“No quedó nada, todo se destruyó”

Tras el paso de "Odila", MILENIO recorrió las calles del predio conocido como La Ballena, donde se ven pocas señales de vida y solo algunas personas mayores continúan buscando entre los escombros ...

San José del Cabo

Bajo el calor del desierto, Nora Cristina Olmos, de 41 años, encuentra su certificado de secretaria y lo atesora. Camina entre los escombros y se da cuenta de que ya nada puede salvar.

Ni la ropa, los zapatos o algún mueble. Odila lo echó a perder todo al llevarse el techo de lámina que durante cinco años protegió sus pertenencias de las inclemencias del tiempo.

“Estamos en lo que era mi cuarto”, dice en medio de un desastre de cosas y sube a la cama. “Por aquí salimos a refugiarnos en la casa del vecino. Mi esposo y mi hijo el grande arrancaron la pared y sacaron al niño primero, ya después salimos nosotras para refugiarnos en la casa del vecino”, narra.

La que fue la casa de Nora se localiza en un predio invadido conocido como La Ballena, detrás del aeropuerto de San José del Cabo, donde más de 2 mil familias resultaron afectadas, según las estimaciones de la Secretaría de Desarrollo  Agrario, Territorial y Urbano.

“Esta era mi casa, tenía dos cuartos y el baño, no queda nada. Se fue el techo, las puertas, lo poco que tenía... el ropero, la estufa, el refrigerador, los zapatos, todo”, lamenta.

Si sus viviendas ya de por si eran precarias, ahora no tienen nada, al igual que sus vecinos, la familia de don Raúl Hernández.

“Se llevó todo, destruyó todo el cuarto, todo. Estamos comiendo en el albergue, durmiendo allá y en el día venimos a recoger y limpiar lo que se pueda para empezar nuevamente”, explica Raúl.

Con lágrimas, recuerda que la noche del huracán hizo bien en resguardar a sus hijas y esposa en su vieja camioneta. La experiencia es traumática, pero fue lo mejor; lograron salvar su vida, pues su cuarto, de cartón, se derrumbó.

Aún así se resigna a que su “vecindario” estará en las últimas listas de prioridades en las labores de reconstrucción.

“Siempre, como de costumbre, los últimos... claro, primero tiene que levantarse lo que nos da de comer: los hoteles, ya posteriormente, cuando ya venga un poco más de calma, espero que nos vengan a ayudar acá”, señala.

Por la mañana, al recorrer las calles de La Ballena, se ven pocas señales de vida en la zona, solo algunas personas mayores continúan buscando entre los escombros pero, llegada la tarde, todos vuelven al albergue.

Para 27 familias de La Ballena, la secundaria técnica numero 14 de San José Viejo en San José del Cabo, es más que su segundo hogar. Tanto que han prometido no salir de ahí hasta tener la certeza de que tendrán un nuevo lugar para vivir.

“Nos dicen que van a empezar las clases en dos o tres semanas, adónde nos vamos a ir, qué podemos hacer más que estar aquí hasta que nos saquen. Pedimos que nos den una opción o que quizá nos llevarán a otra parte porque no tenemos adónde meternos, usted ya vio”, relata Olmos.

Son casi las tres y pasa la tarde sentada en una butaca; tiene comida caliente de los comedores comunitarios que la cruzada contra el hambre implementó tras el paso de Odila. Sus vecinos también tienen al menos algo que llevarse a la boca.

“La gente no se quiere ir hasta no saber qué les van a dar porque, como todo, nos vamos y se acabó, ya no hay nada. Entonces tenemos ese miedo de irnos y no recibir nada”, dice Raúl.