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Miércoles , 18.07.2018 / 11:44 Hoy

“Escribo desde mi, no soy un poeta de escritorio”

El escritor Rodrigo Guajardo presenta "Estándar. Un libro infame y canciones austeras que escribió Rodrigo Guajardo", con poemas que parten de lo personal hacia diversos ángulos, desde el amor, la vida o la música

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Israel Morales

Rodrigo Guajardo crea su playlist poético en Estándar. Un libro infame y canciones austeras que escribió Rodrigo Guajardo, con poemas que parten de lo personal hacia diversos ángulos, desde el amor, la vida, el viajero que se enfrenta a la hoja en blanco o la música que se cuela desde diversos niveles, la que se escucha y la que se busca en el poema y que incluso lo transforma: “sí: sé que escribo sin ritmo y sin imágenes —sí/ sé que he cantado mal/ siempre he estado contra la vida/ —porque la vida está mal/ y en los últimos días/ he cruzado la meta y ahora estoy contra mí (...) solo quiero escribir algo /algo/ que se escriba y lea/ como quien busca entre las estaciones de radio/ una canción”. El autor regiomontano de 34 años platica de este libro que recién publico la editorial independiente An.alfa.beta.

¿Cómo es que empezaste a conformar este libro?

La mayoría de los poemas fueron escritos hace 10 años entre 2006 y 2007. Cuando escribí estos poemas me costaba mucho aceptarlos como tal porque yo tenía una idea muy cuadrada de lo que debería ser la poesía. Pero esto cambió a partir de mi anterior libro 33 sirenas, pues noté que el lenguaje es más aéreo, que te permite más, y cuando escribí este libro por necesidad, me di cuenta que era como muy manual y terrestre, para que quedara como en algo estándar, como los carros: terrestre y manual, esto con respecto a lo que debía ser la poesía.

Estos poemas estuvieron encajonados mucho tiempo, y no los veía mucho hasta hace cuatro años. Después empecé a poner en orden, y noté que formaban una unidad, tenían un tono y pertenecían a algo entre sí, y los reconocí como tales.

¿Por qué tu nombre en el título?

Hay poemas como endose: estos no son los poemas que escribió Rodrigo Guajardo.

Había esta negación de que yo no escribo así, de no sé por qué lo estoy haciendo, había una conciencia del tono diferente, había un distanciamiento de mí, y quise mantenerlo en el título usando este desapego y este extrañamiento para conmigo mismo.

Está en el libro la identidad, como si fueras un personaje de ti mismo.

¿Se puede hablar también de un tono autobiográfico?

Sí hay cosas autobiográficas, muchas, pero trato de no dejarlas en solo ese plano, sino que trasciendan. Yo escribo desde mí, no soy un poeta de escritorio. Yo cierro los libros y años después es hasta cuando descubro que es un aliento; tienen que ver como mi experiencia vital, y claro que sí tienen mucho que ver conmigo. Por ejemplo hace poco estaba viendo unas cartas que escribí hace tiempo, y como yo tenía un crisis de escritura, creía que eran cartas de amor, y realmente estaba haciendo literatura, y en ese sentido hay muchos poemas que parecen estar jugando con lo autobiográfico, con la historia pasional, para mí van más allá, es literatura que viene de más de una lectura. Tienen otros ángulos, porque hay un distanciamiento de no estar en el evento, me gusta ver la vida de lejos; ver la vida como un editor de sí mismo.

Ante la distancia de los poemas, ¿cómo trabajaste en el lenguaje?

La cuestión del lenguaje cuando surgieron los poemas me causaba problemas. Cuando volví a los poemas dije: “Voy retocarlos y ver qué musicalidad tienen”, y me di cuenta que la onda era mantenerlos con esa austeridad, por eso una parte de ese libro son las “Canciones austeras”, y después de aceptado el libro por la editorial, los cambios eran de una palabra, dos. Trataba de no intervenir tanto en el lenguaje que tenía en ese entonces, hay una versión mínima y la mayoría de los poemas están igual. Incluidos los poemas que no había considerado, y ahora como muy extrañamente son los que más me gustan, entraron después que ya había estado dictaminada la obra; estos poemas aún los escribí en libreta, de ahí los tomé para el poemario.

¿Y cómo las canciones referidas cumplen una función en los poemas?

Hay muchas de estas canciones de rock y algo como de jazz, algunas menciones claras. Cuando hablaba con los editores les insistía en que pusieran las notas y los años en que fueron escritos los poemas. Porque hay canciones que uno escucha en su juventud con mucha intensidad y apasionamiento, como “Amor amarillo” de Cerati. Es importante porque captan los sentimientos jóvenes, no son sentimientos maduros, incluso hay un poema que se llama “Juventud”. En el poemario está esta lírica de grupos de rock que yo escuchaba mucho. Yo valoré esos poemas hasta que empecé a escuchar a Pixies y Babasonicos, porque veía dos cosas, una como muy violenta y otra que se inclinaba hacia la balada. Muchos títulos tienen que ver en cómo tratan sus canciones.

Hay un poema que se llama “Fiebre” que y si lo ves con cierta malicia es como una calentura. Son esos temas irónicos que aprendí de los grupos de rock, o el poema “Cuatro”, para decir que hay algo raro, en el sentido de que es una trampa, estoy poniendo un cuatro. La ironía está en la primera parte con “Un libro infame”, que es peleonera, afrentosa, irónica. Todo esto tiene que ver con que me gusta la intensidad, y los poemas deben contener cierta emoción.

¿Es importante con el título que además de leer el libro te escuchen leer tus poemas?

Por ejemplo muchos me preguntan por qué mi libro anterior se llama 33 sirenas, porque son 33 poemas, que había pensado en el formato de disco, más que en un libro. Para mí sí es muy importante cómo los lee el autor. Estándar es un libro independiente, pero también tiene una lectura si se lee antes o después de 33 sirenas, porque hay un guiño al anterior, de correspondencia. Intento ir formando una obra que sea una sintaxis mayor. Hay elementos que pasan de un libro a otro, que se transforman, adquieren otro cariz en reversa al leerse como unidad.

A detalle

El autor regiomontano reveló que la mayoría del contenido fue escrito entre 2006 y 2007, pero se encontraba encajonado.

Guajardo platicó que hay poemas como endose. Esto porque “había esta negación de que yo no escribo así, de no sé por qué lo estoy haciendo”.

El poemario, indicó el escritor, tiene algunas referencias a éxitos del género rock, como también algunos del jazz.

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