“No podíamos respirar”

Testigos que acudieron al baile en Ecatepec, consideran que hubo una mala organización y que faltó presencia de autoridades en el concierto de la 30/30 en Ecatepec.
Lesionados tras la estampida humana en Ecatepec.
Lesionados tras la estampida humana en Ecatepec. (Lauro Galicia)

México

Erika suda, apenas puede respirar.  Trata de cantar una canción de La Arrolladora Banda Limón, pero su voz apenas sale,  pues el aire es cada vez más denso.

Abner y sus primos están casi pegados a la pared, ya ni siquiera cantan, ponen resistencia pues un centenar de personas avanza empujando hacia atrás.  Se escuchan chillidos, él y sus familiares se voltean a ver y prefieren también salir.

Ambos forman parte de los 30 mil asistentes al concierto grupero de la 30/30 en el municipio de Ecatepec, donde Lupillo Rivera, Voz de Mando y La Arrolladora Banda Limón han amenizado la noche que terminará con tres jóvenes muertas y 20 heridos.

Son las 4:30 de la mañana, un codo se encaja en el estómago de Erika, ella le hace señas a su hermana para irse. El concierto aún no termina. Ella trata de salir y comienza a seguir a otras personas que se dirigen hacia la única salida del lugar, donde serán rescatadas por un grupo de muchachos.

Abner y sus primos caminan con dificultad, buscan otra salida con la mirada. Sus pies son pisoteados y hay momentos en que pierde el piso entre los empujones. El concierto termina entre aplausos y gritos, que hasta ese momento no se sabe si son de júbilo o de desesperación.

“No podíamos respirar, había un montón de gente, no cabíamos. No se podía uno mover, hasta los cantantes pedían a la gente que no se aventara. Ni siquiera hubo peleas, ni altercados, como se está manejando, solamente que la gente se desesperó por salir por el exceso de cupo, y sólo había una puerta, te aplastaban y te empujaban bien feo” relata Abner.

Erika lleva 40 minutos en medio de un mar de gente, el concierto ha terminado. Sólo se escuchan jadeos y chillidos. Un empujón masivo las lanza a ella y a su hermana hacia adelante, ella mira caer a una chica que se pierde entre los pies de la multitud, empieza el pánico. 

Son las 5:15 horas. Abner y sus primos han salido. Afuera solo hay una patrulla y una ambulancia. Algunos muchachos se brincan la barda del lugar, y comienzan a sacar gente. En la salida se ha hecho un cuello de botella, la gente aplastada llora.

“Había mujeres y niños, los chavos los empezaron a sacar porque no había autoridades que ayudaran, no había nadie”, recuerda Abner.

Erika llega a la salida, pero la multitud ha generado un tapón humano. Una mano la tira del brazo y sale despedida de la ola de cuerpos que se agitan desesperados por salir. Ella respira y agradece a su salvador, mientras busca a su hermana con la mirada, quien sale minutos después de ella con la cara roja y empapada de sudor.

“No sabemos quién lo organizó, pero estuvo mal que metieran a tanta gente, porque ese lugar es como para 5 mil gentes, y según dijeron hubo 20 mil asistentes”, dice Abner, quien sobrevivió al evento para respirar una vez más.

Erika abraza a su hermana, arrepentida de haber ido a su primer concierto de banda en Ecatepec.

Abner arruga su boleto de 200 pesos que compró en el Centro Cívico del Ayuntamiento de Ecatepec. Una de las bardas se cae, no se sabe cómo, la gente sale por allí dando traspiés. Comienzan a llegar más policías y ambulancias, son las 5:30 de la mañana.