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Martes , 18.09.2018 / 22:35 Hoy

Memoria, antídoto contra el olvido

En Neza todo nos ha pasado y a todo hemos sobrevivido. En el libro "De Nezita a Mi Nezota", Lilia Zavalza y Pedro Antonio Valseca se propusieron reunir testimonios de los necenses.

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Al Valle de México, cuenta la leyenda, llegaron en el principio siete tribus nahuatlacas. Provenían de Chicomostoc, Lugar de las Siete Cuevas. Y se asentaron en el Valle, y otras calamidades luego sucedieron, entre ellas: Conquista, Independencia, Reforma, Revolución, Guerra Cristera...

A las tribus originarias sucedieron, en busca de nuevos horizontes y provenientes del campo empobrecido, muchas más a finales de la década de los 40 y subsecuentes del siglo XX. Buscaron acomodo en la entonces llamada Región más Transparente. Venían de los estados de la Republica más pobres, dejaron atrás sus parcelas de temporal, sus tradiciones, su ombligo. La urbe aprovechaba la baratura de su mano de obra no calificada; vivían en los suburbios de la capital.

La vivienda no abundaba, y las tribus subsecuentes, en migración hormiga, se fueron avecindando hacia el oriente: por el rumbo, detrasito, del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, junto a las colonias Agrícola Oriental y Agrícola Pantitlán, Calzada Ignacio Zaragoza mediante. Y siguieron por el rumbo del Peñón Viejo, colindaron con Iztapalapa: Santa Martha Acatitla, colonia Juan Escutia; Los Reyes-La Paz, Chimalhuacán, Atenco, Ecatepec...

Y las colonias que fundaron tuvieron nombres de carencia, de anhelo: Agua Azul, Las Palmas, El Sol, Floresta, Pirules, La Perla, Las Águilas, Las Fuentes, Aurora donde la vida mejora, Cuchilla del Tesoro, Jardines y Vergel de Guadalupe, Loma Bonita, Bosques de Aragón, Joyas, Manantiales, Maravillas, Porvenir, Esperanza...

Y en el principio se nombraron pobladores de las colonias del Ex Vaso de Texcoco y luego se erectó el municipio por obra y gracia de la lucha social y la voluntad política y los intereses económicos y, con todo, la gente no perdía el ánimo festivo y Neza fue bailongos con pretexto de cualquier celebración: bodas, bautizos, quince años, fin de cursos en la primaria, cumpleaños de la abuela, día de la madre, y se tiraba la casa por la ventana, aunque la ventana fuera estrecha.

Y por fin arribaron los servicios básicos para la comunidad que carecía de agua, corriente eléctrica, drenaje, alcantarillado, pavimento, y cobró fama internacional como la ciudad dormitorio más grande del mundo, y fraternizaba con las favelas y los cantegriles y las villas miseria, y fue territorio libre para las llamadas tardeadas amenizadas por los sonideros de Tepis, Nueva Atzacoalco, Tacubaya: Sonido La Changa, El Rolas, Casablanca, Cristalito Porfis, Ilusión...

Y después, ante la persecución de que fueron objeto las tocadas de rock en la Ciudad de México, Nezahualcóyotl fue territorio libre para el rock y fue pretexto para que Carlos Monsiváis ambientara por estos lares su crónica "No es que esté feo, sino que estoy mal envuelto je-je (Notas sobre la estética de la naquiza)" y paseara su implacable mirada por los hoyos funky, por donde el personal soltara vapor en su tiempo libre, pegándole con fe al Resistol 5 mil, a la kaguama servida en bolsa de plástico, al toque y rol al amparo de la multitud. Y del estruendo muy mientamadres Alex Lora y el Tri.

