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Lunes , 15.10.2018 / 11:12 Hoy

"Quien no conoce Los Ángeles, no conoce México"

Miguel Nieto, dueño del salón de baile que celebra 77 años de historia, dice que entrar al lugar es como estar en "un museo viviente, como regresar en el tiempo".

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Cualquier noche, en la pista del Salón Los Ángeles puede estar un anciano pachuco ataviado al más puro estilo Tin Tán; una pareja que baila danzón con toda sensualidad; el escritor de la novela de moda; o un joven hipster para el que el viaje al centro nocturno de la colonia Guerrero es casi un acto de culto.

Entrar al Salón Los Ángeles es viajar en el tiempo, regresar a los salones de baile de los años 30.

Las fotografías, recortes de periódicos y placas conmemorativas colgadas en las paredes son las huellas del transcurso de 77 años, cuando abrió sus puertas.

En este salón emblemático de la colonia Guerrero, en la Ciudad de México, se puede bailar de dos formas: siguiendo las reglas del baile o simplemente sintiendo la música, dice Miguel Nieto, dueño del lugar.

El hombre de 64 años cuenta que en la pista de baile lucieron sus mejores pasos Diego Rivera y Frida Kahlo, y que la actriz María Rojo dio cátedra de danzón. Por ahí pasaron el subcomandante Marcos y el escritor Carlos Fuentes, que festejó en el salón el 40 aniversario de la publicación de su novela "La Región más transparente" y su cumpleaños número 70.

A esa fiesta, recuerda Nieto, asistieron unas 300 personas, muchos de ellos intelectuales y artistas. De José Saramago a Gabriel García Márquez y Carlos Monsiváis y de Pedro Armendáriz a Demián Bichir.

"Tuvimos el gusto de documentarla (la fiesta) y tener a tres premios Nobel aquí; fue un verdadero agasajo", dice.

Nieto tomó las riendas del salón cuando tenía 22 años. Su abuelo lo había abierto en 1937, y desde entonces mucho ha cambiado, pero algo ha conservado el salón: el culto al baile, a los géneros musicales, a la música en vivo y esa pista de baile diversa y democrática.

"Es como entrar a un museo viviente, como regresar en el tiempo, es como regresar a épocas de otros tipos de conductas en donde uno no necesita ser rico ni ser guapo para ser el mejor bailarín".

Desde que tomó el control del lugar en 1972, han intentado abrirlo a otros públicos sin perder la tradición de baile: innovando para atraer a nuevas generaciones, aunque la mayoría de los clientes regulares pasan de los 50.

Miguel Nieto asegura que lo más difícil de mantener un lugar como el Salón Los Ángeles es sobrevivir en términos económicos, debido a la inversión que existe en instalaciones, en el pago a orquestas y personal. De alguna forma han logrado mantener los precios populares. "No hemos subido los precios de entrada en los últimos 10 o 15 años y tenemos una fuerte competencia de todo tipo".

Otro de los problemas que enfrenta el salón, es que el barrio en el que se encuentra es considerado peligroso: la Guerrero.

"La gente necesita cada vez más la experiencia presencial, los conciertos con grandes grupos, pero estamos inmersos en un barrio difícil, estamos también en la tarea de transformar ese barrio, una de las tareas que nos hemos propuesto es no cerrar el salón y a partir del salón transformar un barrio e iniciar la transformación de una colonia, la colonia Guerrero", cuenta.


De una bodega a un salón de baile

La fiesta de inauguración de El Salón los Ángeles empezó el 31 de julio de 1937 y terminó el 2 de agosto, día en que se festeja a Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de la iglesia que se encuentra a media cuadra del salón de baile.

El inmueble era una bodega de carbón y madera, hasta que un amigo de Miguel Nieto Alcántar -abuelo del actual administrador-, que tenía un salón, lo convenció de convertirlo en un centro nocturno.

En aquella época, el Salón Los Ángeles quedaba en la periferia de la ciudad, había un tranvía que llegaba por Santa María la redonda (ahora Eje Central), daba vuelta sobre la calle Lerdo y regresaba al Centro.

El salón tradicional se mantuvo hasta el año 1970, cuando se amplió y se le incorporaron algunos elementos modernos para la época, como las luces de centro nocturno. Ya para entonces el salón era un lugar de culto: fotografías de visitas famosas colgaban en las paredes.

"Por aquí han pasado grandes danzoneras, grandes cantantes, prácticamente el 90 por ciento de los músicos de estos géneros han pisado este salón", asegura.

Pero también proyectos más modernos y alternativos como el Instituto Mexicano del Sonido, que lleva un público más joven -y hipster-, que toma mezcal y no cubas.

Los martes y domingos siguen siendo los días con vocación del baile tradicional: danzón, salsa y cumbia, y esos no se tocan. "El público es muy celoso de sus tradiciones y no les gusta que se modifiquen", dice Nieto. Pero el resto de la semana puede haber muestras de arte, conciertos de rock y música reggae.

Para Nieto, la fórmula para que el Salón Los Ángeles continúe funcionando después de 77 años "es respetar al público y escucharlos, y escuchar esa voz interior que dice intentemos otras cosas, sin perder la vocación original. Los salones de baile para sobrevivir tienen que transformarse".


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