“Si miras al cielo hay vecinos; si ves para abajo, lo mismo”

Al menos 55 mil personas han invadido taludes, lechos de ríos y bosques de reserva ecológica; casas que apenas se mantienen en pie, pero que, paradójicamente, a sus moradores les dan la certeza de ...

Estado de México

Desde hace 50 años, más de 200 asentamientos irregulares en Naucalpan, Estado de México, donde viven al menos 55 mil personas, han invadido taludes, lechos de ríos y bosques de reserva ecológica, además de 18 barrancas existentes en el municipio; son domicilios que apenas pueden mantenerse en pie, pero que, paradójicamente, a sus moradores les dan la certeza de tener "un techo seguro" para sus hijos.

Ubicada al poniente del Valle de México, el municipio mexiquense cuenta con una pendiente prolongada, cuya cima llega a alcanzar los 3 mil 450 metros sobre el nivel del mar. Aquí cualquier tierra baldía es buena para vivir y como ejemplo está la barranca México 68, que solo muestra el pico del iceberg.

Esta barranca es un cantil casi vertical, que por la erosión y exposición al medio ambiente se ha ido fracturando, colapsando y desprendiendo rocas, que caen sobre viviendas indebidamente construidas, advierte Elías Prieto López, director del Organismo de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento municipal.

"Las barrancas juegan un papel importante en el medio ambiente, pues captan agua para la recarga de acuíferos; regulan el ciclo hidrológico y atmosférico; sirven como áreas verdes y definen la velocidad de los escurrimientos y la cantidad de azolve que afecta la captura de aguas, hoy entorpecidas por la ocupación ilegal", advierte.

La ocupación

Debido a esta invasión, desde hace cinco décadas estos escurrideros naturales se convirtieron también en basureros, canales de aguas negras y centros de ocupación permanente.

"Pese a la importancia que tienen, la situación de las barrancas es crítica. Muchas se han convertido en basureros al aire libre, enfrentan problemas como cambio de uso de suelo, es decir ocupadas por asentamientos irregulares, contaminación y el desconocimiento generalizado de su importante contribución ambiental".

En la pasada temporada de lluvias ocurrieron al menos una decena de deslaves de diferentes magnitudes; uno de ellos fue en la calle Italia, donde varias rocas de un metro de longitud se desprendieron y cayeron en el patio de una casa, pero el más significativo sorprendió a los vecinos, cuando una barda de 10 metros de largo por cuatro de altura se desplomó por la humedad del suelo.

Ahí, en la barranca México 68, se observa el cantil de piedra de más de 150 metros de altura y en su orilla el inmueble de lo que fue una guardería de la Secretaría de Desarrollo Social, donde la Comisión Nacional de Agua realizó trabajos para su estabilización.

En ese sitio viven al menos 15 familias que se niegan a abandonar sus casas.

Estas personas forman parte de los 55 mil habitantes que enfentan algún nivel de riesgo, debido a que se asentaron en laderas de 18 barrancas y de manera subrepticia se han levantado en taludes, lechos de ríos y bosques de reserva ecológica.

Amalia Hernández, de 60 años, apunta: "Nos dijeron que vendían terrenos muy cerca de la capital, así que aprovechamos. No teníamos adónde ir, así que nos quedamos.

"Así como llegamos nos fuimos acomodando", explica, renuente, Ofelia Hernández, quien resume: "Si miras al cielo ves a los vecinos; si miras abajo ves a los vecinos".

Héctor Rivera, director de Medio Ambiente del gobierno local, dice que en Naucalpan hay 30 kilómetros de barrancas y durante los trabajos de mantenimiento y limpieza que se realizan de manera permanente, se recogen desde bolsas con desperdicios de comida hasta alfombras y restos de autopartes.

Venganza de la naturaleza

Naucalpan está permanentemente expuesto a situaciones de riesgo debido a las condiciones físicas, topográficas y geológicas de su territorio, y a las alteraciones irreversibles producidas al medio ambiente, que pueden resultar en desastres para la población, advierte Elías Prieto López.