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Martes , 16.10.2018 / 10:09 Hoy

El delicioso y arduo labor del elote tatemado

Para quienes salen del Parque Nacional Raymundo, así como quienes regresan de la Presa Francisco Zarco, la mejor opción para calmar el hambre es llegar por una mazorca calentada sobre mezquite. 

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“Pásele a los elotes”, grita don Rubén Martínez mientras toma las mazorcas y las coloca sobre las brasas, en un hueco del tronco del mezquite para iniciar con el proceso de cocción, no tan simple como parece.

Los elotes tatemados que se venden a las afueras del Parque Nacional Raymundo y que empezó la familia García González hace 50 años, son parte de la tradición y gastronomía lagunera y el mejor final para los días de campo.

La venta de los elotes tatemados los inició el matrimonio de Raymundo García y Clara González a quien de cariño le dicen “Doña Yola” en 1948 en las antiguas instalaciones del Parque Raymundo, hasta ubicarse al exterior en donde se encuentra actualmente el centro recreativo.

[OBJECT]Doña Yola, quien también se dice ser la abuelita del Parque Raymundo, mencionó que el secreto del sabor es precisamente saber la técnica del tatemado y sin olvidar que la leña debe ser de mezquite.

Durante los días de vacaciones, la familia González empieza con la preparación entre las 10:00 y 11:00 de la mañana, pues es cuando más se incrementan las ventas.

El elote tatemado tarda entre 15 a 20 minutos, menos que el hervido que dura dos horas y que también ofrece en su puesto.

Para que tenga ese sabor característico de leña, el proceso inicia con la colocación del elote crudo con todo y las hojas en las brasa, una vez que está cocido, se retira de las brasas para pelarlo y posteriormente colocarlo nuevamente en la leña, o dependiendo del término del cliente.

El sabor rústico característico de este término de cocción, atrae a todos los laguneros quienes antes, durante y principalmente después de concluir con su día de campo desean disfrutar de un elote tatemado.

El negocio de la venta de elotes principalmente lo atiende junto con su esposo, sus cuatro hijos, su yerno y tres de sus nietos, a quienes dice, les dejará su lugar al día que falten ella o su esposo, pues para ellos han trabajado durante cincuenta años.

Su esposo, que por coincidencias de la vida también también se llama Raymundo, fue quien inició con la venta de los elotes tatemados, como la alternativa más viable de sacar adelante a su familia.

Fue él quien le ha enseñado a sus hijos este proceso de cocción que hasta la fecha, sigue colocándose en el gusto de las personas.

rcm

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