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Martes , 23.10.2018 / 20:46 Hoy

“Los mexicanos aprendimos a ayudarnos”

Tres historias, tres vivencias del sismo del 85. En ese entonces un estudiante de medicina, un economista y una secretaria narran lo que vivieron esa mañana del 19 de septiembre.

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Después de la tragedia del 19 de septiembre de 1985 muchos dejaron sus actividades cotidianas para ayudar a sus amigos, vecinos, familia y también a desconocidos.

Los estudiantes de medicina se convirtieron en socorristas, médicos, químicos, arquitectos, albañiles y hasta sepultureros. Alumnos de primaria, secundaria, preparatoria y universitarios fueron voluntarios. Llevaban agua, comida, limpiaban calles, cargaban cubetas con escombros, juntaban latas, todo para ayudar a la gente que más lo necesitaba.

"Sólo había 14 carros en un estacionamiento para 400"

Antonio estudiaba el segundo semestre de la carrera de Medicina en la UNAM. El día de sismo entraba a la 8 a su primera clase. "Embriología era a la clase que tenía que llegar, para mi buena suerte mi papá me había prestado el carro".

"Salí antes de las 7, tomé como siempre las Torres. No me di cuenta de que había temblado, escuchaba W FM, cuando se fue la señal. Mientras avanzaba sobre la avenida me percaté que había varias bardas caídas. Pero nadie decía nada, la radio nunca captó una señal".

Al llegar a Ciudad Universitaria se percató que el estacionamiento de la facultad estaba vacío. "Cuando mucho 14 o 20 carros, cuando a esa hora ya no había donde estacionarse".

Poco a poco iban llegando los compañeros y nos explicaron lo que estaba pasando en la ciudad. Un fuerte sismo se había sentido, el centro era la zona más afectada.

"Al salón solo llegamos 4 personas. A muchos les había agarrado el temblor en el Metro. Hasta la 11 nos dieron el aviso que se suspendían las clases, hasta nuevo aviso, sin embargo, al otro día en la Facultad se habían organizado brigadas para ir ayudar a la gente".

"Como yo era de los que traían carro nos tocó clasificar medicinas, analgésicos, bolsas de medicamentos y buscar bolsas para los cuerpos que iban rescatando.

A la camioneta de mi papá, una American guinda, le pintaron en los vidrios cruces blancas, con pintura de zapatos, para que identificaran que era la que llevaba medicinas y bolsas. Otros compañeros, fueron ayudar a sacar gente entre los escombros. Lo que nos pedían era que los apoyáramos para ir de una zona a otra. A mí me tocó ir a la zona centro y a San Antonio Abad".

Han pasado 30 años, pero Antonio todavía recuerda el ir y venir para ayudar a la gente, dos de sus compañeros perdieron sus casas porque vivían en la zona centro.

"Tenía que sacar a mi novia"

Gustavo vivía en el norte de la ciudad y su novia en el multifamiliar Juárez, en la colonia Roma.

"Yo sabía que tenía que llegar a la escuela, estudiaba el segundo semestre de Economía en la UNAM, pero cuando pasó el temblor, en la primera persona que pensé fue en mi novia Claudia y en mis amigos que vivían en el famoso multifamiliar Juárez, decían que se había caído. Cuando llegué a Centro Médico no se veía nada, pura tierra, polvo, bruma.

"No podías ni respirar. En el camino me encontré con dos amigos, ellos me confirmaron que el multifamiliar se había caído. Así que nos fuimos hacia una ferretería que estaba en Cuauhtémoc y San Luis Potosí".

Él y sus amigos rompieron la cortina para sacar palas, martillos, todo lo que nos pudiera servir para ayudar a sacar a "nuestros cuates, que en esa época se vuelven tus hermanos".

"Fue duro y triste, porque por más de que quitabas lozas, tabiques, parecía una eternidad poder llegar, además no estábamos seguros si había gente viva, por lo mismo hacíamos todo con mucho cuidado, con la esperanza de poder encontrar a alguien con vida, porque además, al ver todos los escombros, no podías recordar cómo era ese edificio, la memoria te fallaba".

Gustavo pasó más de 12 horas buscando a su novia y a la familia. Encontró a uno de sus cuñados, a su suegra y al final a Claudia. No se casaron pero siguen en contacto.

"Iba a dejar a mi niña a la guardería y nos tocó en el metro"

La señora Carmen era secretaria en Hacienda e iba camino a su trabajo cuando empezó a temblar.

"Mi esposo dejaba al niño en la primaria y yo a la niña en la guardería que estaba en la calle de Mesones, las oficinas estaban muy cerca de edificio de Pino Suárez, donde estaban los juzgados. Del Metro nos bajaron en Salto del Agua, de hecho se había pasado dos estaciones, pero no dijeron por qué. Cuando salí hacia el Eje Central, no se vía nada, pura tierra la niña estaba dormida, la traía en su canguro".

La gente corría de un lado para otro, sirenas de patrullas, ambulancias, largas filas en los teléfonos. Estaban todos desesperados por comunicarse con sus familias.

"Le pregunté a un policía qué había pasado y sólo me dijo 'se acabó la ciudad señora'. No entendí lo que quiso decir. Yo sólo supe que traía en mis brazos una niña de 7 meses que se despertó por el ruido de las ambulancias.

"Me regresé hacia el metro para irme a mi casa en la colonia Moctezuma y me dijeron que el servicio se había suspendido. Empecé a caminar esperando un taxi, un camión, lo que me sacara de toda esa zona. Fui primero hacia Fray Servando y me dijeron que estaba cerrado el paso a desnivel porque se habían caído los juzgados. Seguí sobre Eje Central, edificios caídos, casas caídas, gente llena de polvo".

En Avenida del Taller un taxista la subió. En el camino vio más edificios caídos.

"Un señor estaba por La Viga parado y le hizo la parada al taxista. Él me preguntó si me molestaría ayudar en caso de que fuera hacia dónde íbamos. Le dije no señor, adelante. Cuando paró el carro ya le dijo que iba para San Lázaro y le dimos 'un aventón' hasta Congreso".

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