Es como estar muriendo lento: hermana de normalista

Marisol Luna Torres, hermana de José Luis, uno de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos, aseguró que el dolor que se vive día a día por la ausencia de su hermano es como la muerte.
Detrás de los 43 normalistas desaparecidos hay una historia. Conoce la de algunos de los jóvenes que llegaron a Guerrero para convertirse en profesores y salir de la pobreza.
Detrás de los 43 normalistas desaparecidos hay una historia. (Oscar Ávila)

Amilcingo, Morelos

José Luis, es el menor de tres hermanos, y su objetivo al buscar un espacio en la Normal rural de Ayotzinapa, era convertirse en maestro para ayudar a su madre que, pese a su edad, aún lleva sustento a su humilde hogar con la venta de cacahuates, elotes y alegrías.

José Luis Luna Torres, es uno de los 43 estudiantes desaparecidos en el estado de Guerrero, y es –al mismo tiempo- el único morelense entre ellos, con una ironía dentro de este drama: es quizás el único normalista de Ayotzinapa que tiene a la vuelta de su casa otra normal, la de Amilcingo, a la que no pudo acudir porque solo aceptan mujeres.

"Le costó mucho trabajo quedarse (en Ayotzinapa)... Primero lo intentó en Tenerías, (en el Estado de México) pero al final se quedó", recuerda su hermana Pascuala Luna Torres, quien solo tiene palabras de alago para su hermano de 20 años que es buscado en Iguala por su madre enferma y otro de sus hermanos.

"No fuma, no toma, no se desvela... era como dicen muchos, un hijo de su casa. Quizás como era el más chico de todos, solo se dedicaba a ayudar a mi mamá con la labores de la casa... Cuando se fue a la Normal, mi mamá le dijo que se fuera, que se esforzara y que ella iba ir juntando dinerito con lo que vendía para mandárselo", agregó.

La casa de la familia Luna Torres es pobre, sumamente pobre. Amilcingo, Morelos, es uno de los poblados del municipio de Temoac, que cada tres años rota su gobierno municipal que es entregado a los pueblos que lo conforman. Es un pueblo indígena, como lo es Amilcingo.

Los usos y costumbres rigen el municipio y la comunidad, por eso, pese a la determinación de la asamblea comunitaria de no recibir a nadie, mucho menos a los medios, "por seguridad y porque solo dicen lo que el gobierno quiere", la familia recibe a los reporteros en su patio, pero no permiten ir más adentro, y reiteran que su rostro no debe conocerse. Tienen miedo de que los que tienen a su hermano y a sus compañeros, intenten algo en contra de ellas por tocar el tema de la desaparición, por participar en las marchas y en las búsquedas. No aceptan fotografías.

En entrevista, la cual concede a espaldas por temor a salir en la televisión o en los periódicos, "porque nos dijeron que sería fácil que nos encontraran pues somos los únicos aquí que tenemos ese problema (la desaparición de un familiar en Ayotzinapa)", a Pascuala le basta una pregunta para hablar y hablar. Habla mucho. Habla de su madre enferma y esforzada; habla de su hermano, bueno, decente y estudioso; habla de su pueblo que –hasta el momento- es la única instancia que le ha ayudado, y habla también de la urgencia de que haya justicia y de que los estudiantes sean encontrados.

"El gobierno quiere cuerpos, quiere fosas... pero nosotros queremos saber qué pasó con los estudiantes. Ya nos hicieron todos los exámenes, ya nos hicieron pruebas de sangre y de saliva, y ahora solo esperamos que nos den los resultados", externa.

Amilcingo es la sede también de la combativa normal rural "Emiliano Zapata", que este fin de semana inició un paro indefinido de labores para exigir la aparición de sus compañeros normalistas. Consignas pintadas en las paredes de este centro escolar, la ilustran por sí misma: "Si avanzo, sígueme. Si me detengo, empújame. Si me matan, véngame. Si te traiciono, mátame" ó "Cuando una mujer avanza, no hay hombre que se detenga".

"Cuando mi mamá supo lo que estaba pasando allá (en Ayotzinapa) se fue para allá para traérselo. Era el 28 de septiembre. Cuando llegó, le dijeron que su hijo no aparecía, que no lo encontraban, y ella preguntó ¿cómo que no lo encuentran?... y entonces ella se quedó, y desde entonces no ha regresado... lo busca en cerros, en montes, en todos lados, por eso mi otro hermano se fue para estar con ella", relata Pascuala.

