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Domingo , 19.08.2018 / 12:51 Hoy

Lagunero dona 'carrito' para niños damnificados

David, un vigilante del ejido Albia, llegó al centro de acopio montado por Ricardo Villarreal en Ampliación Senderos y preguntó si podría dejar un juguete, ya que era lo único que tenía de sobra.  

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David Luna Sánchez va caminando por la Antigua Carretera a San Pedro, pasa justo frente al Colegio Nueva Laguna ubicado en Ampliación Senderos, las arrugas en su rostro, su piel curtida por el sol, sus manos aterradas, dan muestra de un trabajo duro, quizás al aire libre, quizás de campo.

Lleva una gorra verde y camisa azul, además de la tina maltratada, carga una pick up Monster Truck a escala.

Tímido y casi con miedo pregunta a un servidor: "Disculpe, ¿en este lugar aceptarán este juguete?". David Luna, de oficio vigilante, se refería a un centro de acopio instalado por Ricardo Villarreal en ese punto.

Pasó frente a ellos, que iban y venían con víveres y otros insumos y los empaquetaban en sus respectivas cajas. “Véngase, vamos a preguntar, no creo que le digan que no”.

Y así fue.

Más que rechazarlo, Ricardo Villarreal, sus amigos y familia se conmovieron por el gesto de David, quien no donó lo que le sobró, donó algo que pudo haber vendido para llevar más dinero a casa o darle más alegría a sus nietos, pero prefirió darlo a los niños damnificados por el sismo.

“En mi trabajo me obsequiaron este carrito para mis niños, son mis nietos, pero son chavitos que se van a pelear mucho, ellos tienen todo aquí pues mejor lo mandamos para allá con niños que necesitan más apoyo".

"Soy empleado como vigilante, mis nietos están bien, ellos tienen todo”, aseguró, quizás sabiendo que ese todo, es sólo lo básico con lo que pueden subsistir.

”Yo quiero que se motiven esos niños que no la están pasando bien. Ando fregado, no tengo dinero para darles ni para comprar cosas, pero si les sirve este juguete, pues se los regalo. Ya con el tiempo, si hay dinero y hay la posibilidad, podremos ayudar más”.

Habitante del Ejido Albia, normalmente se maneja en bicicleta, en camión hace más de treinta minutos, en bicicleta son alrededor de 40 minutos.

“Son dos cuatitos, son hijos de una hija. La otra vez las compré un balón para que jugaran, pero se pelean entre sí, quieren todo para ellos y pues le tuve que comprar un balón también al otro nietecito. Me pagan por semana, pero entre toda la familia vamos saliendo adelante".

"Ellos gracias a Dios no tienen necesidad, tienen todo, se ve muy mal yo me siento muy mal de no poder ayudarlos, acá pues no tenemos ese tipo de tragedias, acá puro polvo y algo de lluvia”, lamentó.

rcm

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