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Martes , 25.09.2018 / 03:21 Hoy

Caravana bajo el sol, el camino hacia el 'Señor de Mapimí'

Crónica

En la tradicional búsqueda del Cristo milagroso, decenas de familias viajan en carretas por el sendero de la Flor de Jimulco.
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Miles de peregrinos y feligreses celebraron las fiestas del Señor de Mapimí en la Flor de Jimulco, con cantos cardenches religiosos dedicados al patrono de este complejo religioso.

Miles velaron, danzaron, rogaron y dieron gracias al santo patrono que atrajo turistas y fervorosos de todo México e incluso de Sudamérica y Estados Unidos. 

En estas fiestas se congregan desde mil 500 a dos mil personas, pero vienen más personas de las que se esperaban.  

El Cristo es llevado a través de una procesión con los creyentes y el grupo de danzantes. (Luis Carlos Valdés)

La principal petición es la salud, sus familias, la lluvia, por sus familiares que viven en Estados unidos y en otros estados de México

“Se está formando una especie de turismo religioso y cuyo fervor está creciendo año tras año, es ya algo popular y que la gente espera cada día 30 de agosto y vienen a Flor de Jimulco, que es donde emana un ojo de agua, por lo que le piden al Señor de Mapimí que sigan teniendo esa agua que le dotan de agua a sus domicilios”, explicó Guillermo Zamora Barrientos, párroco de la Iglesia María Madre de la Iglesia en el Cañón de Jimulco. 
El Dato.
Comunidades
Fieles procedentes de comunidades de La Ventana, La Mancha, 12 de diciembre, Juan Eugenio, Jalisco, San José del Aguaje, Jimulco, Flor de Jimulco, Río Escondido, La Trinidad, Flor de Mayo y Juan Eugenio, entre otras partes.

Las tradicionales carretas que llegan a hacer recorrido de hasta 30 kilómetros. 

El fervor lleva más de 303 años, esto por la forma en que fue descubierto este Cristo, sus características y lo que representa para la comunidad lagunera que comparten Cuencamé, Durango, así como Flor de Jimulco en Coahuila. 

PROCESIÓN

Una réplica de la imagen los recibe a la entrada de la comunidad, el sacerdote les da la bendición a los fieles con cantos y rezos mientras grupos de danzantes recorren a pie y en carreta varios kilómetros, también escoltados por experimentados jinetes montados en caballos de escaramuza.

La primera escala fue el campo de béisbol donde los danzantes y jinetes mostraron su devoción con diversos rituales y suertes a caballo en torno a la imagen del Señor de Mapimí. 

Las pintorescas galeras se acomodan alrededor del templo, pues permanecieron ahí hasta el día siguiente, velando a lo largo de la noche al santo patrono. 

Al entrar al templo, los fieles se forman hasta el altar frente al que es colocada la imagen del Señor de Mapimí, se acercan a besarlo, ahí reciben un cordón bendito, que tradicionalmente los hermanos de la cofradía colocan a cada persona en la muñeca como símbolo de su adoración, aunque sus colores no tienen mayor significado, según explicó uno de los ministros.

En la iglesia, los creyentes comienzan a abrazar y besar al Cristo. (Luis Carlos Valdés)

“Para mí es toda una tradición desde que comenzaron los cimientos de esta iglesia el venir a cantarle cada año, estos cantos son muy tradicionales, tenemos un libro que era de nuestro padre que tiene desde 1943, él era muy devoto y toda la familia", coincidieron María Magdalena Reyes Ortiz y Celso Reyes Ortiz, originarios de La Ventana, Coahuila, quienes mantienen la tradición del canto cardenche que heredaron de sus padre. 

La construcción de esta iglesia del Señor de Mapimí en Flor de Jimulco data de 1997, a donde se asciende los devotos, subiendo por 78 escalones al estar ubicada en lo alto de un cerro, a aproximadamente 300 metros de altura. 

TESTIMONIOS

“Tengo que venir a rezarle al Señor de Mapimí, tengo que hacer la lucha de caminar”.

Emilia López de la Cruz, originaria de la comunidad de Las Trocas, junto a Barreal de Guadalupe, sube con el andador que usa desde hace dos años, apoyada con su familia para impulsarla a seguir adelante, quien apenas ronda los cincuenta años, agitada por el esfuerzo, el cansancio y el dolor, subió por ese camino pidiendo el alivio de sus pies. 

Sus hijos la impulsan, pero la fe al Señor de Mapimí, es lo que le permite ir subiendo escalón por escalón. 

El café, los tamales, las pláticas entre viejos, el juego de cartas, los niños llorando, otros jugando, muchos más rezando y cantando al interior de la iglesia. 

La horas pasaron, el frío por momentos hizo mella, otros dormían, y algunos se organizaban para levantar la basura que ante la falta de depósitos adecuados y de cultura, se tiraba en el piso.

Ya era jueves por la mañana, se celebró la misa para dar por terminada la fiesta a este Cristo. Nadie quería irse. 

La gente quería seguir tocando la imagen, el canto cardenche volvió a hacerse presente, a una sola voz, mujeres, hombres, niños, jóvenes, cantaron a manera de lamento estremecedor: 

“Adiós...adiós, adiós mi Jesús querido. Mi Señor de Mapimí...”.

CARAVANA BAJO EL SOL 

Los caballos son alimentados con agua y alfalfa para que por largos kilómetros, soporten el frío y calor. Trasladan las carretas que llevan a las familias procedentes de varias comunidades de la región de Jimulco.

Hombres, mujeres y niños sobre pintorescas galeras, alimentados por el fervor y la devoción que les genera este Cristo milagroso

Existen personas que llevan décadas realizando esta costumbre. (Luis Carlos Valdés)

“Ya tenemos varios años viniendo, lo que le pedimos es que nos dé salud, que nos ayude con nuestra familia, nuestros hijos, que nos quite la enfermedad, el Señor de Mapimí es muy milagroso, este es el mismo sea en Cuencamé, el de aquí de Flor de Jimulco, si nos oye, aunque no estemos aquí, pero le rezamos, sí nos oye, tenemos muchos años viniendo”, señaló María Torres proveniente de la comunidad de San José de Zaragoza, quien descansaba con su hija en la carreta que prepararon desde días previos. 

“Somos de San José, municipio de Simón Bolívar, Durango. Tenemos ya cuatro años viniendo. Venimos a visitar al Señor de Mapimí, porque él nos ha hecho todos los milagros que le pedimos, como cuando nos ponemos malos, le rezamos: Señor de Mapimí, nosotros seguimos pidiendo y estamos contigo donde quiera”, señalaron sobre su carreta la familia compuesta por Francisca Cardoza, José Dolores Saldaña y sus hijos Brayan y Estrella. 

Acompañada de su esposo e hijos, la familia se prepara desde un día antes, se trae alfalfa para que el animal siga caminando, salieron a las siete de la mañana en carreta por el ejido Jalisco, transcurrieron casi tres horas hasta que llegaron al recinto religioso.

“Si está durito el camino pero vale la pena”.  Ella es ama de casa y él trabaja un pequeño hato de chivos. 

La falta de agua es uno de sus grandes problemas que enfrentan.

“Si hay frijolitos comemos, agua no tenemos, el tanque de agua de 200 litros nos la venden en 20 pesos, pero a veces tiene uno y otras no. Le pedimos también que traigan la bomba de agua para tener que tomar. Por eso le pedimos a Dios que nos ayude”, concluyó.

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