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La fayuca de La Rosita, una tradición de todos los martes

Desde las cinco de la mañana los comerciantes comienzan a instalarse. Entre un 'mar' de ropa, se puede encontrar lo que se necesita desde 10 pesos.
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Todos los martes, se llena de colores, ropa por montones adorna las calles de la colonia La Rosita en Torreón, donde desde hace años la fayuca se volvió una tradición para realizar las compras de ropa y chacharas. 

Entre gritos de ofertas y voces de aceptación, que en ocasiones son opacadas por el sonido del tráfico del bulevar Independencia, todos los martes desde las cinco de la mañana, los comerciantes comienzan a instalarse en la calle.


A lo largo de varias cuadras, toda una colonia es testigo de una de las tradiciones más arraigadas en la ciudad, pero de la que menos se habla, la venta de ropa nueva y usada.

Esta ropa es traída por comerciantes que suelen comprarla por paca, según señalan, la mayoría de procedencia extranjera, la cual extienden en mesas, cuelgan en ganchos y venden por pieza. 

Ahí, los laguneros pueden encontrar todo tipo de prendas, desde blusas y playeras con logos conmemorativos de alguna fecha, hasta chamarras, sudaderas o trajes de baño, durante todo el año, sin importar la temporada climática.


Con precios que van desde los 10 pesos por prenda, hasta los 100, la ropa del lugar se vuelve una opción económica para todas las familias, además los asistentes también pueden encontrar electrodomésticos, maquillaje, comida, bicicletas, artículos de despensa, accesorios para mascotas, juguetes, entre otros. 

Aunque los ciudadanos no tuvieran en su planes comprar algo ahí, los gritos de “a diez pesos le vale, a diez le cuesta”, “yo aquí compro caro y vendo barato",“¿Qué le gusta?, mirelo sin compromiso, deme 30 pesos por ella y lleveselo”, terminan por seducir al que pasa o molestar al que vive cerca, cualquiera que sea, los gritos logran su cometido, vender.


Los comerciantes parecen tener una grabadora por cuerdas bucales y luego de horas vociferando ofertas pueden levantar de nuevo el ánimo y el volumen de voz, todo con la esperanza de atraer nuevos clientes a un negocio que parece no ser afectado por el tiempo, la inflación o los precios cambiantes del mercado.

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