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Domingo , 24.06.2018 / 02:50 Hoy

El paso de Gabo por Monterrey

El escritor acudía a la entrega anual de premios de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano; además, en Marco se dio tiempo para bailar vallenato tocado por Celso Piña.


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Gustavo Mendoza Lemus

Las calles de Monterrey vieron transitar por años a Gabriel García Márquez, quien durante ocho años no falló a su cita de cada septiembre.

Desde 2002 el Gabo tenía pactada una visita segura a Monterrey: cada primero de septiembre se le podía ver caminando por la calle Morelos, invitado por Cemex para la entrega anual de premios de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

De aquellas andanzas nació la relación con “El rebelde del acordeón”, Celso Piña, quien puso a bailar vallenato a García Márquez en el patio central del Museo de Arte Contemporáneo (Marco) en más de una ocasión.

En sus viajes a la ciudad siempre acudía del brazo de su esposa Mercedes Barcha, con quien bailó en aquel concierto improvisado que Celso Piña ofreció en Marco en 2004.

De aquellas veladas también sobrevive en el recuerdo de los regiomontanos, la disponibilidad del autor de Cien años de soledad y Crónica de una muerte anunciada para firmar libros.

La fila podía extenderse hasta por una hora, pero el autor casi nunca se negó en atenderlos. Fue en sus últimas visitas a la ciudad (2007-2008) cuando sólo unos cuantos podían llegar a la firma del Premio Nobel de Literatura en 1982.

El desaparecido restaurante Louisiana y el bar 1900 del Hotel Ancira fueron testigos del gusto gastronómico del Gabo, incluso en el bar también “sacó brillo” a la duela de madera tras un concierto de vallenato que le ofrecieron en su honor.

No todo fue baile, también asistió durante algunos años a reuniones con estudiantes del Tecnológico de Monterrey donde llegaba a firmar más de 100 libros.

Antes de la creación del premio CEMEX-FNPI, el Gabo había visitado Monterrey en 1990 y en 1998 a impartir un taller de periodismo en Marco. En su primera vista, Márquez llegó a la ciudad acompañado del presidente Carlos Salinas de Gortari.

Aunque la relación de Monterrey con Gabriel García Márquez no fue larga, sí podría decirse que fue entrañable, pues el creador de Macondo bien que bailó y se divirtió por las madrugadas al son de la música vallenata.

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