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Miércoles , 20.06.2018 / 14:16 Hoy

Legado de un paisaje de nostalgia: Sulfatos de Viesca

La empresa que en sus buenos tiempos tuvo hasta 400 empleados en su plantilla laboral, ahora luce en pésimas condiciones y en ruinas pero que no dejan de ser majestuosas.

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Cecilia Rojas

Un yermo paraje se yergue en Viesca, altivo y bajo el sol, mostrando las ruinas de una empresa que en sus buenos tiempos brindó impulso económico a este municipio,cuya cabecera fue nombrada Pueblo Mágico el 28 de noviembre de 2012.

Sulfatos de Viesca tuvo en su plantilla laboral en los buenos tiempos, hasta a 400 empleados que además de un trabajo digno, contaban con excelentes prestaciones laborales.

Don Carlos Mariano Guzmán Madariaga es el Cronista Adjunto de la casi tres veces centenaria Viesca. Además, laboró allá por los 60 en la empresa, de la que quedan recuerdos y restos que están en pésimas condiciones, pero que aún así, son majestuosos.

Comenta en base a sus recuerdos: "En 1952, se instaló la planta Sulfatos de Viesca con un capital de diez millones de pesos. Vinieron inversionistas de la Ciudad de México y el presidente de la administración era don Cayetano Blanco".

Fue boyante. Al principio se dedicaban tan sólo a la producción de sulfato de sodio, materia prima que se usa en la industria del papel y los detergentes, en tiempos en que ambos materiales eran altamente necesarios. La veta que proveía la materia prima, rocas llamadas huesos, se ubica en Valle Colorado, a unos ocho kilómetros de Viesca.

De esas piedras sacaban salmuera. La planta se amplió en los años 60 y también se comenzó a facturar cloruro de sodio.

Al menos cinco procesos se seguían para poder extraer de la riqueza del suelo un producto utilitario. [OBJECT]La marca de la sal tiene una hada en su imagen y fue inventiva del señor Gumersindo Salazar, recién fallecido, quien poseía una extraordinaria creatividad y capacidad, generando así incluso un atractivo juego de palabras.

Don Carlos Mariano comenzó a trabajar en Sulfatos en el área de laboratorio, donde conoció a su esposa y formó una familia. Comenta que la salmuera llegaba a través de pozos profundos a razón de 120 galones por minuto.

Parte del encanto de este lugar, es una vasta llanura blanca, que corresponde a los residuos del sulfato y el cloruro. Este producto es alto en magnesio y el paisaje se corresponde con una especie de sueño, con un cielo prístino y claro, con montañas de otras tonalidades azules.

Hay muchas anécdotas, por que vino mucha gente de fuera a trabajar en aquella bonanza. "Un ejecutivo aceptó el trabajo acá. El ubicó a esta población entre la Laguna de Viesca y la Laguna de Mayrán", señala el Cronista.

Así que el profesionista llegó con su automóvil, su remolque y una lancha, por que le gustaba la pesca. Después ya le explicaron que esas lagunas sí habían existido pero que ya no estaban ahí.

Sulfatos de Viesca siguió trabajando y su declive llegó hacia los años 80, cuando la economía mundial y nacional colapsaron.

Además, señala el cronista, el descubrimiento de un yacimiento de sal marina que era más fácil de extraer, trajo la hecatombe del in.

Hacia los 90 fue el tiro de gracia, pues el ferrocarril dejó de pasar por Viesca. Era un medio de transporte que llevaba insumos diversos, como el combustóleo, primordial para las calderas de vapor usadas en el proceso.

"Los asesores del sindicato no sabían la realidad de lo que pasaba en estos lares. Exigían demasiado. Por ejemplo la semana laboral era de 40 horas, cuando en general es de 48 horas, comenta don Carlos. Un sueño para todo trabajador, pero incosteable para una industria que iba en picada. Otras situaciones, como el asalto ocurrido contra la nómina completa, y que dejó colapsada la economía de la fábrica y de la región,[OBJECT] terminaron de matar el sueño. Sulfatos cerró. Y durante un tiempo se conservó el lugar relativamente bien".

"Yo me fui a vivir a Torreón, pero venía con frecuencia. En una de las últimas veces que fui a Sulfatos, daban ganas de llorar. Está completamente destruído". Y así es No queda nada de la casa donde vivía el gerente, parte de las prestaciones para los trabajadores.

Sabe Dios como han hecho para ir terminando con esas estructuras construídas en los años 50 y 60, que además eran de hermosa factoría.

Quedan aún dos torres, unos silos e incluso queda en pie una especie de concha que albergaba la imagen de San José Obrero, patrono de los trabajadores. Destaca don Carlos que hay personas que llegan y se llevan la varilla para el kilo, desmontando así una parte de la historia de La Laguna.

En su vocación turística de Pueblo Mágico, Viesca aún puede darle uso a un lugar en el que pasaron cientos de historias. Más recientemente, las ruinas de Sulfatos fungieron como locación para la película "Rescatando al Soldado Pérez", y se realizó en sus instalaciones una performance con artistas de Coahuila.

"La gente puede venir a Vieca, quedarse dos o tres días en el hostal. Se pueden dar la vuelta por Sulfatos, ir a las Dunas de paseo, y visitar la Hacienda de Santa Ana de Hornos, donde hay arte sacro de primer nivel".

Un plus: la gente de este lugar es cálida. El aire es limpio, en la plaza se oye el canto de los pájaros y la cordialidad y la calidez serán siempre un atractivo que no en muchos lugares se tiene.

Ojalá que este lugar tan peculiar, no se quede en el olvido y se hunda en mayor destrucción. Depende de las autoridades y de los ciudadanos, el que se pueda recobrar, al menos, un poco de aquel resplandor industrial viesquense.

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