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Sábado , 23.06.2018 / 05:21 Hoy

La emergencia en Xochimilco: escombros y solidaridad

El pueblo de San Gregorio en Xochimilco, al sur de la ciudad, fue uno de los más afectados y luego de un llamado en redes sociales, brigadistas, voluntarios y víveres inundaron la localidad. 

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Mariana R. Fomperosa

Después de siete horas de camino, decenas de centros de acopio improvisados y ver pasar cientos de voluntarios y brigadistas a bordo de camionetas tipo pick-up o motos, pudimos llegar al pueblo de San Gregorio en Xochimilco, una de las localidades más afectadas por el sismo magnitud 7.1 que sacudió a la Ciudad de México el pasado martes 19 de septiembre de 2017.

Periférico Sur, a la altura del Tec de Monterrey Campus Ciudad de México, otra de la zonas de desastre en la ciudad, se convirtió en un estacionamiento luego de que cadenas humanas, formadas en su mayoría por jóvenes, recopilaban los víveres que gente de diferentes delegaciones llevaba a Xochimilco. Ahí, se llenaban camiones que completarían el trayecto hasta San Gregorio.

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Puntos como ése encontramos en diferentes zonas. Uno de la explanada delegacional y uno más en el Deportivo de Xochimilco. En el pueblo de Santiago, muy cerca de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, había un centro de acopio más que acababa de enviar un camión con víveres a los damnificados en Morelos.

Conforme nos acercábamos al pueblo de San Gregorio, pese al complicadísimo tráfico, los coches y camionetas adornadas con pancartas que anunciaban que llevaban víveres se hacían cada vez más hasta que en el pueblo de Santa María Nativitas - dos antes de San Gregorio- muchos tuvieron que hacer una caminata de cerca de 90 minutos.

Mientras la noche caía, las calles se llenaban de personas que cargaban palas, picos, cascos y palas que planeaban usar para ayudar en los rescatesque,regresaban a pie o a bordo de camionetas al centro de Xochimilco. “Nos dijeron que nos regresáramos. La verdad ya hay mucha gente allá”, nos dijo un chico que acudió a Xochimilco con la idea de ayudar pero que, ante la saturación de manos en San Gregorio, regresaba para dirigirse a Topilejo, donde le habían dicho se necesitaba la ayuda.

[El antes y después de un edificio enfrente de la Iglesia en San Gregorio, Xochimilco]

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Avenida México, una de las calles principales de San Gregorio y en donde se encuentra el mercado estaba repleta de gente. Personas buscando algo de comida, otros más ofreciendo meriendas, agua, cubrebocas y cientos de motos y camionetas de carga con víveres.

Fue así como nos encontramos con la familia Izquierdo y Ortiz, quienes viajaron desde la delegación Álvaro Obregón a bordo de un camión especial para repartir dos mil tortas, 30 kilos de tortillas y diferentes tipos de guisado que ofrecían a la gente que lo necesitaba.

Pero ellos nos fueron los únicos. Gente de delegaciones como Magdalena Contreras, Iztacalco y Tláhuac ofrecían platos con chicharrón en salsa verde, tortas de jamón o de huevo, botellas con agua y medicamentos o artículos de primera necesidad a la gente de San Gregorio, que con pancartas agradecía el apoyo. Un camión del Ejército también estaba ahí para repartir víveres.

Los brigadistas y voluntarios ayudaban a remover los escombros que se acumulaban en montículos de todos los tamaños. El ruido de las motos, la maquinaria y los gritos de “agua” dejaron de escucharse en una zona en donde un grupo de personas levantaba el puño de la mano derecha en señal de silencio.

“Parece que escucharon una voz y estamos tratando de ubicarla para rescatar a la persona”, susurró un brigadista que cargaba un pico. El silencio ensordecedor parecía haber detenido todo el caos que a unos pasos sucedía.

Una vez en la Iglesia, habitantes de la zona mostraron cómo el pavimento de su calle se había levantado, varias casas tenían bardas derrumbadas y muchas más, debido a las cuarteaduras y fracturas, habían quedado inhabitables.

Sinhué, uno de los afectados nos comentó que Protección Civil había hecho un censo pero “no sabían si iban a recibir algún tipo de apoyo”.

A unos metros de ahí, los escombros del campanario y la campana de la Iglesia de San Andrés estaban siendo levantados por personal de la Delegación Xochimilco. Los restos de una parte del muro de la plaza eran recogidos por personal de la Marina y a unos pasos, personal de Protección Civil trabajaba en la demolición de un edificio que había resultado extremadamente dañado.

El panorama, en San Gregorio así como en diferentes colonias de la Ciudad de México como la Obrera, la Condesa y la Roma o Taxqueña, parecía desolador salvo por la solidaridad de la gente, que se unió para repartir alimentos, medicamentos o ayudar a remover los recuerdos de la construcciones que una vez fueron.


mrf

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