Saturados panteones de Chilpancingo

Colocan cadáveres en una loma, invaden pasillos y venden lotes que ya tienen dueño. También hay acaparadores que compran varios predios y los vende a 15 mil pesos cada uno.

Chilpancingo

Chilpancingo, ciudad en donde se registraron 14 asesinatos en la tercera semana del mes de mayo tiene sus panteones saturados desde hace dos años; en los hechos ya no hay espacios regulares para ubicar los cadáveres de sus habitantes, que mueren aceleradamente desde que se intensificó la pugna entre grupos del crimen organizado.

La capital de Guerrero cuenta con dos predios habilitados como cementerios; el primero ubicado en el centro de la ciudad, que funciona desde la década de los 50´s y el segundo puesto en operación en la salida norte de la ciudad, el cual recibió su primer muerto en 1997.

El panteón central o viejo -como se le denomina por usos y costumbres- no recibe nuevos ocupantes desde 1996, ahí solamente ingresan familiares de los primeros moradores y personalidades políticas de alto rango, entre ellos algunos ex gobernadores que descansan en la rotonda de los hombres ilustres.

Conocido como panteón norte, ubicado a un costado de la aeropista y la presa del Cerrito Rico, el predio se saturó desde 2012, cuando ya los índices de mortalidad en la región se disparaban.

Solo del 23 al 28 de mayo en la ciudad se registraron 14 ejecuciones; cinco el viernes 23, seis el lunes 26 y tres la madrugada del miércoles 28.

La mayoría de los cuerpos permanecen en las instalaciones del Servicio Médico Forense (Semefo), a la espera de que se les identifique y defina el lugar en donde serán sepultados.

No hay espacios

"Ya no hay espacios y eso lo sabe el alcalde desde hace dos años", son las palabras con las que el director del panteón norte, Víctor Cuenca Roldán recibe a quienes acuden para solicitar un terreno para sus muertos.

En una oficina descuidada, con un pequeño sofá cubierto con una sábana que sustituye al tapiz original, el funcionario admite que no tiene archivo digital ni un croquis impreso en papel, herramientas que facilitarían la ubicación de los predios.

El orden lo llevan básicamente un par de empleados, que a memoria establecen cuales son las zonas que pueden habilitarse para albergar nuevas tumbas.

Ellos coordinan a los trabajadores que se encargan de la excavación de fosas y la habilitación de las tumbas, pequeñas obras por las que cobran 4 mil 500 pesos por lote rústico.

El ambiente dentro de la administración del cementerio es húmedo y sombrío, la única computadora está cubierta con un paño y montada sobre un escritorio color cobre, Cuenca Roldán no la utiliza y se excusa bajo el argumento de que la secretaria no se presentó el día en que se le consultó.

En hojas amarillentas separadas por clips metálicos, el administrador del panteón ubica las formas que los deudos llenan para afianzar la compra de un lote.

Varios cuadernos profesionales son utilizados como libros de registro.

Lo único brillante y nuevo en el lugar, es la fotografía del alcalde Mario Moreno Arcos, colocado sobre la pared a espaldas del servidor público.

"Lo único que tenemos se habilitó hace unos meses; es un bordo y no está plano, ya usted nos dirá si le gusta o no", dice a los dolientes.

En el bordo se aprecia una hilera de por lo menos 20 fosas cavadas a la mitad, la mayoría están ocupadas y en algunas se observa como solamente la mitad de las cajas alcanza tierra firme, el resto se mira suspendido en el aire, apenas cubierto por una pequeña construcción de concreto.

De la hilera habilitada sobre la pequeña loma solamente hay tres o cuatro espacios libres. Un empleado llamado Fernando repite constantemente las mismas palabras cuando se le cuestiona sobre la situación de los espacios más planos: "ya está vendido".

Si usted no quiere colocar el féretro del ser querido en una loma y observar que la mitad queda suspendida en el aire tiene otra opción, que la fosa se cave en uno de los pocos andadores que sobreviven a la saturación.

"No hay de otra, hace dos años que el municipio promete conseguir un nuevo terreno, sin embargo no cumplen y pues aquí seguimos; sobresaturados".

Hace tres años que la expansión del cementerio devoró una cancha de futbol llanero que los jóvenes de las colonias aledañas utilizaban para ejercitarse, aunque hubo un conflicto la necesidad de albergar a los muertos se impuso.

Ya no queda una sola señal de que en la parte alta del predio existió un espacio deportivo.

No ha reventado el conflicto

Existen extensiones de tierra cercada y sin tumbas, quienes sufren la pérdida de un ser querido las miran con interés y preguntan por su situación, la respuesta que se topan va en el sentido de que son lotes ya comprados y debidamente escriturados, siempre aparece la figura del empresario y el político como acaparadores.

En un rincón se aprecia una porción de tierra plana, los excavadores señalan que una persona, a la que solo conocen de vista compró varios predios y los vende a 15 mil pesos cada uno.

Hay ciudadanos que hace algunos años adquirieron solo un lote, no con el interés de acaparar, sino de contar con un espacio en el panteón y no generar con su deceso un problema para sus familias.

Muchos de esos lotes solitarios, de acuerdo a uno de los empleados encargados de habilitar las fosas ya están ocupados, aunque los verdaderos propietarios no lo saben.

La mayoría de las veces, los responsables de la administración los vendieron de manera emergente.

"En el papel sí hay algunos pocos lotes libres, pero en realidad ya tienen un muerto y cuando los legítimos compradores pretendan ocuparlos se van a encontrar con un problema muy serio", anticipa uno de los excavadores.

El único funcionario que metió un poco de orden en el área de panteones fue Marco César París Peralta Hidalgo, como responsable del Registro Civil municipal, él elaboraba libros de registro y se preocupaba por tener un archivo con todos los parámetros.

La forma en que lo despidieron generó tal molestia, que de acuerdo al trabajador, Peralta Hidalgo se llevó la poca documentación que había estructurado.

Desde entonces, al problema de la saturación se sumó el de la anarquía en el panteón de la capital de Guerrero.