No festejan triunfo del Tri en Chilpancingo

La multitud no se congregó como en otras ocasiones y la venta de banderas mexicanas, matracas, sombreros para celebrar el triunfo de la Selección Mexicana se quedaron.
Después de dos horas de esperar, una vendedora ambulante recoge el negocio que instaló y descuelga de las ramas del árbol los ganchos con camisetas de la selección Mexicana.
Después de dos horas de esperar, una vendedora ambulante recoge el negocio que instaló y descuelga de las ramas del árbol los ganchos con camisetas de la selección Mexicana. (Rogelio Agustín Esteban)

Chilpancingo

Como cada cuatro años doña Ernestina llegó al monumento a las Banderas con la esperanza de vender playeras, matracas, banderas y sombreros tricolores a quienes se presentan a festejar el triunfo de la Selección mexicana en el partido de un mundial.

La esperanza se disipó rápidamente porque la multitud no se congregó.

No hubo carros tocando el claxon, ni jóvenes brincando, ni matracas sonando al ritmo marcado por entusiastas brazos y en consecuencia, tampoco hubo ventas.

Su esposo justificó el vacío de porras y expresiones de júbilo "me acabo de enterar que uno de los que nunca faltan, de los que organizan todo este desmadre está secuestrado".

Los clones de playeras de la selección cuentan 450 pesos y las otras rondan los 220.

Ernestina da los precios de buena gana a los pocos transeúntes que pasan por ahí.

Un motociclista preguntó por las banderas tricolor, que para esa ocasión estaban solo en 120 pesos.

Dos horas después decidió recoger el negocio que improvisó en la banqueta del área verde, desmontó los ganchos con las playeras de las ramas de un árbol.

La historia no fue la misma para todos, desde las nueve de la mañana hubo cafeterías, cantinas y restaurantes que poco a poco se abarrotaron de gente que incluso no alcanzó mesa.

Cientos de personas que caminaban por las principales calles de Chilpancingo portaban la camiseta verde con vivos blancos a la altura del pecho.

Televisiones de todos los tamaños; monitores de computadora y celulares inteligentes se habilitaron como proyectores de las jugadas que se registraban en la cancha.

Mientras en el zócalo el empresario Pioquinto Damian Huato colgaba de su edificio una manta para exigir al gobierno un operativo similar al que se desplegó cuando secuestraron al diputado Olaguer Hernández Flores, la fanaticada seguía como podía el desarrollo del partido ante Camerún, que culminó con un estrecho marcador de 1-0.

En la Covacha, la cafetería que visitan los intelectuales del primer cuadro se hacían comentarios como "se están aprobando reformas importantes para el país en este momento, pero nosotros aquí estamos viendo el futbol".

En no pocas dependencias los trabajos se suspendieron, los jefes permitieron el ingreso de monitores para observar el primer cotejo del selectivo mexicano.

Gritaron con el primer gol anulado, maldijeron a los árbitros de línea cuando marcaron el segundo lugar y estallaron en júbilo con el único gol efectivo de la jornada.

Doña Ernestina confiaba en terminar sus playeras y banderas en el monumento en que tradicionalmente se aglomeran los fanáticos.

Quizá por el horario, por el hecho de que la gente no se la cree al primer partido o porque uno de los principales promotores del festejo está secuestrado, pero lo cierto es que la concurrencia no llegó y los productos no se vendieron.

El esposo de la comerciante alega un cuarto factor: "Probablemente solo porque es viernes 13, pero lo cierto es que no nos fue nada bien".