REPORTAJE | POR SILVIA ARELLANO

Es más que jugar en “calzoncito y sostén”

Liga Iberoamericana de Bikini Football buscan expandirse

Madres solteras, profesionistas y deportistas comparten su pasión por este deporte, el cual practican en su tiempo libre, después de cuidar a sus hijos o de finalizar su jornada laboral. Requiere disciplina y preparación, porque es de contacto, detallan.

Madres solteras, abogadas, ingenieras o expertas en distintas disciplinas como fitness, karate, lucha libre, aeróbics y físicoculturismo forman parte de la Liga Iberoamericana de Bikini Football, que se integró en mayo pasado.

Las jugadoras destacan que es un deporte que exige mucha preparación y que no solo es andar en “calzoncito y sostén”.

“Entre las audiencias y juntas con clientes me doy espacio para entrenar. Organizándote se puede todo. Tengo dos hijas y están emocionadas. Vienen conmigo a los partidos y les inculco el deporte; quieren jugar tochito”, dijo a MILENIO la abogada y jugadora Gabriela Guerrero.

Soldit Pacheco asiste todos los días a entrenar a un deportivo junto al Velódromo, luego de sus labores como psicóloga e ingenieria mecánica.

“Es un deporte de mucho contacto y he salido lastimada, pero me gusta y aquí estoy. Me lastimé la rodilla, tuve una lesión de ligamentos en rodilla, tobillo y hombro”, agregó.

En este grupo de 120 jugadoras también hay madres solteras como Amira Madrigal, quien aseguró que con el americano puede sacar todo lo que trae, todo el estrés.

“Por ejemplo, cuando estoy con mi bebé es jugar, estar con ella. Cuando le dije a mi familia que quería integrarme al Bikini Football me dijeron que estaba local porque me iban a romper la nariz; de hecho sí, porque sí están rudas las chicas.”

Por partido, las jugadoras reciben entre mil 300 a 2 mil pesos.

En la cancha del deportivo Plan Sexenal, demuestran que se puede combinar el carisma y la rudeza en su sexta temporada.

“Al principio sí fue sexista en todos los aspectos, pero es una disciplina súper ruda. Todos dicen que es espectáculo y tienen razón, pero también es un deporte, y basta con ver los partidos donde hay golpes y tacleadas de verdad”, consideró Viridiana Aguilar.

A diferencia del futbol americano varonil, aquí no hay patada de salida ni goles de campo. Además, las jugadoras no tienen tanta protección como los hombres y el juego depende de la habilidad, astucia y fuerza de cada una de las jóvenes.

Su uniforme consta de short corto, un top, calcetas, tenis con tachones, coderas y rodilleras, casco de hockey con careta transparente, shoulders, guantes y protector bucal.

“Somos profesionales y sabemos jugar futbol americano a un buen nivel, y no solo mostramos nuestro cuerpo”, afirmó Mónica Jiménez.

Asimismo, Ana Luisa García, estudiante de odontología, mencionó que “cuando le avisó a su familia que practicaría este deporte le advirtieron que podía lesionarse, pero cuando supieron que el uniforme era un bikini les disgustó más la idea. Sin embargo, fueron a un partido y se dieron cuenta de que era un deporte y no solo andar en calzoncito y sostén”.

Gabriela Guerrero consideró que todavía falta difundir el deporte en general en México y que se requiere de un impulso publicitario “para que toda la gente se vaya envolviendo en la disciplina”.

Este deporte empieza a crecer y para 2014 se expandirá a escala nacional.