El “Can-1”, buscador de tesoros, no de osamentas

Juan José Canán, ex teniente del Ejército Mexicano tiene un récord de 57 osamentas encontradas en las fosas clandestinas de Iguala.
Juan José Canán, buscador de osamentas en Iguala.
Juan José Canán, buscador de osamentas en Iguala. (Rogelio Agustín Esteban)

Ciudad de México

Hace un año que Juan José Canaán Ramírez dejó de ser solo un jubilado del Ejército Mexicano, rompió con su aparente estabilidad para convertirse en Can 1, mote ganado por tener un record individual de 57 cadáveres recuperados en las fosas clandestinas de Iguala.

Hasta el momento, el colectivo Los otros desaparecidos registra 105 cadáveres recuperados, 13 ya fueron identificados y 11 entregados a sus familias.

La cifra acumulada por Canaán Ramírez representa más de la mitad de los hallazgos, aunque él hace el esfuerzo por no presentar el dato como un logro individual, sostiene que es parte de un esfuerzo grupal, algo necesario en una tierra en la que el miedo ha impedido que crezcan ese tipo de iniciativas.

La jornada del 16 de noviembre de 2014, Juan José llegó a la Iglesia de San Gerardo, recibió la bendición del párroco y se dispuso a buscar entre cerros y barrancos.

Con el apoyo de una varilla, un marro y su olfato, el hombre de 62 años se puso a trabajar en una zona todavía controlada por el cártel de Guerreros Unidos.

Participa con la esperanza de encontrar a dos sobrinos, hijos de su hermano, Raúl Canaán, quienes desaparecieron desde agosto de 2008, en el retén que mantuvo durante varios años la policía preventiva municipal, cuando ya estaba infiltrada por la delincuencia organizada.

Moreno, de apariencia seria, barba plateada moldeada en forma de candado, don Juan José ostenta un record personal de 57 cadáveres recuperados de fosas clandestinas.

Eso le ha valido que en el colectivo "Los otros desaparecidos" se le conozca con el apodo de Can 1.

"Cada que encuentro un cuerpo los compañeros me dicen que soy un Can-aán, alargan el apellido (de origen libanés) para disimular que me encuentran aptitudes caninas, porque incluso, quienes andamos en esto llegamos a ganarle en resultados a los perros que traen los peritos de la PGR.

Lo que pasa es que el perro solo huele, pero nosotros usamos todos los sentidos; observamos la tierra, si hay en el lugar piedras que hayan estado enterradas y que al cavar la fosa las sacaron, nos damos cuenta cuando hay hierba seca enterrada, ramas cortadas para facilitar el trabajo de los delincuentes al depositar un cuerpo, basura que no pudo llegar a sitios si no es para acampar, montículos de tierra removida, ropa y hasta casquillos de diferentes armas de fuego".

"Nos guiamos incluso por corazonadas, algo que no hacen los perros, por muy entrenados que estén".

En algunos talleres rápidos se le ha señalado que también debe buscar guantes de látex y tambos, ya que hay grupos delictivos que acostumbran desintegrar a las víctimas en ácido para borrar cualquier vestigio de su existencia. Hasta el momento no han encontrado un caso de ese tipo en Guerrero.

Canaán o Can-1 ostentaba el grado de teniente cuando causó baja en la milicia, la pensión que recibe apenas le permite vivir, pero al unirse a Los Otros desaparecidos sus gastos se dispararon. Hoy, con una mueca nos dice cual es su realidad: "Estoy cargado de deudas, pero debo seguir en esto, no podemos dar marcha atrás".

Una oportunidad de vida

Canaán el ex militar tiene una expresión severa. Intimida al primer contacto visual e impone respeto, pero sabe romper con una carcajada cuando entre las faenas se atraviesa una buena ocurrencia.

Cuestionado sobre el significado que tiene la incorporación al colectivo que busca cadáveres sembrados en la tierra, responde que en realidad sabe que está frente a la gran oportunidad de ser generador de certeza, de regresar un poco de tranquilidad a madres, esposas, hijos y hermanos que esperan información sobre seres queridos no localizados desde hace meses o años.

"Cuando encuentro una osamenta, como le llaman a esos cuerpos que ahí están ocultos, se me vienen sentimientos encontrados; primero es la ira, coraje, impotencia y después un poco de alegría, porque ya habrá un lugar en donde les lloren, se les regresa un poco la paz para el corazón".

Una osamenta es en realidad un tesoro

Al margen de las deudas que arrastra, a Juan José Canaán mantenerse en las actividades del colectivo le ha costado enfrentar la inconformidad de su familia: "Me reclaman las largas ausencias, pero yo sé que estoy haciendo lo correcto".

Tiene una esposa, cinco hijos y nietos que le piden estar presente en casa, él sostiene que se mantendrá hasta donde le sea posible.

"Están molestos en la casa, pero saben que no hago cosas malas, que esto es bueno y alguien debe hacerlo".

De los 57 cuerpos encontrados solo tres ya están con sus familias, lo que ha vivido tras la entrega correspondiente no tiene comparación.

"Ya tres familias me lo han agradecido, vienen y me aprietan la mano, me abrazan, lloran en mi hombro y miro su agradecimiento infinito; eso no tiene precio y no se compara con nada".

En estos momentos, asegura que Can-1 es un apodo que le agrada, con el que ya se acostumbró a vivir, pero clara que no es solo un buscador de osamentas.

"Nos hemos convertido todos en buscadores de tesoros de incalculable valor, porque los que están sepultados no son solo huesos; son tesoros que para las familias que los reclaman tienen un valor incalculable".

En el comedor que se improvisó en la parroquia de San Gerardo existe una fotografía en la que aparece don Juan José, su hermano Raúl y Mario Vergara Hernández, ellos son Can-1, Can-2 y Can-3, los principales buscadores de fosas en Iguala, cuyos trabajos podrían extenderse hacia el ejido de Carrizalillo, en los próximos días.

"Buscadores de tesoros invaluables" reza una leyenda rotulada en la parte alta de la imagen, la cual es admirada por las madres y los hijos que buscan a los familiares que suponen, están todavía en alguna parte de la periferia de Iguala esperando que se les encuentre.