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Miércoles , 12.12.2018 / 06:28 Hoy

La ilusión y las ganas de salir adelante lo llevaron a Canadá

Paco trabaja en los campos de arándanos de Alberta, Quebec. El clima y la distancia han sido los obstáculos que ha enfrentado, pero el amor de su familia y su deseo de construir su casa lo mantienen.
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Viajó casi ocho horas desde Quebec, Canadá a Torreón. Por siete meses estuvo trabajando en los campos de arándanos ubicados en Alberta, donde estuvo como jornalero agrícola. 

Francisco Javier Soto Chávez de 29 años originario del ejido Rosita, de San Pedro, Coahuila, muestra su emoción por ver a su familia.

Por años, se dedicó a la mecánica en el taller de su papá, fue por necesidad económica y el amor a su esposa e hijos, que tomó la decisión de irse a Canadá dentro del programa de Jornaleros Agrícolas. Juntó diez mil pesos para costearse el pasaporte, exámenes médicos y otros documentos y ser seleccionado.

Su primera vez en avión lo llevó al Aeropuerto de Montreal, su destino final fue la comunidad de Villeroy, Quebec, donde hizo tres horas de carretera. 

Las largas horas de espera en su regreso a Torreón en la Terminal 2 de la Ciudad de México, le permitieron recordar su experiencia.

“Trabajaba hasta 14 horas diarias, fue la necesidad y la oportunidad de vivir una nueva experiencia y la posibilidad de construir su casa para mi esposa y mis tres hijos lo que me llevó a Canadá “, recordó.

De mecánico en su natal San Pedro, ganaba de mil 500 a dos mil pesos a la semana cuando tenía trabajo, pero había momentos en que no tenía dinero en la bolsa. Ya tenía tres años queriendo irse a trabajar, pero no contaba con los recursos.

En Canadá, el paisaje lo cautivó. Tan sólo él y sus dos compañeros en la granja, compartían una casa donde tenían televisión, internet, lavadora, secadora y otras comodidades.

“Empezábamos a las cinco de la mañana y salíamos a las siete de la tarde, sólo dormíamos media hora en la jornada de 13 a 14 horas diarias”. 

Su primer labor fue la instrucción de tubería en los campos, luego la limpieza de ellos. 

Fue en septiembre cuando comenzó la cosecha de los arándanos. 

“Me tocó armar cajas y mover camiones que llevaban la fruta, en el área de empaque”.

Pero no todo fue comodidad y alegría. “Sí salen ampollas en las manos. La temporada en abril es muy fría, tienes que meter la mano en la tierra para meter la tubería como si fuera en una hielera, hay un dolor tan fuerte por el frío, lloraba y quería regresar a mi casa. Me dolían las manos por el frío del hielo, además el dolor en la espalda era insoportable”, recordaba.

Dice que le tocó con un compañero que le dio mucho apoyo y lo sacó adelante, "es de Veracruz, se llama Natalio, gracias a Dios y a él salí adelante”.

Allá sus jefes canadienses les tienen mucha confianza, los patrones no están detrás de ti, a diferencia de otras granjas, con él, eran tres trabajadores, son alrededor de 100 hectáreas, son 39 campos de arándanos. 

La temperatura que vivió “Paco” de menos diez grados centígrados, aunque la sensación térmica era de menos 14 grados. El hielo cubría al menos diez centímetros de las tierras.

Su jornada semanal era de 65 horas y el pago de 12 dólares la hora. 

“Con eso compras tu comida y lo que necesites y el resto lo envias a tu familia. Con lo que gané, liquidé muchas de las drogas que tenía. Vengo a construir mi casa, ya compré una camioneta”.

Paco mandaba el “chivo” a su esposa para manutención de los hijos, aparte abrió una cuenta para su ahorro. 

“Mi meta es empezar a construir mi casa llegando a Torreón, descansar unos días. Ya tengo terreno, es chico, nos lo dio mi suegra. Haremos los cuartos y los baños. Esperamos terminarla en semana y media, ya tenemos a los albañiles contratados”.

¿Cómo visualizas esa primera casa construida con tu dinero, tu esfuerzo y tu dolor, donde estará tu familia? 

“Es una historia que le tendré que contar a mis hijos, que la hicimos con mucho esfuerzo, batallas de amadre estar sin tu familia se sufre mucho, así que se tiene que notar a lo que fuimos".

Piensa volver en abril Canadá. Al momento de partir sus jefes le dijeron que estaban muy contentos con su trabajo y que ellos se comunicarían con las autoridades en México para su regreso.

“Quizás vuelva al taller mecánico de la familia, aunque posiblemente busque empleo en una maquiladora de costura, por el Seguro Social para la familia. Mientras estuvimos en Canadá, mi esposa se movió para el Seguro Popular. Yo tenía seguro mientras estuve en Canadá”.

El avión se retrasó más de lo previsto, en el vuelo de México-Torreón, Paco coincidió con Érika, otra joven lagunera que vio hace algunos años, la posibilidad de emprender una nueva vida en Canadá y ella hoy vive una vida exitosa. 

La ilusión y las ganas de salir adelante hicieron de este encuentro más allá que una coincidencia, una historia que viven miles de personas por ser ejemplo de vida y superación para muchos, en un país, en una tierra que no es la suya.

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