Marisol Luna Torres es otra de las hermanas de José Luis. Amable, y hasta cierto punto inocente, acepta ser entrevistada.

Se expresa abiertamente, contesta las preguntas ampliamente, y a pesar de la tragedia que se vive en casa, asegura que no se va a doblar. "Aquí las mujeres dan ejemplo a muchos hombres", comenta un hombre que ayudó a contactar a la familia Luna. Él trabaja en la radio comunitaria de la localidad, y también está interesado en que se difunda, no solo la identidad de José Luis, sino la versión de la familia, que de alguna manera, es también la expresión del pueblo.

"Nosotros del gobierno (estatal) y del país, no hemos recibido nada. Desmentimos lo que está diciendo Graco (Ramírez, el gobernador de Morelos) acerca de nosotros. Yo creo que es un acto cobarde de parte de él, que se está burlando de nosotros porque él anda diciendo que hemos recibido apoyo. Tal vez él se refiera a lo económico u otro tipo de apoyo, pero no es verdad, ni siquiera nos ha llamado, ¡ni un mensaje! ¡vaya!... y no es verdad que se está preocupando por nosotros...

Y remata: "Nosotros nos sentimos con apoyo de otros países, de otras personas, que de nuestro propio estado (sic) ... recibimos apoyo de España, de Miami o de estados como Nayarit", pero no del gobierno local, como recientemente lo declaró ante los medios de comunicación el mandatario estatal, quien dijo que la familia Luna tenía todo el respaldo de las autoridades, versión que contrasta con la de la Pascuala y Marisol, quienes han tenido que pedir prestado para poder acompañar a su mamá al estado de Guerrero, donde buscan a su hermano.

Ambas hermanas se unieron a su otro hermano y a su madre en la marcha que los padres de los desaparecidos y ciudadanos solidarios de Guerrero, realizaron la semana para exigir la aparición con vida de los normalistas de Ayotzinapa. Marisol no concibe qué pudo haberle sucedido a José Luis, porque lo que menos cree es que estuviera vinculado a algún movimiento social o político. "Nunca nos comentó nada".

La última vez que estuvo en su casa fue en septiembre, porque estaba recuperándose de una enfermedad en las vías respiratorias, pero solo nos platicaba de la escuela y de las pruebas que tuvo que superar para poder quedarse en Ayotzinapa. Marisol indica que José Luis dijo que estaba aburrido en su casa, y que mejor se iba a ir a la normal. "Se fue el 22 de septiembre... era un lunes", atina.

Sentaba en un banco de plástico, en el patio de tierra de su humilde vivienda, Marisol abunda sobre las jornadas de exigencia en Guerrero así como de las versiones que recibieron sobre la posibilidad de que los normalistas, entre ellos, José Luis, regresaran tras los días de protesta. Abunda sobre los exámenes de ADN que ya les practicaron las autoridades estatales y los forenses sudamericanos que llegaron a Guerrero a través de organizaciones sociales, a ayudar en la identificación de los cadáveres encontrados en las ya 21 fosas localizadas en Iguala y sus alrededores. Hasta el momento ningún resultado se tienen de las investigaciones o de los exámenes, y la zozobra crece, la tristeza las invade.

"Nos sentimos inútiles, nos sentimos defraudados por parte del gobierno, sentimos un gran vacío, sentimos nuestra autoestima muy baja. Tenemos un sentimiento horrible. Cuando hemos nos preguntan qué sentimos, les decimos que cuando vemos en la tele que una persona desaparece, pues nos preguntamos qué sentirán esas personas, pero ahora, cuando te pasa a ti, pues es un dolor que no les deseamos a nadie", puntualiza.

- ¿Cómo es ese sentimiento, lo podrías describir?

- Cuando vemos que las personas se pierden o desaparecen, pues nos compadecemos, pero ya cuando te pasa, se siente horrible. Es un sentimiento que a nadie se lo deseamos. ¿Cómo se siente? Pues para aquellas personas que –quizás- han pedido a un familiar, cuando alguien fallece, es el mismo dolor es el que estamos sintiendo ahorita, nada más que en nuestro caso, nuestro sufrimiento es a diario, día a día, minuto a minuto... es como estar muriendo lento", afirma.