Sacan provecho a tragedia para reactivar Juchitán

A más de dos meses de la catástrofe en Oaxaca, el resto de los afectados busca cómo levantar sus casas y, sobre todo, cómo reanimar su vida cotidiana, volver al trabajo y reabrir sus establecimientos.

Oaxaca

La pizzería El Gratín es una de las más populares en Juchitán, pero el sismo la volvió aún más. La mitad del restaurante desapareció, la segunda sección solo tuvo daños, pero la cocina quedó intacta. Ante la necesidad de reactivar el negocio, los dueños decidieron sacar provecho de la tragedia y hacerlo atractivo. Ahora, ofrecen pizza al aire libre, con música y un ambiente mucho más fresco.

Aunque las paredes están por la mitad y las fisuras lucen recién arregladas desentonando con la pintura amarilla del resto del local, para los jóvenes resultó un lugar mucho más cómodo para cenar con sus amigos.

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"Así como se ve, fue como quedamos a dos meses del terremoto; antes estaba todo bien aquí, esta parte de enfrente, que fue la que se cayó, tenía teja, porque quisimos hacerlo tradicional, pero lamentablemente no resistió y nos vimos en la necesidad de reactivar esto, no nada más por nosotros, sino porque tenemos 10 familias de trabajadores que dependen de esto", explicó Enrique Morales, el dueño del negocio.

Dijo que hasta están pensando en dejarlo así, acondicionándolo bien, retirando el polvo que aún persiste por las demoliciones contiguas y tapando las grietas y fisuras que ya fueron arregladas. Aunque reclama que ni siquiera fue incluido en el censo de afectados, acepta que sus clientes han aceptado la nueva imagen y poco a poco van igualándose las ventas.

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En el hotel Xcaanda, uno de los pocos que resultaron con daños menores luego del sismo del 7 de septiembre, el señor Víctor y la señora Carmen creyeron que sería difícil recobrar la confianza de los clientes, al ver que los que en ese momento estaban hospedados, salieron atemorizados pese a que no hubo daños graves.

"Teníamos 60 por ciento de huéspedes y al día siguiente todo mundo se fue, nos quedamos sin luz, tuvimos pérdidas en los equipos de baño, en las instalaciones hidráulicas, tinacos, calentadores, todo lo que nos permitía dar un mejor servicio se nos vino abajo".

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El señor Víctor fue sincero con sus clientes, les decía que podía ofrecerles habitaciones con grietas recién arregladas, cuartos aún sin pintar, sin agua caliente y algunas áreas aún con mucho polvo, pero que al menos había la certeza de que era un edificio seguro, luego de que el equipo de inspectores postsísmicos del gobierno local, estatal y federal, corroboraron que los muros, cimientos y columnas, estaban firmes.

"Así fue como pudimos reabrir en 36 horas, sin alberca, sin muchas cosas, pero decirles que estamos en proceso de reparación, que no es un gran hotel, pero lo que damos es de corazón, aquí van a recibir desde una tacita de café y el clásico totopo, camarón y queso".

Hoy solo uno de los tres edificios sigue en reparaciones, aunque para la mayoría de los visitantes, es el lugar más seguro para hospedarse en Juchitán.

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En la séptima sección, una de las más afectadas, son pocas las construcciones que no tuvieron daños severos.

En una de estas calles, luce un enorme terreno vacío que integraban tres casas que se vinieron abajo de inmediato el 7 de septiembre. Una de ellas era la de la señora Cruz, quien con su esposo Gonzalo no solo vivía en este lugar, sino que también era su espacio de trabajo.

Venden comida a domicilio y su cocina lo era todo. Hace dos meses que solo le quedó una licuadora que logró arreglar envolviéndola en cinta que logró presionar las fisuras que casi la dejan inservible.

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Lo único que quedó firme fue la pared del fondo de la casa y la barda de dos metros de ancho, ahí, abrió su nueva fonda y habilitó su nueva casa.

"Mi casa, aunque viejita, ahí estaba, ahora nos estamos tratando de acomodar en lo que se pueda, estamos todos amontonados, antes teníamos más espacio y vivíamos más cómodos, pero ahora hay que moverle porque si no, no hay de otra.

"En este espacio de día es cocina y de noche es dormitorio, porque no hay otra cosa y así vamos dándole vuelta, pero más que nada esto es de paciencia", dice la señora Cruz mientras prepara los primeros pedidos del día para los clientes que no la abandonaron.

Aunque perdió su estufa y le ha sido imposible comprar otra, ahora cocina en anafres con carbón y los clientes, hasta aseguran que la comida tiene un mejor sabor.

Aunque el matrimonio Hernández y su hijo ya recibieron las tarjetas del Fonden, no piensan contratar albañiles por lo cotizados que están y lo complicado que es encontrar un par disponibles; tampoco cotizarán cuánto deben invertir en materiales para la reconstrucción de su casa ni mucho menos "perderán el tiempo" en imaginar cómo será su nuevo hogar. Ya lo tienen resuelto. Y no, no lo harán ellos.

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"Mire, como nosotros ya pasamos por esto, ya nos da miedo hacerlo mal otra vez, así que optamos por entrarle con el grupo de Carlos Slim con el proyecto que ellos traen para la reconstrucción de casas.

"Ya tuvimos una junta, les vamos a dar las tarjetas y nos van a construir una casa con dos cuartitos, una salita, la cocina, el baño y ellos se encargan. Son casas antisísmicas que cuestan como 200 mil pesos y nosotros le daremos los 120 que nos da el gobierno, así que ahorita lo mejor es con ellos, así ya vamos a tener nuestra casita para dormir y descansar tranquilos y no dejamos el negocio pensando en el problema y lo complicado que es la reconstrucción".

Mientras tanto, el resto de los afectados buscan cómo levantar sus casas y, sobre todo, cómo reactivar su vida cotidiana, volver al trabajo, reabrir sus negocios, pues a dos meses, el apoyo ha dejado de llegar.