No nos vamos a retirar: obispo de Ciudad Altamirano

Maximino Martínez dijo que Tierra Caliente amerita la atención que El Vaticano le ha dado a países que viven en guerra y aseguró que no se irá, pues "uno tiene que estar donde Dios lo pone".
El obispo de Ciudad Altamirano.
El obispo de Ciudad Altamirano. (Rogelio Agustín Esteban)

Chilpancingo

Aunque la situación de inseguridad es muy grave en Ciudad Altamirano, el obispo Maximino Martínez Miranda sostuvo que los representantes de la iglesia no se van a retirar.

Martínez Miranda está al frente de la Diócesis de Ciudad Altamirano desde hace ocho años, su ámbito de acción incluye pueblos de los estados de Guerrero, México y Michoacán.

Llegó de Atlacomulco Estado de México, cuando le informaron del relevo le advirtieron que asumiría las riendas de una zona complicada para los hombres de fe, pero asume que no se imaginó el nivel de la problemática que le tocaría vivir.

De 2009 a la fecha le ha tocado encarar la muerte de cuatro de sus sacerdotes: Abacuc Hernández Benítez, Ascención Acuña Osorio, Joel Román Salazar y el padre Gregorio López Gorostieta.

Tres fueron ejecutados a balazos, en tanto que Joel Román Salazar murió en un accidente automovilístico, aunque los feligreses sostienen que éste fue provocado para evitar las investigaciones.

En todos los casos la duda prevalece, pues la Fiscalía General del Estado (FGE), antes Procuraduría General de Justicia (PGJ), no ha esclarecido ninguno, lo que propicia un clima de impunidad para los perpetradores.

El obispo sostiene que la región de la Tierra Caliente amerita la atención que El Vaticano le ha dado a países que viven una situación de guerra, ya que la mortandad entre la población civil, a partir de la actuación de la delincuencia organizada no para.

A raíz del asesinato del padre López Gorostieta, personal del Ejército y la Policía Federal señalaron que su presencia en Altamirano se reforzaría, sin embargo, esto no se percibe con claridad.

Los militares se instalan por espacio de una hora cerca de la catedral, recorren algunas calles mientras un helicóptero de la PF sobrevuela áreas ya delimitadas durante escasos minutos. La mayor parte del día la percepción social es de abandono.

Reconoce que la Tierra Caliente resulta una zona muy peligrosa para todos, ciudadanos comunes y ministros de culto, pues existen grupo de personas que han perdido la noción de la humanidad y cometen actos que rayan en lo extremo.

Para ellos dirige un mensaje en el sentido de convertirse, ya que por el momento sus actos los mantienen alejados de la iglesia y sus valores, prácticamente excomulgados.

Cuestionado sobre la posibilidad de abandonar la región, el obispo da una respuesta negativa.

"Por el contrario, este es un reto más para demostrar que uno tiene que estar donde Dios lo pone. Uno debe llevar a cabo esta misión de la mejor manera. Por algo Dios nos puso aquí", expresó.

Los ocho años que lleva al frente de la diócesis son más de los que ha resistido cualquier obispo en Altamirano, incluido su homólogo de Saltillo, Raúl Vera.

Por eso, consciente de los riesgos que implica permanecer en el lugar, el líder religioso asume que no considera el retiro como una posibilidad de mantenerse a salvo.

Por el contrario, indica que contribuir para restablecer la tranquilidad por medio de la fe no es solo una obligación, es una oportunidad que abre la puerta al pleno cumplimiento de la misión para la que fue enviado.