Avecindada en Las Águilas, primera pobladora, doña Irma Palacios, recuerda: "Yo me animé a venirme a vivir a este terregal, a este lodazal, porque donde estaba no era vida: un cuarto de cuatro por cuatro; el baño era compartido. Era en la colonia Moderna, llena de vecindades. De buena y mala muerte, con más servicios que aquí. Sí teníamos agua, drenaje, vigilancia. Aun así le dije a mi marido que me sacara de aquel cuartito, que ya no aguantaba estar ahí con tanto chamaco. Cinco. Ya no hallaba donde acostarlos. A la más chica la traje de cuatro meses, yo le decía a mi viejo que ya no quería estar ahí y él me decía que no, que donde quería vivir no había servicios. Le dije: a mí no me interesa; con que bardees el terreno basta. Cuartos y demás no me importa, yo veré cómo le hago, aunque sean de cartón, pero ya no quería ser juzgada por la gente: en una vecindad nadie se puede echar un pedito porque todo mundo se entera, da opiniones y quiere que haga lo que ellos dicen. Y eso sí que no."

Prevalecía una idea: hacerse de un patrimonio para los hijos. Así surgió Nezayork, de las colonias del Ex Vaso de Texcoco, por decreto del 23 de abril de 1963, y su nombre tuvo variantes estigmatizadoras, racistas, clasistas, discriminatorias: Nezahualodo, Nezahualpolvo, Lomas del Terregal, Lomas Jodido, Nezahualpillos, Minezota, hasta que una pinta en una barda casi la nombra en definitiva: Nezayork, la ciudad del rock...

Mucho ha llovido desde entonces, y el sueño de dos periodistas locales se hizo realidad y tiene que ver con con dos características del carácter que dio nacimiento a esta ciudad: la constancia y el esfuerzo. Ese sueño lleva por título De Nezita a Mi Nezota, libro de Lilia Zavalza y de Pedro Antonio Valseca.

Tiene sus raíces en un diario decano de Nezayork: Las noticias de última hora, impulsado por Federico Zavalza y en cuyos archivos miles de fotografías testimonian lo que ha sido el desarrollo de la metrópoli, asiento de migrantes venidos de las zonas más pobres del país a la Ciudad de México, expulsados al gran salitral, donde echándole ganas, dedicando sábados y domingos a la construcción, sus habitantes erigieron el cuartito, la cocina, la letrina...

Luego, mediante coperachas y bailongos, kermeses y rifas, adquirieron materiales para la construcción de las primeras escuelas primarias adonde muchos acudieron a aprender las primeras letras que decían: "Ese oso se asea, así se asea ese oso, Susi y su gato Zuzú", y deletrearon los versos del Sapito glogloglo: "¿Vive acaso en la azotea? ¿Se ha metido en un rincón? ¿Está bajo de la cama? ¿Vive oculto en una flor?"

En Neza todo nos ha pasado y a todo hemos sobrevivido. Y en este libro Lilia y Pedro Antonio se propusieron reunir testimonios de los necenses, evidencia del crecimiento y desarrollo del municipio. Y de su gente. Con sus inevitables políticos, con sus liderazgos de variado signo ideológico.

Y lograron un mosaico de voces que pertenecen al boxeador campeón mundial Gamaliel Plátano Díaz; al líder de paracaidistas, a los presidentes municipales, al expendedor de pulques finos; platica su experiencia en Neza el abarrotero, el maestro que se arriesgó a impulsar la educación de calidad, el rockero padre del grupo Víctimas del Doctor Cerebro, el empresario del antro de fama internacional llamado Spartacus.

Lilia es nativa en este municipio y reportea la vida en el tiradero de basura del Bordo Xochiaca, luego va y entrevista al coordinador de la Universidad del Estado de México en Neza, y al rector de la Universidad Lasalle local. No la detienen la diversidad de credos ni de colores partidistas: la pluralidad tiene cabida en el libro, y la lucha libre (Arena Budokan), el muralismo de los pintores Alfredo Arcos, Tacho, Lupus...

En suma, anota Lilia, "en el libro prevalecen las palabras de la gente de Neza: testimonio de quienes construyeron esta ciudad al oriente de la Ciudad de México y le dan vida con sus actividades comerciales, educativas, culturales; De Nezita a Mi Nezota es memoria, antídoto contra el olvido".

*Escritor. Cronista de 'Neza'

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