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Viernes , 19.10.2018 / 11:33 Hoy

“Me cayó un edificio encima y no me pasó nada”

Lucía, de 36 años, no tiene un solo raspón, las toneladas de cemento que cayeron del inmueble de seis pisos de la calle Álvaro Obregón, de manera increíble, no la tocaron.

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Al momento de su rescate Lucía Zamora sonreía como si no hubiera estado 36 horas bajo los escombros del edificio de Álvaro Obregón 286, en la colonia Roma.

El momento quedó congelado en la foto que tomó uno de sus rescatistas. Se le ve llena de polvo, con el cabello alborotado, pero esbozando una inaudita sonrisa para lo que acababa de vivir.

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“Me jalaron por un par de boquetes que habían cavado, me decían: estás afuera, estás afuera. Voltea. Fue la primera vez que vi la luz natural y creo que esa es la razón de mi sonrisa”.

[OBJECT]Lucía no tiene un solo raspón. Las toneladas de cemento que cayeron del edificio de seis pisos, de manera increíble, no la tocaron.

“A veces no lo puedo creer. Me cayó un edificio encima y no me pasó nada. Hasta mis lentes salieron intactos. Al momento del impacto se me cayeron pero mira, están como nuevos”, comenta.

A Lucía el sismo de magnitud 7.1 la sorprendió en el tercer piso del inmueble donde trabajaba. Apenas tuvo tiempo de correr hacia las escaleras de emergencia.

“Ya íbamos encaminándonos a la salida de emergencia cuando veo cómo se desploma el techo. Me llevo las manos a la cabeza y fue cuestión de segundos cuando me vi ya ahí enterrada”.

En total oscuridad, la joven mercadóloga de 36 años intentaba respirar, pero sus pulmones solo se llenaban de polvo. Sus manos solo tocaban escombros y vidrios. Dice que sentía la losa a unos centímetros de su cara.

“La oscuridad era aterradora, no sé cómo describirla, no se veía absolutamente nada. Lo que creo profundamente es que si hubiera dado medio paso adelante o hacia atrás, me hubiera muerto”.

[OBJECT]Mientras Lucía intentaba entender qué pasaba en el reducido espacio en el que se encontraba, decenas de civiles y rescatistas de diferentes agrupaciones llegaban al lugar. Pasaron 30 horas para que la encontraran y seis más para que pudieran rescatarla.

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“¡Tenemos tres sobrevivientes más! Aquí están los nombres: Paulina Gómez, Isaac Ayala y Lucía Zamora”, gritaba un rescatista.

Para sacarla de lo que quedó del tercer piso del edificio, tuvieron que cavar un hoyo de más de 5 metros de profundidad. Lucía cuenta que sus constantes gritos y la luz de su celular fueron fundamentales para que pudieran encontrarla.

En 36 horas no durmió nada. Sabía que tenía que estar alerta. Cualquier ruido que escuchaba le daba esperanza.

“De pronto escuchaba helicópteros; ruidos que no puedo descifrar. Lo peor que me podía pasar era el silencio, era no escuchar nada. La mente me jugaba chueco y eso me hacía perder esperanza. Escuchar una voz, que nos hablara y nos preguntara nuestros nombres era algo así como ya estoy cerca”.

Cuando Lucía dejó los escombros atrás y pudo observar el edificio convertido en un acordeón no lo podía creer.

“¿Cuánto tuvieron que cavar para llegar a mí? No sabía que había pasado afuera al final. No sabía si todo el edificio había colapsado o solo un piso, pero finamente lo vi. El edificio estaba destrozado, era una suerte que hubiera salido con vida”.

A Lucía siempre la esperaron fuera de esas toneladas de cemento. Con chaleco y casco; acarreando decenas de botes de escombros, siempre estuvo su hermana mayor, Cristina.

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Cristina es lo único que tiene en el mundo. Sus padres murieron hace 16 años. Lucía no se permitiría dejar sola a su única hermana.

“No me podía permitir hacerle eso. No me podía imaginar el sufrimiento que tendría si me quedaba bajo el edificio. No podía rendirme. No podía morir”.

Lucía está convencida de que Dios no se la llevó porque tiene alguna “misión pendiente”. Dice que está buscando a quienes la rescataron. De muchos de ellos solo recuerda una voz.

“Cuando me estaban sacando bromeaban, me dijeron que les debería una comida. Tengo muchas comidas que pagar por mi vida. ¿Cómo no habría de cumplir?”.

En Álvaro Obregón 286, hasta el momento, han perdido la vida 38 personas. Otras 28, como Lucía, fueron rescatadas. Muchos más todavía siguen bajo toneladas...

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