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Martes , 23.10.2018 / 15:44 Hoy

“No hay nada que temer a la evaluación”

Con más de 26 años de experiencia y el reto de evitar la deserción, el maestro Juan Benito Moreno Hernández enseña a jóvenes indígenas y de bajos recursos.

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Ser catalogado como maestro destacado o excelente no garantiza facilidades para la enseñanza.

Todos los días, Juan Benito Moreno Hernández, director de una escuela secundaria de Apatauyan, en el municipio de Atempan, Puebla, comanda un equipo de docentes con el reto de atender, en un mismo salón, a alumnos indígenas que no hablan un perfecto español y jóvenes con familias en graves problemas económicos.

El docente, con más de 26 años de experiencia en la enseñanza, obtuvo un resultado destacado en la evaluación de desempeño 2015, con mil 460 puntos de mil 600 que tiene la prueba.

Desde 2013 asumió como director de la secundaria técnica 92, ubicada en un municipio con alto grado de marginación; no obstante, hasta ahora no contaba con la clave de director, por lo que seguía recibiendo un sueldo como maestro.

Tras su buen resultado, confía en que se le pueda hacer el nombramiento, aunque aún no tiene claro si los beneficios de aumento salarial de 35 por ciento también se aplican en el caso de los directores.

Para el mentor, la evaluación es un buen instrumento para medir el nivel de capacitación y saber qué debe mejorar; sin embargo, advirtió que existen aspectos de la prueba que deben cambiarse.

“Me sentí bien, estoy acostumbrado a las evaluaciones, lo hacía siempre con la carrera magisterial y le digo a mis maestros que no hay nada que temer.

“Lo que sí es que se tiene que mejorar la prueba, no someternos a dos etapas del examen por unas ocho horas, también las notificaciones deben ser en tiempo y forma, saber a qué nos vamos a enfrentar, no había mucha claridad sobre eso”, expresó.

El maestro, que obtuvo el segundo lugar de prelación en los subsistemas de secundarias técnicas de su estado, relató que aunque los alumnos vienen con la formación de una primaria bilingüe, su plantel debe aplicar estrategias para evitar la deserción escolar, profundo problema en la región.

La mayoría de los padres de sus alumnos no cuentan con la educación primaria y en algunos casos no saben leer ni escribir. Trabajan en el campo o en la construcción, por lo que si la situación económica se complica, los jóvenes deben sacrificar sus estudios.

“Tenemos un programa para atender la deserción escolar, los focos de riesgo y actuar; afortunadamente, desde que entré como director lo hemos reducido, y si antes desertaban hasta ocho niños, ahora son dos.

“Es una situación complicada, a veces entre mis maestros y yo tenemos que cooperar para comprar uniformes deportivos, libretas u otros artículos, y así animarlos a seguir. Cuando ya no se puede es cuando sus padres se los llevan a trabajar a otro lado”, compartió el maestro de la sierra poblana, que está al frente de una escuela secundaria con 10 profesores y 224 alumnos.

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