De la lujosa oficina de Abarca solo escombros quedaron

En calles del municipio de Iguala, Guerrero, la vida cotidiana parece recuperarse; de los Abarca solo quedan algunas obras con sus nombres.
La sede del DIF municipal en Iguala.
La sede del DIF municipal en Iguala. (Jorge Carballo)

Iguala, Guerrero

El promocional del segundo informe de gobierno de José Luis Abarca habla por sí mismo. El ex alcalde hoy detenido y su esposa, María de los Ángeles Pineda, flanquean a Ángel Aguirre Rivero, que trae colgado un collar de flores y sonríe mientras colocan la primera piedra de una obra pública. "El valor de la imagen" se lee en la primera plana del periódico local del 26 de septiembre, día que marcó por siempre al municipio de Iguala.

Esa edición está tirada entre los escombros y documentos oficiales que nadie rescató después de que encapuchados que marcharon con la Ceteg el 22 de octubre hicieron arder el edificio municipal. En la oficina contigua, la de María de los Ángeles Pineda de Abarca, quedaron los libros editados con motivo de su segundo informe al frente del DIF municipal.

El libro conmemorativo de su segundo informe de actividades, acto que se realizó esa noche trágica en Iguala, está repleto de fotografías. Pineda de Abarca sola, con niños, adultos mayores, mujeres y personajes políticos como la esposa de Aguirre Rivero, Laura del Rocío Herrera. En ninguna de las imágenes aparece con el mismo vestido.

En una bodega contigua a su oficina hay también, entre los escombros, despensas del DIF estatal. Credenciales de apoyos y varias decenas de frascos de aerosol desinfectante de manos que utilizaba la mujer después de saludar a mucha gente en sus actos.

En el piso del despacho del alcalde quedó un estudio de opinión de su gestión en junio pasado, en el que la peor calificación se la llevó el rubro de seguridad con 5, mientras que 51.3 por ciento de los igualtecos opinaba que el municipio marchaba peor, en comparación con meses atrás.

De la lujosa oficina nada quedó. Solo escombros, cenizas y uno que otro papel. En las paredes no hay espejos de 40 mil pesos, ni el escritorio en el que se sentaba el polémico alcalde. En sus propiedades no se percibe movimiento y tampoco vigilancia policiaca. La casa en la calle de Roble, con cámaras de videovigilancia, paredes altas, antena parabólica y dos palmeras en el jardín, luce abandonada.

El vendedor del periódico más amarillista recorre el municipio anunciando la detención de José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda. Por fin cayeron, decía desde el megáfono el vendedor del Alarma de Iguala.

¡Ya cayeron los responsables del levantón de los normalistas, ya cayeron! Pasa entre los carros vendiendo a 5 pesos la edición de ayer. Algunos pagan por enterarse de la noticia difundida apenas unas horas antes.

Frente al Servicio Médico Forense de Iguala, una veintena de campesinos bloquea con sus tractores el acceso a Iguala desde la autopista.

Filas y filas de vehículos que se quedaron varados tuvieron que esperar más de diez horas a que los manifestantes se quitaran. No lo iban a hacer hasta que el gobernador llegara a dialogar con ellos para tomar medidas sobre el bajo precio de