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Sábado , 23.06.2018 / 00:31 Hoy

El vigilante del Bosque de Tlalpan

Luis Peña ha encontrado parejas en ritos sexuales, corredores perdidos y una prótesis de pierna olvidada.

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Hugo Roca Joglar

Luis Peñaloza recorre el Bosque de Tlalpan después del cierre, de domingo a viernes, en un carrito equipado con linterna gigante en busca de vagabundos, amantes furtivos, despistados o suicidas. Ha encontrado hombres en harapos que improvisan camas entre las plantas, parejas celebrando ritos sexuales bajo el cobijo de los árboles y corredores perdidos en las tierras más sinuosas y elevadas… pero nunca un cadáver humano.

Luis tiene un hijo de siete años: Pablo, a quien le enseña las fotografías que toma de noche en el Bosque de Tlalpan y donde la niebla se enreda bajo la luna entre las ramas, como si los árboles tejieran fantasmas.

A Silvia, su esposa, le cuenta sobre las cosas que encuentra. Las divide en tres categorías: Las que la gente tira con descaro (bolsas de hielo, servilletas, latas de cervezas…); las que la gente lamentablemente olvida (llaves, licencias para conducir, teléfonos…), y las que parecería imposibles que la gente pierda (como la prótesis de una pierna…).

Abandonada en el suelo, cerca de los quioscos en el centro del Bosque, Luis descubrió “a finales de agosto” el principio de una carta.

“Querido Eugenio, no puedo seguir viviendo contigo…”.

Papel de charol azul claro; letra manuscrita firme y ganchuda color rojo. Sin fecha y sin firma. Luis guardó la carta. Le gusta sentirse parte indirecta de una historia trágica.

¿Esa mujer tiró la carta para nunca más escribirla y continúa triste entre mentiras o la terminó en otro papel y ahora vive lejos de Eugenio en un lugar nuevo?...

Continuamente, casi sin darse cuenta, Luis se descubre a sí mismo fantaseando sobre posibles respuestas en torno al misterio de una carta incompleta.

Aunque Luis no es un hombre de libros, Ignacio, su mejor amigo, le recomendó leer la historia del trágico romance entre un guardabosques y una mujer rica que se aburre de estar casada con un escritor paralítico.

La mujer adora el cuerpo del guardabosques, pero desprecia su intelecto… y ese desprecio provoca que un rencor frío anide en el corazón del guardabosques y nazca la promesa de una terrible venganza.

Luis está intrigado. Leer el El amante de Lady Chatterley de DH Lawrencees su propósito de Año Nuevo.

Entre la maleza, al poniente del Bosque de Tlalpan, un hombre se disparó el 29 de octubre en la cabeza con un revólver; el cadáver fue descubierto a las seis de la tarde, media hora antes de que Luis comenzara su ronda, al lado de una Biblia abierta.

“¿Dios mío, y si yo me lo hubiera topado?”, desde entonces, durante cada ronda, en todo momento, la idea de encontrar un muerto late dentro de Luis con un terror extraño, casi fascinante, en donde curiosidad, misterio y rechazo retozan entre iguales, al fondo de sus pensamientos.

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