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Gorditas de cocedor, un manjar de tradición en La Laguna

Cada día desde las 05:00 de la mañana, la familia Lozano Chávez comienza con el proceso de preparación de uno de los platillos favoritos del paladar de la Comarca.
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Desde Lerdo por más de 20 años, la familia Lozano Chávez se ha dedicado a la venta de gorditas de cocedor, en donde diariamente un gran número de personas buscan deleitarse con este alimento tradicional mexicano. 

Teresa Lozano Chávez manifestó que junto a sus padres y hermanos, elaboran las gorditas día a día. 

Algunos se encargan de la preparación de los guisos, otros de prender el cocedor y otros de la realización de la gordita, para luego salir diariamente a las calles para venderlas. 

“Se preparan todos los días 50 kilos de masa y 10 de harina integral , de lunes a viernes, somos cuatro hermanas, mi mamá, mi papá y mi hermano más, ellos las cuecen y nosotros las preparamos”.

El trabajo inicia a las 05:00 de la mañana, cuando se prende el cocedor, se preparan hasta 18 kilos de chile para rellenar y se cuecen 2 kilos diarios de frijoles, chile verde, chile rojo para la salsa y el camote para las empanadas. 

El Dato.
Historia
La propietaria del negocio, Isidra Chávez, quien es apoyada por un tío y su padre, construyeron el cocedor para luego vender en una de las oficinas de gobierno “Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos”, sin embargo ante la demanda, actualmente se encuentran distribuidos en diferentes puntos de la ciudad.

“Yo me encargo de hacer las empanadas y el pan ranchero, mi otra hermana hace los guisos, otra prepara la masa de maíz para las gorditas y mi hermano y mi papá se encargan del cocedor, él saca y voltea y mi hermano coece y entre los dos calientan”. 

Para las 10:00 de la mañana ya está todo listo para la venta, por lo que cada integrante con una olla con cien gorditas y 25 panes se distribuyen en los diferentes puntos de Lerdo, en donde ya los esperan sus clientes, pues para la 1:00 de la tarde normalmente acaban con toda su producción. 

MÁS QUE UN NEGOCIO

Asegura que el negocio ha ayudado para la educación y alimentación de sus hijos, pues las ganancias que se obtienen las vuelven a invertir y ellos reciben un sueldo. 

“Siempre damos gracias a Dios porque es de aquí de donde sacamos para alimentar a nuestros hijos, yo tengo tres, mi hermana tiene uno y las otras tienes tres y cuatro, de aquí sale gracias a Dios, nos paga todos los días mi mamá, vuelve a surtir y al día siguiente es lo mismo”.

Comenta que muchas personas ya no esperan a que lleguen al centro a venderlas, sino que van y las buscan hasta su casa, ubicada en la colonia Armando del Castillo, en donde desde las 7:00 de la mañana ya hay personas haciendo fila.

“Han venido de Juárez, llevan para el otro lado hasta cien gordas, hay gente que de aquí mismo que van hasta la casa a almorzar temprano y llevan por grandes cantidades, ya tenemos nuestra clientela”.

Un negocio familiar consolidado, que inició ante la necesidad que tenían, pues recuerda que su padre, quien trabajaba en una empresa, se fracturó un pie y se tuvo que ser incapacitado.

Sin embargo, el pago era muy poco por parte del Seguro Social, mientras que su madre que trabajaba en casa por casi 12 horas, percibía un sueldo muy bajo, por lo que optó por construir su cocedor y hacer pan y gorditas, que a la fecha siguen vendiéndose y deleitando a los laguneros.

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