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Domingo , 21.10.2018 / 22:53 Hoy

La Guadalajara que se disfruta transitar

Con la mayor parte de sus calles y avenidas vacías y cientos de comercios cerrados, la ZMG es hoy un mar de asfalto en calma.


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Con la mayor parte de sus calles y avenidas vacías y cientos de comercios cerrados, la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG) es hoy un mar de asfalto en calma. Uno que se disfruta transitar a pie o en bicicleta y, cosa increíble, hasta en vehículo.

“Siete minutos es mi nuevo récord. De la casa al trabajo”, presumió Ignacio a través de las redes sociales. No hay tráfico. Al menos no en la mayoría de avenidas que suelen atestarse, donde casi todo el día se ha vuelto hora pico, como Belisario Domínguez al oriente de la ciudad, que hoy fluye rápido con todo y el corte que, casi a su término, se reduce de cuatro a dos los carriles de circulación por las obras del tren ligero sobre la avenida Revolución. Esta última, un fantasmal desierto de pilotes, por donde pasará la nueva ruta algún día.

En la confluencia con calzada del Ejército no hay mayor movimiento, ni trabajadores, ni el ‘banderero’ dando el paso a los vehículos. Evidentemente muchos menos que de costumbre. Lo que permite admirar el ancho de las vías y lo ágil que podría ser la movilidad con un millón de automotores menos circulando.

Es Viernes Santo. A no ser por las tiendas de conveniencia y farmacias de franquicia la mayoría de los comercios están cerrados. Tampoco hay puestos de tortas ni de tacos. Apenas un solitario joven que salta del camellón ofreciendo una bebida energética que promete levantar el ánimo por 10 pesos.

Esa sensación de ciudad vacía, es descanso puro para la vista y los oídos. Se escucha un repentino vendaval, y a lo lejos el ruido de una sirena y de algún motor desafinado. En Circunvalación el silencio lo rompe un auto azul encendido con música de reggaeton a todo volumen, que para fortuna del resto pronto arranca y se pierde.

La gente se adapta al modo de este día. Camina sin prisas y cruzan las calles sin temor a ser arrollados en la esquina. Los únicos sitios que rompen este esquema son las parroquias de barrios y colonias, a cuyo alrededor hay mayor movimiento por los ritos religiosos que conmemoran la muerte de Cristo. Es Viernes Santo, y las señoras más piadosas juran que hasta el viento se acalla en punto de las tres.

Luego volverá el ruido y la ciudad despertará de su letargo, de a poco, para seguir disfrutando del asueto, en una ciudad de calles vacías, que bien valen el paseo.

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