[El Santo Oficio] Cosecha de ira

Frente a los maestros de la CNTE y sus desmanes están los robos en descampado de gobernadores priistas como Roberto Borge, de quien se han documentado despojos contra empresarios de QRoo.
Enfrentamientos en Nochixtlán, Oaxaca.
Enfrentamientos en Nochixtlán, Oaxaca.

Ciudad de México

En el monasterio, el cartujo se reencuentra con la novela La guerra de Galio, de Héctor Aguilar Camín (Cal y Arena, 1991). En el capítulo VIII, Octavio Sala, director del periódico La República, le pide al historiador Carlos Vigil, su hombre de confianza, escribir el editorial sobre el inesperado y provocador atentado de la Liga 23 de Septiembre contra la hermana del candidato presidencial del PRI, en diciembre de 1975. Vigil, quien tenía amistades cercanas entre los guerrilleros, apunta Aguilar Camín: “Lo escribió sin leerlo, aceptó las correcciones de Sala y también su cabeza, Cosecha de ira, sugiriendo que la familia del candidato presidencial cosechaba lo que el gobierno había sembrado”.

El monje mira en la televisión los bloqueos de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en Oaxaca, Chiapas, Guerrero y la Ciudad de México, los reprueba y lanza contra ellos impublicables anatemas. Rechaza la violencia de los maestros disidentes y sus allegados, sus chantajes, sus mentiras: para ganarse el favor de los padres de familia, les cuentan de la privatización no solo de la educación sino también de la seguridad social; con chismes y verdades a medias, con panfletos llenos de faltas de ortografía, los asustan y fuerzan a unirse a ellos, junto con sus hijos, en sus protestas. Es una situación lamentable, y sin embargo, resultado genuino de un sistema podrido.

“Rechazamos los métodos de nuestros amigos, pero no el fondo de su protesta”, le dice Sala a Vigil. Lo mismo podría decirse del movimiento de la CNTE. No es únicamente un reclamo por mayores privilegios para líderes deshonestos, es asimismo una rebelión contra la injusticia y la pobreza, agravada por la corrupción, la necedad e impericia de los funcionarios públicos, entre ellos, de manera destacada, numerosos gobernadores. Durante décadas, el gobierno mexicano ha sembrado vientos y ahora cosecha tempestades. Pero no aprende.

Frente a los maestros de la CNTE y sus desmanes están los robos en descampado de gobernadores priistas como Roberto Borge, de quien Expansión y Mexicanos contra la corrupción han documentado despojos contra empresarios de Quintana Roo, en complicidad de notarios y funcionarios de su administración, tan corruptos como él. Borge y sus secuaces se han apoderado de hoteles, edificios, departamentos de lujo, casas y terrenos, apoyados por las policías municipales o golpeadores. Han saqueado las arcas públicas, malbaratado los recursos del estado y asfaltado el camino de su impunidad. Es un escándalo. Pero el gobierno federal guarda silencio, mientras la miseria crece en la entidad y la indignación abona la cosecha de ira, con la disidencia magisterial en el blanco de todas las críticas, como si fuera lo único preocupante en estos días de fuego.

Queridos cinco lectores, debido a un imperioso retiro espiritual, las siguientes dos semanas no se publicará esta homilía, mientras tanto El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.