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Lunes , 25.06.2018 / 01:18 Hoy

“Mono, ni los toletazos sentí”

Guillermo lleva 12 años viviendo en la calle y drogándose con activo; fue golpeado por policías capitalinos cuando detuvieron a 11 de sus compañeros indigentes en la calle Artículo 123.

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Jesús Badillo

El efecto de la droga se le bajó a Guillermo después de que policías capitalinos lo golpearon con toletes y patadas. El motivo: agentes policiacos intentaban detener a 11 indigentes acusados de robo y portación de cocaína y piedra. La calle Artículo 123, entre Balderas y Humboldt, en la Ciudad de México, era el escenario de una riña entre uniformados y personas en situación de calle.

El joven de 22 años trabaja en los vidrios: es faquir en el Metro. De eso se gana la vida: entre 250 y 300 pesos al día, dice. Él regresaba de sus labores cuando vio que policías se jaloneaban con una de sus compañeras de calle. Guillermo intervino y como respuesta recibió unos toletazos en el cuerpo. También patadas. Uno de los golpes fue en la cabeza. Se la abrieron.

"Uno de los policías me soltó una patada aquí en la pierna, pero dura, dura. Me empezaron a jalonear los otros policías. El mismo policía que me 'patió' se me viene sobre de mi. Me agarra el cuello. Me agacha y me da un cachazo en la cabeza con un radio. Me agacho y me desmaño; cuando reacciono que me jalan mis compañeros, mis amigos de la calle, me levanto y es cuando me empezaron a pegar los policías. Me empezaron a patear en el cuerpo y dar de toletazos, pero ahora sí que como venía mono ni lo sentí, pero ahorita ya siento el dolor. Ya se me bajó. Ahorita me metieron dos puntadas en la cabeza. Yo reconozco al policía que me pegó", afirma.

Según la versión del secretario de Gobierno, Héctor Serrano, una pareja acusó de que indigentes los asaltaron cuando caminaban por esa calle de Artículo 123, por lo que pidieron apoyo de policías. Los agentes detuvieron a seis personas en situación de calle por el delito de robo y cinco más por portar cocaína y piedra.

Los vecinos que vieron a indigentes dispersarse o que eran trasladados a un albergue, supuestamente se organizaron para limpiar la calle donde estaban los indigentes.

Una visitadora de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal se acerca a Guillermo y le pregunta: "¿te vas a ir a Iasis? Es que vino una persona que te quiere revisar". El joven le contesta que más tarde. Cuando termine de hablar.

Iasis es el Instituto de Asistencia e Integración Social de la Ciudad de México. Guillermo ha estado antes en uno de esos centros que fueron creados en 2001 para ofrecer a grupos vulnerables techo, ropa, comida, medicamentos, entre otros. Pero a Guillermo le gusta "el despapaye" y mejor se sale de ahí luego, luego.

De los 22 años que tiene Guillermo, 12 los ha pasado en la calle.

"Me salí de mi casa a los 10 años. Bien chavito. Me empezó a pegar mi familia. Nunca me pegaban, por eso de ahí me salí a la calle. Agarre el vicio, el cigarro, la mota y de la mota el activo, y pues ahorita estoy agarrando el puro activo".

Me quedaba en varios lados. Vivía en los hoteles. Me ponía a trabajar en los vidrios, sacaba para mi hotel. También me quedé en el albergue de Coruña, de Iasis. Incluso ya me conocen.

Cuando trabajo en los vidrios me recargo en ellos y pongo las manos sobre el piso y me dejo caer despacito y me empiezo a tallar y la gente piensa que me corto algo, pero no. Solo una que otra herida. Mira, aquí estas de los brazos.

Para trabajar de faquir, Guillermo dice que se va de las 10 de la mañana a las 7 de la noche. Trabaja en la línea 1,2 o 3 (del Metro). La que sea. Y como lo que me den.

Memo también ha trabajado de payaso en las micros. Indica que para comprar su maquillaje y su vestuario primero gana dinero en los vidrios.

"Me compro ropa en Pino Suarez, compro mi maquillaje y me voy a trabajar. Me gustaría siempre estar de payaso. Me sale más. Hago acrobacias, malabares. Los domingos me voy a las plazas y a parques. En los parques sacó más. Entre mil 200 y mil 500 en un solo día. Hay mucha gente. Vendo globos, flechas, narices..."

Quiero engordar un poco de aquí –anhela mientras pasa una de sus manos por su pecho–, y mis brazos. No quiero estar flaco, ponerle al vicio, pero no dejar de comer.

Los visitadores de la Comisión de Derechos Humanos del DF esperan a Guillermo para revisar sus heridas, interrogarlo y saber qué sucedió durante el desalojo. Registrar los abusos que se pudieron cometer contra indigentes.

Según un censo realizado por Iasis, en la delegación Cuauhtémoc, a la que pertenece Guillermo, en 2011 a 2012 hubo mil 324 indigentes. En ese periodo hubo 4 mil 14 personas en situación de calle en las 16 delegaciones de la capital del país.

Lentamente, Memo se levanta de la banqueta donde platicaba su historia. Se despide de mano. Los médicos y visitadores lo esperan.

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