Mineral de Pozos, de pueblo fantasma a Pueblo Mágico

La iniciativa privada, el gobierno de Guanajuato y habitantes de Mineral de Pozos aprovecharon las minas y ruinas del lugar para darle un impulso turístico.

Guanajuato

De ser un próspero pueblo minero durante finales del siglo XIX y principios del XX, Mineral de Pozos, Guanajuato, terminó convertido en un pueblo fantasma durante varias décadas, hasta que en los últimos años, tras ser declarado Pueblo Mágico, tuvo un resurgimiento turístico.

Localizado a tres horas y media de Ciudad de México, Mineral de Pozos es un pueblo enclavado en el noroeste de Guanajuato y fue el principal centro minero del país durante el Porfiriato con más de 360 minas.

Durante su apogeo, los pobladores extraían oro, plata, bronce, hierro y mercurio, que eran exportados a varios países de Europa, hasta que la tierra dejó de funcionar en 1927, a causa de la Revolución mexicana y de una inundación originada por las compañías mineras que perforaron una cuenca.

Algunos pobladores migraron a Estados Unidos y otros se fueron a comunidades cercanas como San Miguel de Allende, dejando las haciendas para las que habían trabajado toda su vida. De las 70 mil personas que habitaron en Pozos en 1970, solo se quedaron 250, convirtiéndose en un pueblo fantasma.

A lo largo de su historia, el pueblo ha cambiado aproximadamente 10 veces de nombre, los más emblemáticos fueron Palmar de Vega, Ciudad Porfirio Díaz y San Pedro de los Pozos, que posteriormente se modificó al actual Mineral de Pozos.

Recuperación

Tras más de 100 años de abandono, Mineral de Pozos fue declarado monumento histórico en 1980 y Pueblo Mágico el 16 de febrero de 2012, lo que llamó la atención de viajeros nacionales e internacionales.

Con una inversión de más de mil 500 millones de pesos, empresarios, el gobierno de Guanajuato y ejidatarios lograron durante los últimos años la recuperación de Pozos, aprovechando su riqueza cultural, sus ruinas y el estilo colonial que poseen sus calles y sus casonas, construidas en su mayoría de piedra caliche, un material originario de la zona.

La combinación de las ruinas de las más importantes haciendas mineras y los toques modernos que se le han incrustado a los lugares públicos logran un escenario de misticismo, donde el turista parece viajar entre el pasado y el presente.

El ecoturismo, que incluye descensos a las minas, recorridos por haciendas emblemáticas del Porfiriato como Cinco Señores, Angustias y Santa Brígida. Además de una pista de ciclismo de más de 20 kilómetros, conocida como Mission Bike, logran que desde el más joven hasta el más viejo de los turistas disfruten cada espacio del pueblo y se sumerjan en la historia y tradiciones de Pozos, que para muchos continúa en medio de la nada.

Ante la carencia de hoteles y restaurantes, algunas casonas se convirtieron en espacios con un toque distinto: los hoteles boutique, donde los turistas reciben atención personalizada y además pueden adquirir los artículos que forman parte de las instalaciones como esculturas, vajillas, cuadros, entre otros artículos elaborados por artistas locales.

"Hace ocho años, cuando nosotros llegamos solo había 12 cuartos de hotel. Seis años después contamos con 64 cuartos y se espera la construcción de 80 más para los próximos 24 meses", dijo en entrevista para MILENIO Daniel Esquenazi, uno de los socios fundadores de Señores de Pozos.

Esquenazi señaló que los desarrollos favorecen principalmente el área económica del pueblo, sobre todo en la parte turística y de construcción.

"Se tiene contemplada la construcción de viviendas autosustentables y reservas naturales, con las que se prevé triplicar el turismo. Es un trabajo a 30 años que pretende ampliar la infraestructura que se tiene", agregó.

Además de la hotelería, Señores de Pozos apuesta en los próximos años por la producción de mezcal y la apertura del Centro de Artes y Prácticas Artísticas (Capa) , un lugar donde se enseñará a los poceños danza, fotografía, artesanía y carpintería, entre otras actividades.

Nuevos pobladores

Actualmente, en Mineral de Pozos habitan poco más de cuatro mil personas, de las cuales 60 por ciento son extranjeros que vivían en San Miguel de Allende, pero cansados de la saturación de turistas, ahora buscan paz y tranquilidad en las comunidades cercanas.

"Son personas jubiladas que compran casas de descanso para los fines de semana, no son los únicos pero son la mayoría; también tenemos personas de Querétaro, la Ciudad de México, San Luis Potosí y Guanajuato", indicó el empresario.

Pero además, las familias de los poceños que migraron tiempo atrás regresaron confiando en que crezca la infraestructura del pueblo y el turismo, y mejoren sus servicios básicos para tener lo que perdieron durante muchos años: una buena calidad de vida.