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Sábado , 26.05.2018 / 22:51 Hoy

En Juchitán "ya no hay nada, sólo tristeza y mucho miedo"

A diferencia de lo que sucede en Ciudad de México, en Juchitán, Oaxaca, "la gente no se pelea por ayudar; no es que no quieran, sino porque faltan manos", dicen habitantes.

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Abraham Reza

En Oaxaca las casas que habían quedado de pie, tras el sismo del 7 de septiembre terminaron por derrumbarse, luego de nuevo sismo que azotó la región del Istmo de Tehuantepec la mañana del sábado. El saldo en esta ocasión fue de tres personas muertas y al menos cinco edificios colapsados en Juchitán de Zaragoza.

Ángel Santiago López, músico de 52 años fue uno de los que murió. A él no le cayó una barda o un techo, fue víctima por la falta de hospitales y medicamentos en la zona. Era diabético y un infarto lo mató, no fue atendido a tiempo.

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Su cuerpo fue velado en casa de su hermano la noche del pasado sábado. La mañana de ayer fue llevado a lo que queda del panteón municipal.

Rodeado de lápidas resquebrajadas y árboles caídos la familia despidió el cuerpo de a quien llamaron El músico del pueblo.


“Las cuerdas de su guitarra y las teclas de su piano se callaron”, dijo su tío Jesús Jiménez, mientras llevaba las manos a su rostro para que no lo viéramos llorar.

“Ayer pasó supuestamente al hospital y de ahí lo mandaron a Salina Cruz, pero en el trayecto falleció, aquí ya no hay hospitales, aquí ya no hay nada, solo tristeza, falta de alimentos y miedo, mucho miedo”, expresa el hombre.

La capilla del panteón donde suelen realizar las despedidas de sus difuntos perdió las columnas y el piso está lleno de yeso.

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“La Zandunga” y “La Llorona” son los temas que acompañan el entierro, el llanto y los gritos son más fuertes que la música. Para todos los que ahí se encuentra esto es El final del los tiempos, o al menos eso dice don Jesús.

El Hospital General de Juchitán está hecho pedazos, ahí fue donde lo canalizaron de Salina Cruz. La gente herida es atendida en albergues improvisados, donde las banquetas y los patios de los deportivos se convirtieron en consultorios.

Paula, una joven enfermera del municipio de Juchitán, platica que todos los hospitales y los centros de salud están devastados. Dice que hay muchas personas con diferentes padecimientos que son atendidos en el patio de la Universidad Tecnológica, pero que tampoco ofrecen los servicios que realmente se necesitan.


El medicamento escasea y para ser atendidos hay que hacer una fila y formarse desde las 4 de la madrugada. Víctor es uno de los heridos, durante el sismo del 7 de septiembre resbaló y una piedra le cayó sobre el pie, está fracturado, no puede caminar y anda en silla de ruedas. Desde hace 15 días nadie le ha ofrecido atención médica y su pie pasó del morado a casi negro.

“Una enfermera me dijo que necesito ver a un especialista para saber si no tengo el hueso más dañado, pero aquí de dónde saco al especialista”, lamenta.

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Aquí, en Juchitán, a diferencia de la Ciudad de México, la gente no se pelea por ayudar, pero no es porque no quieran, si no porque faltan manos.

La ayuda se fue con la atención de los medios, justo hace seis días. “Con lo que pasó en Ciudad de México”, dice Víctor, “esto ya valió, porque ya no llegará la ayuda para esta parte del país”.

Han pasado ya más de 15 días desde que las casas se cayeron y la falta de organización tiene al municipio diezmado. Los víveres son insuficientes y para obtener un paquete de papel de baño hay prácticamente que luchar, pues no saben si este pueda ser el último camión que llegue.


La gente continúa durmiendo en la calle por miedo a que durante una réplica su casa se convierta en su tumba. Cuando la noche llega el temor aumenta, no solo por las réplicas, sino también por los saqueadores.

La gente asegura que ante la falta de víveres la rapiña ha comenzado y que las calles no so seguras, porque hay gente desesperada que quiere robarles los pocos alimentos.

Juan Carlos Santiago pide que no se vayan los militares. Tiene miedo que al irse los robos aumenten. “Con ellos nos sentimos más seguros, siempre pasan y cuidan las calles”.

Pero eso no es todo, la temporada de lluvias comenzó en el Istmo y ahora la gente que duerme en las calles pasa la mitad de la noche bajo el agua. “Un pedazo de lona” es lo que pide doña Irma, “un pedazo de lona con el que su familia y sus vecinos puedan protegerse del agua”.

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