Pasan familias de Acapulco viacrusis en panteón

Se quejaron que las autoridades municipales saturaron el panteón, pues hasta los pasillos que dividían las tumbas fueron vendidos, lo que hizo complicado encontrar las tumbas.

Acapulco

El tradicional Día de Muertos en el panteón de Las Cruces de Acapulco se convirtió para algunas familias en un suplicio y desesperación al no encontrar las tumbas de sus seres queridos.

Lo que inicialmente sería un día para visitar a sus difuntos, se volvió en una búsqueda desesperada, pues no hallaban sus restos. Donde había pasillos para acceder a las fosas fueron vendidos, lo que provocó desorientación.

Al menos una docena de familias, personas solas y hasta parejas buscaban la tumba de sus muertos. Incluso, aquellos que llevaban muchos años sin visitar los nichos de sus difuntos, peguntaban, nadie sabía.

- "No es posible, aquí había un camino, y ya no hay nada. Mira creo que por aquí estaba", dice una mujer confundida.

-"No, no es por aquí, es más allá", dice uno de los nietos que busca los restos de los abuelos Ernesto y Justina, sepultados hace diez años.

Así, algunos integrantes de la familia Bonfil dividieron la zona de búsqueda donde creyeron que estaba la tumba de sus queridos padres.

Recriminan que las autoridades municipales hayan saturado el panteón y confundido a los dolientes que no encontraban los sepulcros.

Mientras en los nichos, donde fueron depositados los restos de sus familiares, parecía más una bodega donde había tablas, bultos de cemento, cubetas, picos y palas que cubren las criptas.

Afuera del panteón, decenas de puestos con flores esperaban a los dolientes, por lo que temprano colocaron sus puestos en espera de la llegada de los clientes, algunos solos, otros iban acompañados.

Otros llegaban en numerosas familias, a uno de los más de 12 panteones municipales y ejidales del puerto de Acapulco, con ramos de flores, veladoras, comida, refrescos, agua de sabores y música.

Elías, uno de los que buscaba a su padre, lo encontró y empezó a limpiar el área donde lo sepultó.

"Apenas hace cuatro meses, lo enterré y no ubicaba donde estaba la tumba, todo cambió muy rápido. Tardé más de medio hora, ya lo encontré, pero ya me estaba desesperado", dice.

Mientras un grupo de mujeres, hombres y niños circundan una de las tumbas, dicen que ahí yacen los restos de los abuelos de la familia Pérez Acosta, quienes desempacaron bolsas y cacerola para servir platos con mole rojo con pollo, arroz, bollitos con relleno, tortillas y refrescos.

Comentaron "Vengo a visitar a mi mamá y a mi papá. Aquí están juntos, mi padre murió en 1968 y mi madre hace cinco años. Estamos celebrando como a ella le gusta con molito, mole rojo, mole verde y su coca, era de ley", dice Sara Pérez Acosta, acompañada de hermanos, hijos, nietos y bisnietos.

Muy cerca de ahí, un trío entonaba "La vida no vale nada"; "Caminos de Michoacán" y "No te has ido", entre otras.

Mientras en otras tumbas pintaban y las arreglaban, además de  ponerles flores, agua y adornaban el sepulcro de sus seres queridos.

Afuera del panteón había un dispositivo desplegado para dar seguridad, bajo las altas temperaturas, agilizaba el tránsito vehicular; la vendimia de agua de sabores, tepache, bolillos con relleno de cerdo y pollo, seguía bajo el sol.


MMR