Vigilancia y redadas, al alza; 'La Bestia' estrena durmientes

El proyecto del gobierno federal para contener la oleada de centroamericanos indocumentados ya está en marcha.
Las autoridades comenzaron el reemplazo de piezas en la vía del tren.
Las autoridades comenzaron el reemplazo de piezas en la vía del tren. (Javier García)

Arriaga, Chiapas

La nueva estrategia del gobierno federal para "contener" la migración centroamericana (dado a conocer por MILENIO el lunes pasado) ha pasado ya del papel a los hechos, al menos en tres vertientes: el rescate del tren llamado La Bestia, el reforzamiento de los puntos de control y la detención de migrantes.

Lentamente, con una grúa, una cuarteta de trabajadores baja desde un tráiler cientos de sólidos durmientes. Los depositan, uno sobre otro, a lo largo de uno de los patios del ferrocarril ubicados aquí, en Arriaga, Chiapas, zona que es una de las paradas más importantes de La Bestia, el tren de los migrantes centroamericanos que viajan a través de México hacia Estados Unidos. El gobierno federal irá colocando los durmientes en aquellos puntos de las vías donde eran inexistentes o donde había viejos trozos de madera destazada. Dos noches atrás, los empleados descargaron más de 3 mil de estos sostenes y estabilizadores para el ferrocarril, según cuentan, y los enviaron a distintos puntos del trayecto que viene desde el sur chiapaneco, desde Huixtla.

De hecho, la nueva estrategia para contener la oleada de migrantes centroamericanos viaja rápido: 40 kilómetros al norte, justo en el lugar donde se produjo el más reciente descarrilamiento del tren, en el municipio oaxaqueño de Chahuites, ya fueron colocados decenas de nuevos durmientes. Ahí yacen tirados, volteados aún, ocho vagones, todavía con restos de granos en sus enormes panzas metálicas, pero los viejos durmientes de madera roída y carcomida por el paso del tiempo y las inclemencias del clima ya fueron desinstalados y sus lugares fueron ocupados por los relucientes sostenes de sólido cemento. Con ello se busca que el tren viaje más rápido, que evite pasar lentamente por zonas donde se trepan los migrantes. También las autoridades pretenden que los bestiales convoyes no se descarrilen.

El plan también avanza velozmente en otra de sus vertientes: la de la vigilancia minuciosa en las carreteras para detectar el paso de migrantes, que también suelen ser transportados por coyotes en microbuses, autobuses, coches y tráileres. Durante un recorrido por carreteras chiapanecas hasta la frontera con Oaxaca, fueron notorios los retenes militares, así como otros del Instituto Nacional de Migración (INM). En uno de los puntos de revisión de los soldados, entre Arriaga y Chahuites, los militares abrían las cajas de los tráileres en busca de dobles fondos.

Por su lado, funcionarios del INM hacían lo propio en otros puntos de revisión improvisados (apenas colocaban grandes carpas blancas para protegerse del severísimo sol de la zona): revisaban los autobuses y microbuses y pedían identificaciones a quienes les parecían de origen centroamericano.

Una arista más de la nueva política migratoria del gobierno federal, la de la captura y rápida deportación de los oriundos de América Central, se implanta ya de forma más expedita y contundente: la noche del lunes se realizó una redada masiva cuando el tren reinició su marcha luego de su último descarrilamiento. Decenas de migrantes fueron detenidos junto al puente Corazones, en la frontera entre Chiapas y Oaxaca. Escondido entre los fierros de La Bestia, en uno de los patios de Arriaga, un salvadoreño narra esa vivencia ante la cámara de MILENIO. Él es uno de los pocos que logró huir cuando soldados, policías federales y agentes de Migración detuvieron el tren y ordenaron a los pasajeros ilegales descender.

—¿Qué pasó ayer, cuando hubo una redada muy grande en Corazones?

—En el tren íbamos todos y no nos esperábamos que ahí en Corazones estaba la policía, la migra, los soldados. Había más de 300 esperando ese tren y nos bajaron a todos. Estaban de los dos lados del tren. Lo pararon. Solo un compa y yo, que íbamos en el último vagón, huimos. Nos gritaban que nos bajáramos todos del tren. Y a todos les iban poniendo unas cosas blancas en las manos. Esposas de plástico.

La noche previa, algo similar ocurrió, pero en los hoteles de la localidad: decenas más fueron capturados, según cuenta el hombre.

"Pues fíjese que de pronto llegaron como 12 camionetas de Migración, federales con pasamontañas y soldados y sacaron a toda la gente de los hoteles. Toditos. Se llevaron quizá a unas 200 personas".

A los hoteleros, que suelen ganar buenos recursos con los migrantes, no les gusta hablar de estos temas, pero un par de ellos confirman que sí existió un operativo.