“Ya no queremos agua, necesitamos despensas”

La comunidad, enclavada en el corazón de lo costa, en la que habitan poco más de 170 familias, está incomunicada.
La lluvia arrasó con caminos, puentes y viviendas.
La lluvia arrasó con caminos, puentes y viviendas. (Óscar Rodríguez)

Oaxaca

En Pueblo Viejo, una agencia municipal de Santiago Jamiltepec, Oaxaca, el golpe de los fenómenos meteorológicos [i]Ingrid [/i]y [i]Manuel [/i]provocó una lluvia torrencial de cuatro días que arrasó con todo, desde un camino, un puente, un bordo hasta una decena de viviendas, además de la principales zonas agrícolas y de riego.

La localidad indígena, donde habitan poco más de 170 familias, enclavada en el corazón de la costa de Oaxaca, está incomunicada.

Los lugareños piden comida y no agua a los helicópteros del Ejército y de la Policía Federal que entregan ayuda humanitaria a través de dos puentes aéreos operados desde el aeropuerto de Puerto Escondido, y que inició desde la fase de contingencia.

Una persona ya murió luego de ser mordido por una víbora cuando intentó cruzar el río en busca de víveres, el resto de los habitantes tiene temor de seguir el mismo camino, porque en las orillas de los cauces rondan cocodrilos.

El agente municipal Timoteo Alberto habilitó su tractor para avanzar en medio del lodazal, el fango y el agua estancada; sin embargo, su maquinaria se ha averiado. Hoy la tiene en el taller mecánico, en espera de seguir operándola como medio de transporte para su pueblo.

La autoridad local exigió que se envíe maquinaria pesada para abrir un ramal que permita dragar el agua estancada y recriminó que la ayuda no fluya con rapidez.

Ayer a las 13:00 horas, un helicóptero de la Policía Federal con víveres y una comitiva gubernamental arribó al poblado, aterrizó en el campo de futbol, su llegada causó furor, expectación, gritos y llantos entre aquellos que lo perdieron todo.

Con calidez y un abrazo recibieron a los visitantes. Los efectivos de manera inmediata organizaron una cadena humana para distribuir su pesada carga.

Agua, láminas y medicinas fueron algunas de las cosas entregadas a los pobladores; sin embargo, las mujeres y los niños lo que esperaban era comida.

“Nuestros hijos se mueren de hambre y requerimos de alimentarlos con lo que sea, ya no queremos agua, queremos que lleguen despensas y harina Maseca para hacer tortillas”, solicitaron.

Aceptan que en su territorio no hay huevos, leche, ni carne, todo se lo llevó el río y no hay forma de que salgan a otras localidades por víveres.

Las historias de tragedia en la zona de desastre en Oaxaca son varias, desde la crisis de cómo cinco familias perdieron sus casas porque la corriente arrastró sus pertenencias, o simplemente el día que empezó la lluvia, cuando el pueblo estaba congregado en la explanada de la agencia municipal en un velorio, obligados todos a replegarse cuando percibieron que el agua les llegaba hasta las rodillas.