirvió para aprender a usar su celular "aunque no mando 'guasaps'".

"Fui aprendiendo mucho de otras personas", dice esta tatarabuela que aún se vale sola para muchas actividades cotidianas: "Me levanto, me hago mi café, me baño y luego dependiendo del día voy a mi grupo, al DIF... luego ya regreso a hacer de comer y en la tarde estoy en la casa, más tranquilita, veo TV... me duermo como a las once".

Esperanza reside en Zapopan desde hace 65 años. "Era un pueblito que se acababa en la Basílica... había ahí junto un balneario, El Profundo, y un cine y la dueña de todo nos rentó donde vivir", cuenta. La misma casera les financió para poder construir en terrenos que hoy son la colonia Tepeyac, pero que en 1955 no eran "más que sembradíos de maíz y frijol, desde aquí hasta Tesistán".

Pasaron pobrezas,no había luz ni agua corriente, pero mantuvo a su familia unida, alumbrando con lámparas de petróleo para jugar por las noches a la lotería o que los niños acabaran sus tareas. Ella, que estudió hasta sexto de primaria, se empeñó en que "tuvieran una carrera" y sus hijas afirman que el único enfrentamiento que tuvo Esperanzita con su esposo, fue porque las mujeres también estudiaran.

"Me costó... pero lo logré... todos tienen sus estudios, sus trabajos", afirmó la aludida, quien guarda buenos recuerdos de su marido, "un hombre muy trabajador", y de sus 46 años de matrimonio a su lado hasta que él falleció.

Esta zapopana por adopción (nació en Ciudad de México pero sus padres eran de San Miguel Cuyutlán) sigue aprendiendo y sigue enseñando. Fue catequista varias décadas y hasta 2016, fundó "Amigos por siempre", un grupo de la tercera edad de la colonia con el cual se reúne cada semana, acude a misa de doce los domingos y es reconocida como una de las usuarias más longevas en el DIF Zapopan,donde ganó muchas competencias.

Esperanza Gutiérrez ahora acude a los talleres de tejido y pintura al óleo –el único que le faltaba, dice- en el Centro Metropolitano del Adulto Mayor (Cemam) del DIF Zapopan, y ha escrito dos libros sobre su vida y su experiencia como adulta mayor activa, y colaborado en un tercero, un compendio de relatos donde ella habla de todo lo que le asombra... aunque no del asombro que siembra en quienes la escuchan hablar, animosa, sin dolor por el pasado y haciendo gala en su consejos de su nombre que se vuelve don: da esperanzas.

Esperanza Gutiérrez cierra la entrevista dejando tarea como en las charlas que da en albergues, asilos, universidades y en todo espacio donde la invitan a hablar de proyecto de vida y envejecimiento digno: "La tarea es que sean felices, sí es difícil la vida, pero de eso se trata, de ser felices".

SRN

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