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Sábado , 26.05.2018 / 20:40 Hoy

“Lo veías (a Fidel Castro) y era imponente, pero un buen tipo”

El entonces mandatario de la isla trajo su cocinero, médico y hasta torcedor de puros,por seguridad, ante la constante amenaza de sufrir atentados, recuerdan en hotel tapatío.

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Víctor Hugo Ornelas

José Eustaquio Medina Pinal, se enteró de la muerte de Fidel Castro a través de las noticias en televisión y un texto que recibió vía telefónica, "Fidel Castro ha Muerto", un mensaje que digirió de una manera que quizá no esperaba, o probablemente ni siquiera había pensado, pero en ese momento, la imagen que asaltó su memoria, fue una que se remontaba 25 años atrás, cuando, también sin esperarlo, pudo estrechar la mano del revolucionario, del dictador, del comunista, del líder, de Fidel.

En 1991, José Medina cumplía sus primeros cinco años como empleado del Hotel Camino Real, al mismo tiempo, se pactaba una cumbre Iberoamericana con sede en Guadalajara, en la que participaron personajes como Carlos Menen, Violeta Chamorro y Fidel Castro, mandatarios de Argentina, Nicaragua y Cuba, respectivamente.

El hotel fue elegido por el Estado Mayor para dar el servicio de alojamiento a los mandatarios ya citados y a otros tantos más; el mismo Estado Mayor se encargó de impartir algunos cursos al personal que ahí laboraba, "básicamente nos pidieron que fuéramos respetuosos, cuidadosos, dieron algunas recomendaciones", señaló José Medina, que en ese momento era mesero del que hoy lleva por nombre Restaurante "María Bonita", y en donde actualmente ocupa el cargo de capitán.

En el recibimiento a Fidel y los otros presidentes, participó todo el personal del hotel, quienes hicieron una valla humana a lo largo del pasillo, y cuando llegó el momento, saludaron con un gesto de amabilidad al cubano, que portaba un traje sastre en color gris en tono oscuro; y que de alguna manera intentó regresar el gestó mirando hacía la fila de empleados y moviendo la mano sin detener su paso.

Castro permaneció en el hotel casi una semana, la relación con el personal fue prácticamente nula, algo que ocurrió debido a los protocolos de seguridad tan estrictos a los que lo sometían sus guardias personales, "traía su propio médico, su cocinero, sus guardaespaldas, a veces nos pedían alguna porción de arroz blanco y frijoles negros", señaló José Medina, y detalló que "la comida se la preparaban sus cocineros en presencia del médico, ocasionalmente pedían también café o jugo, pero nosotros lo entregábamos a su personal, nunca nos acercamos a él", incluso, Castro viajaba con un "torcedor de puros", aunque nunca lo vieron fumando en el hotel.

Las reuniones personales del Fidel Castro durante su estancia en Guadalajara se hacían en su habitación, cuando salía para cumplir con la agenda de la Cumbre Iberoamericana, portaba su emblemático uniforme militar en color verde, para evitar el andador principal donde los enjambres de reporteros asediaban, Castro y sus escoltas cruzaba por el restaurante, "en una de esas, un reportero vio que venía por esta parte del restaurante y corrió, le puso la grabadora en la boca, así muy cerca, yo me imagino que quiso ganar la noticia, pero no le salió bien, luego, luego los guardaespaldas le picaron las costillas (el reportero) y lo quitaron casi cargando del paso", comentó el capitán de meseros como una de las anécdotas de aquella visita.

De recuerdo, José Medina guarda un gafete especial que les otorgó el Estado Mayor para acreditarlos, "con ese nos abrían el paso en cualquier filtro de seguridad, sabían que teníamos que estar atendiendo a los presidentes invitados", comentó.

Sin embargo el mejor recuerdo lo tiene en el tacto de su mano derecha, en aquella ocasión en que Fidel Castro bajó de su habitación junto con todo el personal que le acompañaba, para marcharse a su Cuba querida, y al igual que para la bienvenida, el personal preparó una despedida en el pasillo. Fidel "caminó por el andador y ya lo vimos que se iba, entonces nos regresamos para el restaurante y en eso nos dimos cuenta que él también se regresaba, vino aquí con nosotros y nos dijo – Muchas gracias por la atención - y nos estrechó la mano con una sonrisa", recordó con gustó José, que dice haber contado esa anécdota a sus hijos y algún día lo hará con sus nietos, "Tu lo veías y era imponente, pero un buen tipo, se acercó y sonrió, fue agradable, me inspiró confianza, lo vi muy sereno".

Cuando se enteró de la muerte de Fidel, nuestro entrevistado sintió "algo raro", pero en ningún momento indiferencia, "para mi conocerlo fue un bonito recuerdo, sí sientes algo raro, algo, porque de alguna manera lo conociste", mencionó, y dijo que sí le gustaría conocer Cuba, un país que dice no saber qué tan distinto pueda ser tras la muerte de Castro, pero que indudablemente, un país que ha vivido y vivirá con una asociación, no se habla de Cuba sin mencionar a Fidel, y no se charla de Fidel, sin mencionar a Cuba.

SRN

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