También los indígenas saben roquear...

En el parque Zamora sonaron las agresivas notas de Sector 145, Mikistli e Híbrido, grupos que, con instrumentos prehispánicos, le cantan a sus raíces y al trabajo en el campo.
Concierto por el día mundial de los pueblos originarios.
Concierto por el día mundial de los pueblos originarios. (Daniel Cruz)

Veracruz

Jóvenes del puerto de Veracruz conocieron el hip hop en lengua popoluca fusionado con son jarocho, el death metal en náhuatl y el rock progresivo y el ska en totonaco gracias a los tres grupos que rapearon en el concierto del Día Internacional de los Pueblos Indígenas.

Josué Marcial es rapero, o bien el MC (emsí) Tío Bad, del grupo Sector 145 y del colectivo Altepee; rapea en su lengua indígena materna, el popoluca, no usa sampleos ni beats electrónicos, sino que lo acompaña un quinteto con jaranas. Viste ropa holgada y sombrero.

“No vivo en la ciudad, vivo en una comunidad donde mis vecinos son campesinos y yo trabajo moliendo el nixtamal para hacer tortillas, con eso rapeo. Mis letras hablan de la labor de un campesino y cómo los acaparadores nos compran nuestros productos a muy bajo precio”, contó Tío Bad.

La banda metalera Mikistli, de la sierra de Zongolica, fue la que cerró el concierto. Hizo sonar un caracol, levantó una figura del dios de la muerte, Mictlantecuhtli, y con danzantes jaguares rindieron tributo al Mictlán o lugar de los muertos.

Esa es la verdadera inspiración para escribir canciones en náhuatl e interpretarlas en heavy, death y trash metal, como lo hacen los grupos Iron Maiden o Cannibal Corpse, pero agregan instrumentos prehispánicos: flautas de barro y madera o caparazones de tortugas.

Antes de las agresivas notas musicales de Mikistli, sus cuatro integrantes realizaron un ritual. Luego se arrancaron con la canción “Invocación”, o “Nochilistli” en nahua, lo que provocó el movimiento de cabelleras de al menos 200 jóvenes que se dieron cita en el parque Zamora, en el centro del puerto de Veracruz.

“En nuestra región nos han dicho que somos satánicos, porque cantamos y tocamos muy agresivo, pero cuando escuchan las letras de las canciones y entienden de lo que hablamos, que le cantamos a nuestros dioses, hasta nos mandan a sus hijos para que les enseñemos a tocar un instrumento”, dice Oswaldo Gálvez, vocalista de la banda, cuya guitarra salió en un canje por artículos de primera necesidad.

Los espectadores ya habían comenzado a sacar su energía con el grupo de la ciudad de Papantla, llamado Híbrido, y su rock progresivo, con letras en totonaco y español que narran las leyendas de la cultura, como la canción “Juan Atzini”, al ritmo de ska, que puso a zapatear a los jarochos.

“Juan Atzini” cuenta la leyenda de por qué en la región no se puede decir que el 24 de junio es cumpleaños de San Juan Bautista, ya que de lo contrario se suelta la tempestad y arrecia el mal para los campesinos.

El grupo que tuvo la misión de dar la bienvenida a los jarochos y lograr que se interesaran por la música fue Sector 145 y el colectivo Altepee. Tío Bad es un nombre que proviene del inglés y que dentro del género es muy usado porque “en el rap todo es delincuencia, armas y todo está mal, pues así me puse, ‘bad’”, presumió con su sombrero Marcial.

Cuenta que podría usar una gorra, pero que prefiere el sombrero, “como mis hermanos que trabajan en el campo, para dignificar nuestro trabajo”.