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Domingo , 21.10.2018 / 22:09 Hoy

“¡Jahír, Carlos, si estás bien saca una mano!”

Unos 3 mil abarrotaron las zonas aledañas, buscaron saltar muros y vallas en busca de información sobre sus parientes presos en el penal de Topo Chico, que les fue dada horas después.

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Unas tres mil personas abarrotan las zonas aledañas al penal de Topo Chico. Llegan llorando, gritando por saber información sobre sus parientes presos.

Desesperados, agarran el barandal y la malla ciclónica. Intentan entrar al centro penitenciario, ubicado al norte de Monterrey.

Por el lado suroriente, decenas, centenares de mujeres y hombres gritaban desesperados el nombre o el apodo de su familiar, con la esperanza de verlos vivos.

“¡Jahir, Carlos, si estás bien saca una mano!”, implora una señora a poco más de 30 metros de la calle.

Afuera un joven se cuelga de la cerca del centro penitenciario, espera que los reos que están en la escalera de uno de los pabellones lo reconozcan y le puedan brindar información.

A las 6 de la mañana bloquean la circulación por la avenida Aztlán. Tres horas más tarde, otro grupo logra vencer la puerta de uno de los accesos, por lo que policías deben atravesar una camioneta para evitar la irrupción.

A punto están de echar abajo un barandal, pero elementos antimotines de la Fuerza Civil se interponen.

Conforme pasan las horas la incertidumbre e histeria van bajando mientras las autoridades toman el control tanto afuera como adentro.

Ya es cerca del mediodía y aún no les dan datos. Muchos continúan gritando, ahora ya para preguntar por la directora del penal.

“¿Por qué no da la cara esa pinche vieja?”, reclaman. Era tal su desesperación que muchos se quedan roncos, ahora ya bajo la vigilancia de personal de la Fuerza Civil de Nuevo León, el Ejército, la Marina y la Agencia Estatal de Investigaciones.

Pasadas las 12 horas, un grupo de mujeres avanza por el lado derecho, muy cerca de una tienda de conveniencia. Por fin les han que es altamente probable que uno de sus familiares haya fallecido en la reyerta, por lo que ahora deben ir hasta el anfiteatro del Hospital Universitario para corroborar los datos.

Organismos no gubernamentales instalan mesas de información improvisadas en los extremos de la calle, presentan datos de forma rudimentaria.

Los colaboradores del grupo Derechos Humanos Internacionales toman hojas y copiaron los nombres de los fallecidos que dio a conocer el gobierno del estado. Comienzan a levantar un listado, en caso de que alguien llegue a dar información.

“¡Rubén, Rubén!”, se escucha desde la reja.

“El bato aquí está, está bien”, contestan desde la zona sur del centro de readaptación.

Hay mujeres que van saliendo de la visita conyugal. “Nos sacaron, pero hay gente quemada”, refiere una.

“Nosotras vimos cuando se pelearon. Hay gente descabezada, golpeada. Vimos todo y nos dijeron que no comentáramos nada”, manifiesta otra.

“¿Sabe algo de los niños y las mujeres de adentro? Mi sobrina está ahí, nada más me la quiero llevar”, pregunta una joven, sin que reciba respuesta de las mujeres

Mientras paramédicos de la Cruz Verde Monterrey y Cruz Roja Metropolitana atienden a varias personas por diversos malestares.

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