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Martes , 25.09.2018 / 03:25 Hoy

Panteón San Lorenzo, utilizado para fiestas

En el camposanto hay muros pintarrajeados y basura acumulada, aunque no como en el de San Nicolás Tolentino; los fines de semana llegan más de 50 mil personas a visitar 4 mil fosas.

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Por las noches es usado para hacer fiestas. Lo dicen trabajadores y lo confirman botellas vacías de licor y vasos dispersos. Es el panteón civil de San Lorenzo, considerado el segundo más importante de Iztapalapa, con una extensión de 20 hectáreas y la llegada de más de 50 mil personas en fines de semana, que visitan 4 mil fosas.

Hay muros pintarrajeados y basura acumulada, no tanto como en el San Nicolás Tolentino, su casi vecino, del que lo diferencia más de una peculiaridad, como la fosa común donde fueron sepultadas personas no reconocidas que murieron durante los sismos de 1985. Pero ni eso han respetado los grafiteros.

—Miren —dice una persona.

Y señala el arco blanco que enmarca el pequeño jardín de la fosa común —“a nuestros seres queridos”—, en cuyo centro fue estampado un símbolo: M13C.

“Ayer y siempre”, puede leerse el título de un texto sobre una pequeña lápida: “Por los años que vivimos no olvido tu partida, y aunque no te encontré ni sé dónde buscarte tú estás en mi corazón y siento consuelo porque tú descansas en el cielo cerca de Dios. He llorado tu ausencia y dejo que la fe en Dios conforte mi pena y sé que solo nos separamos por un tiempo y después estaremos juntos por siempre en la eternidad. Septiembre 1985 201 (este espacio fue borrado)”.

Sobre el piso hay un hueso de animal, al parecer una rótula, mientras dos perros ventean la zona.

—Vienen, grafitean y borramos y vuelven a grafitear —responde uno de los ocho empleados del panteón, cuando se le comenta el agravio cometido—. Aquí había una pequeña placa alusiva a la fosa común, pero se la robaron.

En este panteón, inaugurado en 1976, fueron sepultados los cuerpos de dos luchadores profesionales, La Parkita y El Espectrito Jr., encontrados sin vida en un hotel de la delegación Cuauhtémoc, en 2009.

También fue inhumado el cuerpo de Esteban Cervantes, conocido como “El héroe de la Balderas”, quien evitó que un sujeto enloquecido continuara disparando su pistola contra los usuarios del Metro.

Este panteón, dice un informe de la delegación Iztapalapa, “está bajo el régimen de temporalidad mínima (inhumación a siete años); aunque todos los lotes ya se encuentran ocupados, se sigue brindando el servicio, porque al término de este plazo el interesado realiza el trámite de exhumación; por lo tanto, las fosas se reciclan…”

Y sí, aquí, en el lote A-11, es donde una cuadrilla de trabajadores, algunos sin salarios, desentierran pedazos de ataúdes metálicos que son traslados en una vieja carretilla por un hombre de paso cansino y pocas palabras.

—¿Qué hacen?

—Abriendo para seguir sepultando —dice un trabajador, mientras saca paladas de tierra fresca en una tercera zanja.

—De repente sí nos avientan basura de Lomas de San Lorenzo —asegura un empleado, quien prefiere no decir su nombre.

—¿Por qué?

—Imagínese.

—Qué.

—Pues nos agreden.

El empleado revela que por las noches, igual que en el San Nicolás Tolentino, vecinos de colonias aledañas saltan las bardas y “echan fetiches para hacer brujería”, mientras otros usan espacios como cantinas y escenarios para fiestas.

—¿Y la policía?

—Solo hay dos.

—¿Y empleados?

—Casi trabajamos con auxiliares.

En algunas zonas, mientras tanto, pedazos de plásticos y telas se adhieren en las callejuelas, se observan montones de cascajo y pedazos de lápidas, botellas vacías de licor y de cervezas se pierden entre la yerba y proliferan dibujos en bardas. “Tepizeño, trak, changx”, por ejemplo.


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