“Le pedía a Dios que me diera más fuerzas para sobrevivir”

El pescador Raymundo Royin Noyola, narra a MILENIO cómo se aferró a una hielera para salvar su vida.

Acapulco

El pescador Raymundo Royin Noyola, volvió a nacer, cuando se aferró a una hielera para salvar su vida y para ello, tuvo que comer aves crudas, su compañero no lo hizo y murió.

En entrevista con MILENIO, dice que los fuertes vientos, dos marejadas y el sobrepeso que llevaban en la lancha y en la hielera, hicieron que se hundiera la embarcación “Tiburoneros III”, y con ello se perdió todo lo que iba a bordo de la nave.

Su madre, Adelaida Noyola Candela, a un lado de su primogénito,  dice que ya había hecho sus compras para rezarle a su hijo, pues estaba segura que había fallecido en el mar, solo le pidió a su hija Natividad que le regresara a su hijo, vivo o muerto.

Con huellas de las quemaduras en casi todo el cuerpo, por el implacable sol en alta mar, Raymundo, es el único pescador de una familia de 12 hijos que tuvo su madre, Adelaida Noyola Candela.

“Salimos a pescar y alcanzamos a pescar, alcanzamos a matar algo de producto y pasamos la lancha de carga y dos marejadas la hundieron, ya con la lancha hundida no pudimos hacer nada.

“Tuvimos que hacer la lucha de tirar lo que teníamos y tiramos el pescado, todo el cazón, las cosas se salieron solas de la lancha y ya después le saque el pescado a la hielera y nos mantuvimos ahí con mi compañero, dos noches en el agua y tres días arriba de ella”, narra en voz baja.

Entrevistado en el interior de su casa, ubicada en la parte alta del anfiteatro, Raymundo Royin, agacha la cabeza, cuenta en voz baja, y dice que sobrevivió porque comió pájaro crudo, que su compañero Mario Morales Monge, se negó a comer carne cruda de la ave y a los tres días falleció.

“Como a los tres días se me murió, ya no resistió se le acabaron las fuerzas porque no quiso comer pájaro, yo estaba comiendo pájaro crudo, él no quiso comer buzo”, cuenta el pescador.

-¿Que te decía, que te dijo?

-Que no, que no quería comer (ave marina) buzo, que eso no comía él, y yo le dije yo sí, que yo si me lo iba a comer porque yo tengo hambre, y como a las 13 horas se me murió, a las diez de la mañana lo maníe (amarró de las manos) y lo tire al agua, y luego que lo solté, me solté de la lancha en la hielera para andar libre.

Rodeado por dos de sus hermanos, su madre y vecinos de la colonia Alta Laja, en la parte más agreste del anfiteatro porteño, Royin Noyola, dice que le pedía a Dios que le diera fuerzas para sobrevivir.

-¿Que pensabas en esos momentos Raymundo?

-Lo que pensaba yo, pidiéndole a Dios que me salvara y que me diera fuerzas, que no se me acabaran las fuerzas para seguir haciendo el esfuerzo de llegar a la orilla, es lo que yo le pedía a Dios. Que me diera más fuerzas que no me acabara las fuerzas que tenía

-¿Cómo sobreviviste?

-Con la sangre de los pájaros, con la tripita de los pájaros, tienen tantita sangrita y con esa me mojaba los labios, recuerda y se mueve poco, dice que tiene quemaduras y que se siente cansado.