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El amor por los animales, su terapia antiestrés

Érika Núñez comparte su vida con "Bruno", un pug que ha sido su compañero durante 6 años. Y no duda en rescatar a más perros y gatos callejeros para encontrarles un hogar.
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Érika Núñez comparte el amor que le tiene a los animales, a los cuales procura cuando son maltratados o sin dueño, mientras cuida en su casa a un grupo de mascotas que resultan su adoración y toda una terapia antiestrés.

El amor por los animales nació y creció desde su niñez, a pesar de vivir en una familia que difícilmente permitiría incluso a un perro, ella sentía mucha atracción por cada ‘peludito’, como les llama de cariño a las mascotas que adopta y cuida.

Convive con cuatro perros, dos gatos y dos conejos, sin embargo su consentido es “Bruno”, un perro raza pug, el cual es para Érika “el rey de mi corazón”, sin embargo no duda en rescatar a perros y gatos callejeros para encontrarles un hogar.


“Bruno tiene conmigo seis años y lo adopté, pues en mi trabajo no podían cuidarlo y yo era la que lo paseaba, lo llevaba al veterinario y le daba de comer, hasta que decidí pedirlo antes de que lo regalaran a cualquier otra persona”, comparte Érika.

Considera que sus mascotas son su motivación principal y su motor de su vida pues “a veces mi vida es tan agitada, tiene sus problemas y hay mucha maldad, pero cuando llego a mi casa a veces cansada o triste, los veo a ellos y me regresan la alegría”.

Aprovecha cada concurso o festival para vestir a Bruno con peculiares disfraces, no se diga en su cumpleaños, en que organiza una fiesta y compra su pastel para perro.


“En su cumple le armo su fiesta y su pastel, invito a mis amigas para partirlo con Bruno y aparte del pastel para perro, le hago uno normal de pan, por eso está gordo, pero también está gordito de amor”.

Asegura que su perro preferido es amante de las fotografías y prueba de ellos es la infinidad de fotos que comparte Érika en sus redes sociales.

En cambio, acepta que cuidar a nueve mascotas a la vez resulta en ocasiones muy pesado y tiene un costo económico considerable, en cambio lo ve como una responsabilidad que realiza con gusto.

“Hay que limpiarles, lavarles, bañarlos, darles de comer, llevarlos al veterinario, pero lo hago con mucho gusto porque los amo”.

Tampoco niega el dolor que le causa la cantidad tan grande de animales en condición de calle y hace lo posible para conseguirles un lugar donde vivir, pero no en todos los casos se puede.

“Lo que he aprendido es que uno tiene que cuidar a los animales hasta donde nos permitan nuestras posibilidades, pues hay casos donde asociaciones se crean y al paso del tiempo la cantidad de animales y las responsabilidades los sobrepasan y empiezan a descuidarlos”.

Está consciente de la importancia que tiene la cultura de la esterilización para evitar la sobrepoblación animal en abandono en las calles, por lo cual invita a la ciudadanía a realizar esta cirugía que en ocasiones entra en campañas gratuitas por parte del ayuntamiento. 


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