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Jueves , 20.09.2018 / 16:15 Hoy

Memorias de 5 funcionarios ante una ciudad devastada

Cinco integrantes de la administración local, incluido Miguel Ángel Mancera, narran a MILENIO cómo vivieron —el 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 horas— el sismo de 8.1 grados que afectó principalmente a la capital del país.

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Eran las 7:19. Miguel Ángel Mancera estaba en su clase de derecho en Ciudad Universitaria. Su actual secretaria de Desarrollo Rural viajaba en microbús. El titular de la Consejería Jurídica y el de Desarrollo Económico iban camino a la primaria. Patricia Mercado ya era activista en pro del feminismo.

El jefe de Gobierno y parte de su gabinete recuerdan cómo vivieron el sismo de 8.1 grados del 19 de septiembre de 1985; desde la universidad, el activismo, las vivencias de un niño y hasta salvarse de la muerte forman parte de sus historias.

“NO ME TOCABA”

Rosa Icela Rodríguez era empleada en la extinta Secretaría de Comercio y Fomento Industrial. El día del terremoto salvó su vida porque llegó tarde al edificio de la dependencia, que se derrumbó casi por completo.

Esa mañana, el sismo le tocó a bordo de un microbús cerca de la colonia Jardín Balbuena. Bajó del transporte e intentó ingresar al Metro, pero ya no había servicio, volvió a subirse a otro camión para llegar al Centro, donde encontró una ciudad destruida, incluyendo su centro de trabajo.

“Aquel 19 de septiembre de 1985 no me tocaba, no me tocaba. No estuve a las 7 de la mañana como siempre tenía que haber llegado al trabajo y por eso la sorpresa de los compañeros; y pues, bueno, ahora digo: Estoy viva”, recordó.

TRAGEDIA INCREÍBLE

En la Facultad de Derecho de la UNAM, el jefe de Gobierno vivió el terremoto del 85. Estaba en la primera clase del día, la cual se interrumpió solo por unos minutos. Aunque el movimiento se sintió fuerte, según recuerda, en Ciudad Universitaria la vida continuó.

No fue hasta terminar la cátedra que a través de la radio se dieron cuenta que la ciudad había colapsado. De aventón, se fue a su casa en la colonia Narvarte, para ver a su familia y constatar que todos estaban bien. En las siguientes horas se unió a brigadas de ayuda, como la mayoría de los capitalinos.

“La verdad es que fue muy fuerte, marcó a toda la gente de la ciudad, a todos los que estábamos cercanos a la tragedia; lo que observábamos era algo que no se podía creer, nada más en la zona donde vivía, deben haber sido unos cuatro edificios colapsados, dos de ellos totalmente destruidos”, expresó.

POR LAS COSTURERAS

En ese entonces Patricia Mercado ya estaba inmersa en la política y participaba como activista a favor de las mujeres. El sismo la tomó por sorpresa en su casa, en la colonia Portales, aunque el movimiento no lo sintió tan fuerte.

Fue hasta que llegó a las oficinas del Partido Revolucionario de los Trabajadores que se dio cuenta de que la Ciudad de México había sufrido una catástrofe. Inmediatamente tuvo comunicación con integrantes de la asociación civil Mujeres Trabajadoras Unidas, a la que pertenecía, con quienes decidió apoyar a las costureras de calzada de Tlalpan.

“Empezamos a hablar con ellas (las costureras), con diferentes grupos en toda esta zona; ese fue mi trabajo de toda esa mañana… estaban ahí todas desconcertadas, no sabían qué iba a pasar con su trabajo, por lo general las costureras creo que todavía siguen viviendo de su salario semanal”, explicó la funcionaria capitalina.

LA CIUDAD POLVO

En 1985 el hoy consejero jurídico, Manuel Grandos, vivía su último año de primaria, a los 11 años. Cuando empezó a temblar se quedó inmóvil en la banqueta camino a la escuela en Iztapalapa. La escena que vivió la recuerda con personas corriendo, ancianos hincados rezando y un movimiento incesante de los cables de luz.

El peor recuerdo de aquel día ocurrió más tarde, cuando su padre le pidió que lo acompañara al Centro a ver si había sobrevivido el edificio en Venustiano Carranza 69, donde tenía su despacho de abogados.

“El panorama era más aterrador todavía, porque era polvo, lo que veíamos era llanto, desolación, gritos, más polvo y una sociedad participando en el rescate de las personas, se escuchaban por todos lados sirenas, ambulancias, muchos gritos”, lamentó.

VIVENCIAS DE UN NIÑO

De Echegaray, Estado de México, hasta la calle Bondojito, en Álvaro Obregón. Durante ese viaje a bordo del transporte escolar el sismo sacudió al secretario de Desarrollo Económico, Salomón Chertorivski.

Como estudiante de primaria, sus recuerdos se centran en las calles de Polanco, donde recuerda gente corriendo e incluso pedazos de las construcciones cayendo al suelo. Sin embargo, cuando llegó a la escuela y vio al entonces Hotel de México a lo lejos, sintió tranquilidad, sin saber realmente la magnitud del sismo.

“Con mi abuela, mi gran abuela, fue que empezamos a ver las imágenes en televisión y a darnos cuenta de lo que había pasado. Ella decía que teníamos que empezar a buscar bienes para poder llevarlos a algunos centros de acopio; a final de cuentas, esa es parte de la vivencia de un niño ante una ciudad que se caía”, comentó.

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