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Los Otros Desaparecidos han hallado ya 20 cuerpos

Este grupo de madres, esposas y hermanas surgió dos meses después de la tragedia de los 43 de Ayotzinapa, pero, a diferencia de las familias de esos jóvenes, ellos buscan a más de 500.

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Era el cumpleaños de “María” cuando sonó el teléfono para avisarle que ya habían identificado el cuerpo de su esposo. Hace seis años, cuando lo desaparecieron, él trabajaba como policía en el municipio de Iguala, Guerrero. Un grupo de hombres detuvo el taxi en el que viajaba, lo bajaron y se lo llevaron. Así lo relató el taxista que nada pudo hacer.

En febrero de 2017 “María”, nombre ficticio de quien prefiere el anonimato, recibió la llamada del Servicio Médico Forense para que fuera a recoger los restos de su marido.

“Me sentí triste por mis hijos, porque ellos esperaban a su papá de otra manera, que no estuviera muerto, lo querían vivo, pero pues desgraciadamente no fue así”, platica.

La de ella es una de las 20 familias del colectivo Los Otros Desaparecidos de Iguala que, tras años de búsqueda e insistencia ante las autoridades ministeriales, han logrado recuperar e identificar los cuerpos de 20 seres queridos para darles una sepultura, para dejar de esperar.

Este 21 de noviembre, el grupo de madres, esposas y hermanas, encabezado por Adriana Bahena, cumplió tres años de haberse conformado. Surgió dos meses después de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, pero a diferencia de las familias de esos jóvenes, Los Otros Desaparecidos buscan a más de 500 personas.

En estos tres años fueron ellas y ellos, los miembros del colectivo, quienes hallaron esa veintena de cuerpos en fosas, porque ninguna autoridad lo hizo.

“Yo siempre he dicho: si realmente les interesara encontrar a los desaparecidos, no únicamente a los de Ayotzinapa, sino a todos aquellos que han ido a tocar puertas a la PGR, a la fiscalía del estado, se atrevieran a echar el libro hacia atrás (alude a la revisión de expedientes que hace falta) y se atrevieran a buscar desaparecidos desde 2000, 2004, 2005, se iban a dar cuenta de muchas cosas y muchos cuerpos y muchas personas ya hubieran sido encontradas, pero únicamente buscan por encimita, no le quieren rascar abajo, porque saben que van a encontrar muerte y pudrición”, reclama Adriana Bahena con tono de voz severo. Esta mujer busca a su esposo desde hace siete años.

Ese es el reclamo que siempre tienen Los Otros Desaparecidos: que a ellos nadie les abre las puertas como a las familias de los normalistas de Ayotzinapa.

“Así como la CNDH tiene una oficina para darle atención al caso de Ayotzinapa, el procurador recibe a la gente de Ayotzinapa y ven todo lo que están haciendo en sus avances, ¿por qué no se han atrevido a voltear a los otros desaparecidos, que no buscan a 43, buscan a 500 desaparecidos? Como que nosotros ya nos cansamos. Si nosotros vamos a tener que hacer acciones fuertes, las vamos a hacer”, advierte en referencia a las protestas de la gente de Ayotzinapa.

El grupo de Los Otros Desaparecidos se reúne cada martes en un terreno baldío de las afueras de Iguala para conocer los avances de la fiscalía estatal y de la Procuraduría General de la República en la búsqueda e identificación de sus familiares. En los próximos días esperan poder recibir a otros diez cuerpos que ellos mismos también hallaron en otras fosas y que están en proceso de identificación. Pero la tristeza y el enojo persisten:

“Es triste porque desafortunadamente te acercas a PGR y te dice ‘no hay recursos para búsqueda’, cuando nosotros hemos hecho el trabajo. Y después, tristemente tú llegas a Periciales porque te van a entregar un cuerpo y te dicen ‘son los cuerpos que encontramos’. ¡No, no son los cuerpos que encontraron, son los cuerpos que el colectivo les puso en la mesa para que ellos únicamente trabajaran en identificarlos!”, dice, furiosa, la activista.

A tres años, el colectivo ha presentado 325 denuncias de desaparecidos ante el fuero federal y ha dado cuenta de 158 osamentas encontradas, las cuales pusieron a disposición de la PGR para obtener los dictámenes necesarios a fin de hacer el comparativo con el ADN de las 500 familias del grupo.

Mientras la búsqueda sigue, también persiste el miedo de que ese algo que se lleva a los jóvenes se siga ensañando con la gente de Iguala. Así lo dice Antonia Torres, quien aún espera a su hijo Francisco. Ella logró recuperar los cuerpos de otro de sus hijos y de su esposo.

“Ya me da miedo dejar a mi muchachito de 14 años que está estudiando y a una niña. Me da miedo no porque la deba, me da miedo la inseguridad que hay, vivo con ese miedo”.

Epifanía Macedonio cuenta su historia de forma peculiar:

“Así como encontré a mi hijo, también quisiera que todos mis compañeros del colectivo encontraran a sus familiares, porque es una pérdida muy grande que tiene uno, buscando a los hijos, y como una basurita encontrándolos”, dice Epifanía, quien pudo recuperar el cuerpo de uno de sus hijos. Cuando la PGR se lo devolvió, estaba cortado en pedazos.

“Me entregaron a mi hijo por pedacitos. Me dijeron los de la PGR que si iba a resistir cómo iba a verlo. Yo le dije sí, quiero verlo bien, todo su cuerpo. Me enseñaron parte de su cara. Vi su cara. Le dieron un balazo en la nariz. Le perforó el ojo y le floreó la cabeza. De ahí, vi lo demás, sus costillas las tenía rotas. Le cortaron un pedazo de su pie derecho, también del otro pie. Sus brazos, también por pedazos. Por pedazos encontré a mi hijo, nada más que me lo formaron otra vez para que estuviera en su ataúd. Pero yo le doy gracias a Dios porque me dio muchas fuerzas para reconocerlo y tenerlo”, dice resignada.

Estas son solo algunas de las historias del colectivo Los Otros Desaparecidos...

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